Aventuras con varias nacionalidades

Casi tres meses han pasado desde que vine a vivir a Londres y siento que el tiempo se ha pasado volando. Cuando visito una ciudad tiendo a hacer un recuento de mi experiencia, dando paso a posibles teorías basadas en mi experiencia, me gusta comparar mis expectativas con mis experiencias reales.

Debo admitir que mis primeras semanas aquí me sentí muy solo, pero ya me he acostumbrado. Cuando llegué cada vez que conocía a alguien me sentía como un “secuestrado recién liberado”. Para los que no entienden la analogía, imaginen todo lo que debe tener un secuestrado recién liberado para contar cuando lo liberan.

Leicester, la ciudad en la que viví hace años era muy pequeña, para mí era como un pueblo grande, por eso siempre disfrutaba los fines de semana que venía de visita a Londres. Leicester está ubicada a dos horas, y no hay mucho que hacer allí. A pesar de lo aburrida que me parecía Leicester disfruté mucho vivir en ella, sobre todo porque hice muy buenos amigos y salí de rumba como nunca.

Creo que ya me acostumbré a los días oscuros y fríos de Londres donde llueve todo el día, amanece a las 8am y el sol se esconde a las 4 de la tarde. La población en promedio es mayor que en Colombia o cualquier otra ciudad que he visitado, solo basta con montarse en el metro. Eso se traduce automáticamente en la proporción de hombres maduros acechando y dispuestos a comérselo a uno. Así como las Vegas es mi ciudad favorita para putear, Londres es la ciudad perfecta para los que buscan un “sugar daddy”. Grindr está lleno de ellos.

Lo anterior tiene sus ventajas, pues no es que todos los maduros sean viejos verdes y feos. Hay unos cuantos que aguantan mucho, y he tenido la oportunidad de conocer a varios que me han invitado a salir sin la condición de terminar en sus camas. Otro fenómeno de esta ciudad que aquí el “prep” es gratis para toda la población, incluso para los extranjeros. Solo basta con ir a una clínica de salud sexual para solicitarlo. Sin embargo, no he podido comprobar hasta qué punto esta política influye en la cantidad de sexo a pelo. Mi impresión es que los ingleses tienden a protegerse mas que los gringos con el uso del condón, un punto a favor de los ingleses.

La gran variedad de idiomas que uno escucha, razas y grupos étnicos que uno ve a veces en la calle y en el metro me hacen olvidar donde estoy. Aquí me siento como en la capital del mundo; ni siquiera en Nueva York experimenté ese sentimiento. Nunca había estado con hombres de tantas nacionalidades distintas: Australia, India, Sudáfrica,  Libia, Kazajistán, por nombrar algunos. Londres es particularmente una ciudad de Reino Unido donde la minoría son británicos y nacidos aquí mismo. “Were are you from originally?” es una pregunta tan común como preguntar el nombre o la hora, nadie parece ser de aquí.

La gente usualmente me pregunta si soy de Italia o Argentina, lo mismo me decían cuando viví en Leicester, y francamente ya no sé qué pensar al respecto.  En Leicester sufrí una crisis de identidad increíble porque cuando tenía que escoger mi grupo étnico al llenar cualquier formulario la opción “latino o hispanic” no existía, y tener que seleccionar la opción “Other” entre tantas opciones me indignaba. Esa experiencia acompañada de los juicios inmediatos de la gente sobre una nacionalidad que no correspondía a la mía me hizo llevar a cabo una extensa investigación en foros y en internet sobre el tema, aunque eso es algo que ya no me agobia.

Vivir en el centro de Londres tiene grandes ventajas. Me han dicho que es un privilegio vivir en la zona donde vivo y afortunadamente ya no me afectan los comentarios de mis compañeros británicos sobre ser un hijo de un narco o familiar de Pablo Escobar quienes no piensan que me pueden ofender. Estoy a dos cuadras de una estación de metro, a minutos caminando de Oxford Street: la calle mas famosa de Londres, y no me toma mucho tiempo llegar caminando al palacio de Buckingham. Tengo todo tipo de tiendas, supermercados y restaurantes a mi alrededor. Estar ubicado en una zona tan turística también me ha permitido conocer una buena cantidad de turistas extranjeros, hombres de negocios y “regulars” de todo tipo.

