#268. El sadomasoquista verbal

El sexo con #268 fue salvaje. Tiene 34 años, es un ingeniero industrial que vive solo con 3 gatos y es uno de los más salvajes con los que he estado de mi lista. Lo hicimos en la sala de su apartamento mientras veíamos un atardecer naranja en Bogotá, de esos que uno ve rara vez. A #268 le gustaba el sadomasoquismo de una forma leve, no es de esos sadomasoquistas que les gusta dar palmadas duro en el culo y hacer fisting, era un sadomasoquista verbal. Como lo he dicho en ocasiones anteriores, me gusta que me hablen sucio al oído, pero #268 lo hacía de una forma un poco extrema para mi gusto. “Toma perra”, “te gusta zorra?”, “trágate esa verga puta”, me decía repetidamente.

No es que me moleste del todo, pero cuando me tratan de zorra, puta y perra me siento mal. Antes de follar me había preguntado si podía ser dominante y no tuve ningún problema con ser sumiso, pero su carácter de dominante que trata al sumiso como puta es algo que está fuera de mi contexto de dominante. Lo hicimos en única posición, en pollo asado. Para el tamaño de su pene no me dolió nada, de hecho disfruté mucho que me penetrara. Con el tiempo he descubierto que si lo meten y lo sacan completamente me duele más que cuando llevan simplemente un ritmo de moverlo un poco hacia dentro y hacia afuera, y #268 lo hacía a un ritmo perfecto.

Acabó en mi cara, al parecer le encanta venirse en la cara a los manes. Y la mía no fue la excepción. Mientras me follaba gritó “me voy a venir!”, y lo sacó, se empezó a masturbar sobre mi cara con lo cual cerré los ojos inmediatamente para que no cayera semen en mis ojos, y fue en segundos que sentí semen caliente caer sobre mis ojos, no me imagino qué sería de mis ojos en este momento si no los hubiera cerrado esa vez. Después de venirse me agarró y ayudó a pararme para llevarme a su ducha, donde la abrió y me dejó debajo de la regadera para bañarme la cara con agua helada. Se demoró bastante en calentarse. Cuando salí del baño #268 parecía alguien completamente diferente, después de haberlo escuchado decirme tales barbaridades, de repente era alguien completamente calmado. Me despidió con un beso en la boca y me agarró la nalga muy fuerte “cuídate lindo”, me dijo antes de cerrar la puerta de su apartamento.


Puntuación: 7 de 10

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