#172. Mamando en un salón de la universidad

#172 tenía una barbilla demasiado sexy, con una barba corta, una nariz muy masculina y unas cejas pobladas que lo hacían ver como el hombre más sexy de mi universidad. En ese semestre veía clases los sábados porque no había tenido mucha suerte en registrar mi horario. Todos los sábados cuando me metía a grindr veía a #172 conectado y aparecía muy cerca, dudaba si en realidad estudiaba o trabajaba en mi universidad los sábados, no creí que fuera estudiante porque se veía de unos 30 años pero cabía la posibilidad que se viera más viejo en la foto. Un sábado decidí escribirle y me contó que andaba haciendo una especialización en mi universidad, que tenía 30 años y que era activo. Supongo que ese día estábamos muy arrechos porque decidimos encontrarnos en el oma de la universidad. Estaba muy bien vestido y afortunadamente no estaba con ningún amigo y yo tampoco.

Nunca lo había visto en mi vida y si lo había hecho nunca me hubiera imaginado que es gay. “Te le puedo mamar en el baño?” le pregunté pero al parecer #172 nunca lo ha hecho en un baño y es muy miedoso. Intenté convencerlo pero no fue posible, y lo peor era que ninguno de los dos tenía sitio ese día. Hablamos mientras caminábamos por un pasillo que estaba solo (si no hubiera sido un sábado habría mucha gente) y le dije que entráramos a un salón. En realidad haberle propuesto eso fue un instinto, un instinto animal que tuve y que me hizo luchar para que no me fuera ese día de la u sin haber hecho algo con #172. Entramos al salón y cerré la puerta con seguro, le dije que nos sentáramos en la esquina para que nadie nos viera por la ventanita de la puerta y allí nos besamos yo sentado encima de él y el sentado en una silla.

Mientras lo besaba me movía simulando como si estuviéramos culiando y pude sentir su verga contra mi culo. Le quité el cinturón y se lo mamé, #172 sostenía mi cabeza para que lo hiciera al ritmo que él quería y no duró más de dos minutos hasta que se vino. Saboreé su leche amarga y me la tragué toda. Se aborchó el pantalón y salimos del salón. Lo más chistoso es que en ese salón veía clase todos los martes a las 7 de la mañana y siempre que tenía esa clase me acordaba de la vez que se lo chupé a #172. Desde que estuvimos en el salón me lo encontré unas dos veces, pero ninguno fue capaz de saludar al otro.


Puntuación: 8 de 10

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