El polaco

Un peruano me confesó hace dos semanas que le gusto y cuando me habló de tener algo serio tuve que evadir el tema porque no quiero comprometerme con alguien, aunque es muy bueno en la cama. Un bisexual con cara de modelo que vive a pocas cuadras me escribe en las noches para culiarme cuando su mama está dormida, y aunque me gusta mucho he dejado de verlo porque su apartamento es literal como los que uno ve en “Acaparadores” de Discovery Channel.

Un británico con un fetiche particular ¡me hizo usar ropa íntima de mujer en la cama! me escribe cada vez que está arrecho, pero no me interesa ser su fuckbuddy. Hay un francés que me hace reír mucho con quien fui activo y disfruté metiéndoselo, es raro porque es alguien a quien considero un amigo y no me atrae mucho físicamente.

Con un asiatico

Un árabe con cuerpo de oso me ha escrito para volver a culiarme, lo que más me da morbo es su vergota y la cantidad de leche que deja en el condón cuando se viene. Particularmente el mejor gemido orgásmico que he escuchado provino de un auxiliar de vuelo canadiense que trabaja en AirCanada y siempre hospeda en el mismo hotel a pocas cuadras.

Hay un vecino guapo, maduro y con un cuerpo de gym que le gusta usar la expresión “Can I make love to you?” antes de metérmelo y correrse adentro, eso me vuelve loco. Pero me gusta aun más cuando me ofrece té o vino después de “hacer el amor” o “jugar al papa y a la mama”, así es como el describe nuestros encuentros.

Hay un polaco fisioterapeuta que es muy pasional en la cama, el sexo con el es simplemente espectacular, besa muy rico y podemos durar horas teniendo sexo, además es muy lindo conmigo y me ha invitado a comer varias veces, pero no he logrado comunicarme como quisiera con él porque su inglés no es muy bueno.

Con Elliot

Entre los hombres que he conocido aquí conocí a Elliot, un empresario australiano que vive en Londres desde hace varios años. No recuerdo haber tenido un sexo tan rico e intenso desde que estuve con John. Elliot le quitó el puesto al segundo mejor polvo de mi lista. Elliot tiene 34 años, un bronceado perfecto, ojos verdes, es rubio, musculoso y mide 1.87. El no es solamente una cara linda y un cuerpo lindo, sino que además de tener una personalidad arrolladora es extremadamente atento y tierno conmigo.

La primera vez que tuvimos sexo lo hice venirse 4 veces en menos de una hora, un récord. Desde entonces hemos tenido sesiones maratónicas de sexo que duran horas y continúan el día siguiente. Dormir a su lado es indescriptible, el sexo en la mañana con él es la mejor forma de empezar el día.

Ojalá me quedara así de fácil escribir mis ensayos que debo escribir para la universidad.

Un nuevo comienzo

Siempre pensé que podría llevar esta vida paralela sin que nadie que conozco se entere de lo que he hecho. Recientemente ese “secreto” ya no fue tan secreto.

Hay personas que me han querido hacer daño, y lo que uno hace en internet se queda para toda la vida, como una mancha que nunca se puede borrar, y eso es algo que uno no prevé y para lo que uno no está preparado. Fui ingenuo.

Cientos de veces me han preguntado qué he hecho para ser tan “exitoso”, tan “deseado”, que “cómo hago”, como si fuera el sueño de muchos, pero también hay gente envidiosa. Simplemente sucedió, nunca planeé tener una lista de excel, ni acostarme con 2, 3, 4 o hasta 5 tipos al día, ansiando que el día fuera más largo y no tener que posponerlos para el día siguiente. 

Dejé en un segundo lugar a mis prioridades, mi familia, mis amigos, incluso dormir por meterme en la cama de uno enseguida de otro. Cuando llegas un punto en el que te das cuenta que has perdido tu dignidad y pierdes la noción de la importancia de lo que es el autoestima, puedes seguir viviendo esa vida porque aprendiste que eres bueno en eso, al menos en los ojos de muchos. Pensé que no iba a ser bueno para nada más en la vida.

