#271. El chef internacional

#271 vivía con su hermano en un apartamento en Colina, pude visitarlo ese día porque su hermano estaba de viaje. #271 tiene 25 años, mide 1.70, es blanco, de ojos café y tiene unas cejas pobladas muy lindas. Para su edad tiene un muy buen cargo y ha viajado por muchos países ejerciendo su profesión. Actualmente es chef en un restaurante muy top de Bogotá y dentro de poco va a trabajar con un colega en un restaurante de comida colombiana en Argentina. Lo que más me gustaba de #271 era su voz gruesa y varonil, era un hombre serio con el que podía durar horas hablando, duramos muchos más tiempo hablando que teniendo sexo. Cuando llegué a su apartamento me recibió en la sala y mientras me hacía preguntas me ofreció cerveza, después siguió el turno de él donde se extendió casi una hora hablando sobre él y sus experiencias en la cocina como chef. El sexo fue un complemento de nuestra noche, un sexo rudo y rápido a la vez. Me sorprendió cuando me invitó a su cuarto después de un silencio de esos incómodos y largos cuando ya nadie sabe de qué hablar.

Entré a su cuarto y se hizo detrás mío, me agarró el culo bien duro que me hizo gritar y me agachó a la fuerza para que se lo mamara. Desabrochó su cremallera con afán, como si tuviera muchas ganas de que se lo chupara y cuando sacó su verga vi una verga dura y aunque no era muy larga, sí era bastante gruesa. Se lo chupé, movía mi cabeza rápido de abajo hacia arriba, el momento pedía que todo fuera rápido. “Quiere que se lo meta?”, me preguntó y le dije que sí. Se puso un condón mientras me desnudaba todo. Me puse en 4 sobre el borde de su cama para que pudiera cogerme mientras él seguía parado y me lo metió, tuve que pedirle que lo hiciera despacio porque me dolió bastante porque la tenía bien gruesa. Cuando entró toda me agarró del cabello y empezó a follarme más rápido, “que rico!”, le decía yo mientras me jalaba el pelo, me lo jalaba tan duro que me hizo gritar varias veces pero aún así me jalara el pelo sentía que era muy excitante.

Se inclinó hacia abajo y puso su pecho sobre mi espalda, agarrando mi pecho con sus brazos, podía sentir su respiración en mi nuca. “Me puedo venir?”, me preguntó. Nunca antes nadie me había preguntado si se podía venir dentro, me avisaban que estaban a punto, pero nunca me habían “pedido permiso”. Debió creer que si se venía mi placer se acabaría pero lo tenía tan grueso que me estaba doliendo y si terminaba iba a sentir un alivio. Le dije que se viniera y segundos después dio un suspiro y se quedó quieto. Sacó el condón y vi la leche colgando de él, era bastante. Me vestí y #271 se quedó en bóxers viendo televisión, hablamos unos 5 minutos más y me despedí.


Puntuación: 6,5 de 10

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