Me cuesta ser directo, y he luchado toda la vida por dejar a un lado ese defecto, esperando que la gente me entienda con mis palabras sutiles y mis ejemplos que no van al punto de lo que quiero decir. Esperando a que los demás tengan que sugerir lo que quiero decir para que por fin pueda asentir con la cabeza o decir sí o no porque no soy capaz de decirlo con mis propias palabras.

Aún en este diario, el cual me ha servido tanto para confesar esas cosas que no soy capaz de contarle a alguien, a veces dudo si estoy siendo muy directo o contando más de lo que debo porque sé que miles de personas me leen.

Decidí alejarme de esa vida parcialmente destructiva. Me refugié muchas veces en el alcohol para olvidar un sentimiento que está asociado únicamente conmigo mismo porque no me siento orgulloso de mi pasado, el sentimiento de la vergüenza. He lidiado con ese sentimiento por mucho tiempo porque no era capaz de aceptarlo. Hasta hace poco se lo confesé a alguien que me conoce, y me sentí liberado.

Cuando conocí a esta persona me ayudaba con mis dudas, siempre he considerado que me demoro en aprender un poco más que los demás. Poco después de conocerlo empecé a darme cuenta que en ocasiones  me miraba y me hacía sentir incómodo, se quedaba observándome de forma detenida, hasta el punto en que me intimidaba. 

No fui capaz de preguntarle qué pasaba, pero lo supe hace poco cuando recibí un mensaje anónimo, el cual sospeché que había sido escrito por él. Yo había estado de ánimo bajo y estresado esos días, y me emborraché al día siguiente que recibí ese mensaje.

Para mi sorpresa, cuando hablamos no fue como los manes que han lanzado comentarios sobre las cosas que he hecho sin pensar en el efecto que sus palabras pueden tener en mí. “Yo no te voy a juzgar”, me dijo. En ese momento confirmé lo que había sospechado, pero también me ayudó a sentirme un poco más tranquilo. Con él me di cuenta que tal vez no soy la persona que los demás me han dicho que soy.

No estaba acostumbrado a ese tipo de comentarios, pues siempre me han dicho lo que piensan de las cosas que he hecho de forma directa. Me han dicho que soy alguien a quien usan, que soy un ser vacío, que no valgo nada, que carezco de autoestima y que estoy mal de la cabeza. Ojalá las personas que me conocen se dieran cuenta que valgo como ser humano y que soy mucho más de lo que ven virtualmente en mis redes.

Recientemente me vine a estudiar a Londres, y hasta ahora no me he sentido solo a pesar que vine sin conocer a nadie. Siempre quise volver para vivir aquí desde que vine por primera vez a Inglaterra. Siento como si esto fuera un nuevo comienzo, una nueva oportunidad en mi vida porque aquí nadie me conoce.

Estaré actualizándolos de mis aventuras en esta nueva ciudad.

El pasado ya pasó, y no deberíamos aferrarnos a la culpa por las acciones que cometimos porque no están bien vistas en nuestra sociedad. Debemos trabajar en el presente para construir el futuro que queremos.

Análisis de las ventajas del uso de un orto y una cara apetecidos para sobresalir en la cama y otros lugares: Una educación más allá del salón de clase.

#611. El que me quería preñar a la fuerza

Nos encontramos una noche sobre la carrera séptima, a pesar que me había enviado fotos de su cara no estaba seguro si podría distinguirlo bajo la oscuridad de la noche. Crucé la calle y allí venía #611, caminando en un vestido elegante negro y camisa blanca.

Medía 1.65, era moreno y tenía el pelo corto. Le pregunté donde quedaba su casa y señaló donde vivía, en los cerros. Primero tomamos un taxi, el primero de la fila de taxis que terminaba sobre la séptima. Los taxis que se parqueaban allí para esperar a la gente tenían la misma función que los bicitaxis en algunos sectores de la ciudad, y cobraban una tarifa fija de $2.000 para subir la montaña y acercar a la gente a sus barrios.

El trayecto se me hizo demasiado largo y a medida que subíamos me di cuenta por qué los taxis llevaban a la gente en lugar de bicitaxis: la pendiene de la montaña era muy empinada y subir toda esa distancia en bicicleta o caminando parecía imposible.

Llegamos al barrio de #611. Un lugar que parecía apartado de cualquier otra parte de Bogotá, #611 entró primero a su apartamento ubicado en el primer piso, lo hizo en silencio para asegurarse que su roommate no lo viera entrar conmigo, afortunadamente cuando llegamos su compañero no estaba.

Entramos a su habitación y cerró la puerta con seguro. Fue en ese entonces que logré ver los rasgos de su cara y su color de piel de forma clara, bajo la luz amarilla del bombillo de su cuarto. Me quité la ropa mientras él también lo hacía, me excitó ver como se desabotonaba su camisa blanca y dejaba al descubierto su pecho moreno.

Siempre me ha excitado ver a un hombre desvestirse, es el momento previo a cualquier acto erótico, donde las expectativas y el morbo se unen para crear una sensación indescriptible que hace que recorra sangre por mi pene para ponerme erecto. Debo confesar que no me gusta cuando un hombre que lleva una camisa elegante tiene puesta una camiseta o un esqueleto debajo, le quita toda la magia al momento.

Ver a un hombre desvestirse me recuerda mis primeros encuentros cuando estaba en el colegio donde me acostaba en la cama y veía al activo quitarse la ropa rápidamente antes de cogerme.

Quedamos desnudos y nos acostamos en la cama, y antes de mamárselo ya estaba duro. Su herramienta era de tamaño promedio, morena y rosada en la punta. La chupé un rato antes de colocar una almohada debajo de mi culo y abrirme de piernas para dejar que me penetrara.

Me sentía dilatado, después de cierta cantidad de polvos uno empieza a conocer su cuerpo. Uno sabe cuándo va entrar fácil y cuándo no, es verdad que el nivel de excitación, la relajación y la química con el otro son factores muy importantes.

#611 acercó su pene erecto a la entrada de mi ano y empezó a empujar la cabeza, mis deseos por sentirlo adentro se apoderaron de mí, luego sentí como su cabeza se fue deslizando con facilidad entre mi ano lubricado, sin embargo no estaba dispuesto a dejarme penetrar a pelo.

Ponte el condón“, le dije molesto. Me da rabia cuando lo van metiendo sin condón y sin el consentimiento de uno, como si uno no tuviera el derecho de exigir. Luego escuché la frase que he escuchado muchas veces. “Sólo la puntica“, susurró mientras intentaba meterlo todo.

Me tenía muy excitado, si lo hubiera permitido me lo habría metido hasta el fondo sin condón en dos segundos, pero era muy pronto. Dejé que jugara con la cabeza de su verga en la entrada de mi ano, y cada vez que sentía una presión para ingresarlo todo cerraba mi culo y me echaba hacia atrás.

Tiempo después de jugar con nuestras extremidades #611 no aguantó las ganas y se levantó de la cama rápidamente para buscar un condón. Le tomó más tiempo de lo que esperaba en encontrarlo, mientras tanto mis ganas de sentirlo todo adentro de una vez por todas aumentaban a niveles astronómicos y el tiempo se me hizo eterno.

Se colocó el condón rápidamente, como si tampoco quisiera esperar un segundo más para culiarme, entonces me abrí completamente de piernas y su verga ingresó de un solo intento hasta el fondo. “AHHHH!”, gemí de puro placer.

#611 se acomodó y empezó a follarme a un ritmo constante, no era muy rápido ni muy despacio, pero era una velocidad como si estuviera evitando correrse. Me miró directamente a los ojos y no dejé de mirarlo tampoco, era una mirada única como si quisiera darme a entender con sus ojos el placer que sentía en ese momento conmigo.

De repente, en medio de sus movimientos mientras me follaba el culo, de su boca salió algo que no me esperaba. “Puta“, dijo en voz baja como si le excitara llamarme así, pero como si le diera pena hacerlo. Tiempo después volvió a repetirlo: “Puta“, está vez lo hizo en un tono de voz más alto. Gemí más fuerte y me dejé llevar por su verga dentro de mí, finalmente sus movimientos constantes se volvieron menos intensos y empezó a moverse más despacio.

¿Te viniste?“, le pregunté. “No“, respondió. Estaba 99% seguro que lo había hecho, así que me aparté para sacar su verga dentro de mí. Comprobé mis sospechas, su pene estaba flácido y el semen colgaba del condón. Supongo que le dio vergüenza aceptar que se había corrido, tal vez porque no demoró mucho en hacerlo, pero tampoco considero que lo hizo en el lapso de tiempo para etiquetarlo como alguien precoz. Después de todo, estábamos muy excitados y si me hubiera masturbado, me habría demorado casi lo mismo.

Se levantó de la cama y botó el condón en el baño. Terminó cogiéndome una vez más esa misma noche, después de un merecido descanso de 20 minutos de haberse corrido. Como era de esperar, duró más tiempo la segunda vez que me folló y lo hizo más rápido y con más fuerza.

Me masturbé después que se vino por segunda vez. Cuando terminé de vestirme pensé lo difícil que sería volver a la séptima, pero me dijo que no debía preocuparme porque los mismos taxis que subían todo el tiempo, bajaban por la misma calle donde nos bajamos del taxi. Se vistió y me acompañó a tomar el taxi, no tuve que esperar más de 3 minutos en tomar uno que me volviera a llevar abajo.

Puntuación: 8 de 10

#610. El piloto de Delta Airlines

#610 se sentó inmediatamente en el sofá después de abrir la puerta de su habitación del hotel Sheraton donde se estaba hospedado y donde me había invitado “to have fun” pocas horas antes de su vuelo a Atlanta. Para ser extranjero no era muy alto, medía 1.70, rondaba los 30 años, tenía ojos azules, pelo castaño y barba. Pensé que iría directo al grano, típico de los “gringos”, pero en lugar eso, quería conocerme mejor primero.

Tomó su celular y lo guardó, me senté en el sofá después que dio palmaditas en el asiento indicándome que me sentara a su lado, y así lo hice. Cuando puso su brazo alrededor mío, respondí de inmediato haciendo lo mismo y se acurrucó cariñosamente, me acarició la cara y me dijo sonriendo “you are cute. I’d make you my boyfriend If I lived here”.

Se sorprendió con mi nivel de inglés y mi fluidez, supongo que subestimó mi capacidad para comunicarme en su idioma y se burló de mi acento “británico” cuando dije “Leistah” en lugar de “Leister” (se escribe: Leicester). Incluso hablamos un rato en portugués, pues casualmente #610 también le gusta el idioma y lo había aprendido.

Cuando me moví para besarlo se acercó hacia mí y nuestros labios se encontraron por primera vez en un beso de pasión. Sus labios eran delgados y su boca tenía un ligero sabor a menta.

Con impaciencia me llevó de la mano hasta la cama, cerró las cortinas y se quitó la chaqueta. Nos abrazamos de nuevo, con nuestros cuerpos ahora presionando juntos. Comenzó a desabotonarse la camisa y cuando se la quitó, reveló unos brazos bronceados y un pecho lleno de pequeños pelos. Nuevamente nos abrazamos, pero esta vez nuestras pieles se tocaron por primera vez, transmitiendo el calor corporal entre nosotros. 

Desabrochó su pantalón y el cinturón, pero a estas alturas estábamos tan desesperados por meternos en la cama que los dos dejamos caer nuestros pantalones y saltamos a la cama, todavía con nuestros calzoncillos.

Debajo de las sábanas, quedamos pegados uno contra el otro, piel contra piel, y sentí la cálida dureza de su órgano contra el mío a través de nuestra ropa interior. Pronto, sin embargo, la ropa interior se había ido y estábamos completamente desnudos, entrelazados, abrazados, ​​en un calor frenético de pasión. Podía sentir su pene grande y lleno entre mi estómago cuando se recostó sobre mí y comenzó a empujar hacia arriba y abajo.

Mirando hacia atrás desde mi pequeño mundo es difícil de explicar, pero toda esa emoción de estar con un piloto simplemente resultó demasiado para mí y su entusiasmo por estar conmigo me dejó al borde; todos mis deseos acumulados aumentaron dentro de mí y me encontré respirando incontrolablemente contra su estómago y su verga, abrazándolo y presionándome contra su pecho.

Se arrodilló sobre mí, sosteniendo su pene palpitante en mi cara, el prepucio ya retirado con anticipación. Tomé ansiosamente su herramienta palpitante en mi boca y empecé a jugar con ella. Le encantó. Rodamos en varias posiciones, mientras lo chupaba, le hacía cosquillas y le lamía los testículos; #610 se deleitaba completamente con ello. 

Pronto tuve que dejar descansar mi mandíbula; me estaba empezando a doler, él era un tipo grande y sentir todo su peso luchar contra mi boca se estaba volviendo una hazaña 

Al final, sentí sus signos del pre-orgasmo; ahora estaba atrayendo sus nalgas con mis manos hacia mí, su espalda se encontraba otra vez en sintonía conmigo, agachado con mi cara entre sus suaves muslos, su órgano en mi boca siendo apretado por mi lengua, su respiración de repente cambió y comenzó a jadear y estremecerse. ¿No les encanta ese momento en que un hombre pierde todo el autocontrol justo antes de que se corra? 

Con un profundo y fuerte gemido, explotó en mi boca 1, 2, 3, y 4 veces, grandes chorros de leche salada corrían por su verga y llenaban mi boca. Luego, sudando y exhausto, respiró pesadamente.

“Fuck! You’re good at it!“, dijo. Nos derrumbamos en los brazos del otro, abrazándonos y besándonos. En este punto, pensé que quería irse, pues ya estaba satisfecho; pero parecía que no había tenido suficiente.

Continuamos recostados, acariciándonos, abrazándonos y besándonos, dando vueltas en la cama en una pasión como la que no había sentido en mucho tiempo.

De vez en cuando, descansábamos y simplemente nos recostábamos en los brazos del otro, hablando suavemente, solo para regresar a los abrazos y besos con renovada vitalidad. 

Mientras todavía estábamos entrelazados, sin ninguna advertencia, dijo: “alright ¿Can I fuck you now?

Aunque la brusquedad de su solicitud fue una sorpresa, no fue fuera de lugar. Fue directo. “I will be back next month, let’s meet up here again” vi eso como una oportunidad, y en un intento de persuadirme para volver a encontrarse conmigo, dijo que deberíamos mantenernos en contacto para otra ocasión. 

Jugó con su dedo alrededor de mi ano, me di cuenta de que eso era uno de sus puntos débiles. Comenzó a gemir presionando su dedo contra mí. Con la ayuda de un poco de lubricante, comenzó a follarme con el dedo, masajeándome mientras me retorcía, gimiendo de éxtasis. 

Por unos momentos, tuve todas las sensaciones de mi cuerpo bajo su control (otra vez) y sentí que iba a correrse de nuevo sin haberme penetrado. Me sentí cerca del orgasmo también, pero suavemente lo aparté, agarrando el lubricante y siguiendo su ejemplo. Ahora era yo quien tenía el control y mi mente pronto cambió respecto a su solicitud de cogerme. Me di la vuelta y #610 se hizo cargo de lo demás.

Le pedí que lo tomara con tranquilidad, pues se veía muy excitado y no estaba seguro de lo desesperado que podía estar. Pero no necesité tener miedo. Mientras yacía de espaldas sobre una almohada, con la cara hacia un lado y una pierna levantada, lubricó su pene, el cual palpitaba a milímetros de mi ano. 

#610 se puso un condón y me penetró poco a poco, deteniéndose cuando gritaba, permitiéndome relajarme. No era el más dotado, pero mi culo se sentía bastante estrecho, así que pude acomodar su miembro adentro. 

Pero su verga era bastante larga y era fantástico sentir su delgado órgano deslizándose suavemente hacia adentro y hacia afuera, hacia arriba y adentro, rítmicamente, mientras yo estaba con mis tobillos sobre sus hombros y mis brazos firmemente abrazados a su alrededor. 

Cambiamos de posición, nos pusimos de pie, me paré en el borde de la cama y me penetró duro, con el tiempo me resbalé y terminé acostado con mi cintura en el borde de la cama mientras #610 me follaba. “I’ll fuck you, I’ll fuck you hard!“, exclamó.

Con el tiempo me empezó a doler y volvimos a nuestra posición inicial. Comenzó a empujar en serio, retirándose por completo entre sus embestidas duras hacia mí. De hecho, paró de moverse dos veces, obviamente estaba acercándose a su clímax. Lo calmé cuando entró de nuevo fácilmente, animándolo suavemente a continuar, y comenzó a empujar de nuevo, ahora desesperadamente. 

Cuando sentí que su ritmo cambiaba, me empujó una o dos veces muy fuerte hasta el borde de la cama, alcanzando su éxtasis, tomó mis dos manos sobre la almohada y hundió su cara contra mi cuello. Podía sentirlo conteniendo la respiración, y se mantuvo absolutamente quieto por un segundo o dos; luego sentí algo caliente, era su pene pulsando muy dentro de mí en el condón. 

Me aferré a él, mis piernas se envolvieron sobre todo su cuerpo, mientras su semen brotaba incontrolablemente a chorros.

Luego soltó un grito ahogado y sentí que relajaba su frenético control mientras se acostaba encima mío, su herramienta aún palpitaba lentamente la última parte de su orgasmo dentro de mí.

Agotado, sacó su pene y volvió a caer contra su espalda, suspirando y respirando con el condón usado colgando de su prepucio. Nos besamos y le dije que lo movía muy bien, se sintió halagado. 

Are you a virgin?“, me preguntó después de correrse. Si bien no me consideraba promiscuo, había estado pensando últimamente que de pronto estaba tendiendo sexo un poco más seguido que la mayoría. 

De 1 a 4 hombres diferentes al día puede ser por lo que me avergonzaba decirle la verdad. Pensé que si le decía mi número perdería todas mis posibilidades de generar una impresión positiva y todo habría terminado. 

Logré evadir la pregunta y cambiar de tema rápidamente ya que no quería decepcionarlo. Debimos besarnos y abrazarnos durante bastante tiempo hasta que finalmente me preguntó si me había corrido cuando me cogió. Le dije que no lo había hecho, aunque había estado muy cerca y dijo que ahora era mi turno.

Él había tenidos dos orgasmos tremendos en menos de una hora y yo todavía no me había corrido. Quería hacerlo, así que #610 agarró apasionadamente mi pene aún duro mientras me hacía cosquillas en los testículos con los dedos.

No esperaba demorarme más de lo que ya había esperado, estaba listo para todo lo que él estaba dispuesto a ofrecer, y estaba disfrutando de cada momento.

Me mordió el cuello con su boca y lengua, segundo a segundo, tan lentamente que cuando sentí acercándome al clímax, fue tan suave y lento que la tensión casi me hace agonizar de placer. Comencé a temblar, me pareció una eternidad antes de que llegara, pero luego sentí que el fluido en mí corría a toda velocidad en su inexorable camino hacia el exterior. 

Agarré su cabeza, gimiendo sin aliento, y me vine como una fuente, bombeando cinco veces aproximadamente

Todavía estaba luchando por respirar cuando se derrumbó contra mí otra vez, donde permaneció unos diez minutos más o menos hasta que llegó el momento de irse. Habíamos estado juntos en la cama por más de dos horas y finalmente interrumpió diciendo que tenía que irme porque tenía un vuelo hacia Atlanta en dos horas. Me vestí y me acompañó hasta la puerta.

Una cara alegre me sonrió cuando se despidió con la mano. Cuando cerré la puerta de su habitación, de repente me sentí vacío y paradójicamente, satisfecho. Para mí, nada menos que una fantasía se había hecho realidad, a pesar que ya había estado con otro piloto antes. 

Me sentí mejor por saber que él también la había pasado muy bien. Nuestra tarde había estado llena de una pasión tan intensa que pensé: “¿Seguramente esto fue más que otro encuentro casual?” Pero nunca lo contacté ni me contactó y nunca lo volví a ver. Todo lo que tengo es la memoria; la imagen del bello rostro del piloto, la calidez de su suave piel y esa increíble tarde.

Puntuación: 7,5 de 10