#272. Tirando al frente del espejo

Me gusta verme teniendo sexo, por eso me grabo. Pero el sexo con #272 fue diferente, en el sentido que me estaba viendo en vivo, frente a un espejo que iba desde el piso hasta el techo, y que era más ancho que dos personas de mi estatura acostadas en el suelo. Nunca antes había pasado tanto tiempo mirando hacia una misma dirección que con #272, miraba al espejo todo el tiempo. #272 es un instructor de gimnasio que le tenía ganas desde hacía mucho tiempo, es un contacto que tengo en skype desde hace 3 años pero nunca concretamos nada hasta ese día. Tenía 27 años, era musculoso, tenía el pelo bien corto como militar, blanco, de ojos verdes y con unos tatuajes muy sexis en todo el cuerpo. Por fin logré conocer a #272 una tarde de viernes en la que ninguno de los dos tenía nada que hacer. La razón por la que terminé teniendo sexo con #272 enfrente de un espejo tan grande era por su mismo ego.

Al ser instructor de gym, su sala era un gimnasio y en la pared estaba el espejo que ocupaba casi todo el lugar. Cuando me abrió la puerta de su apartamento se me hizo más alto de lo que me imaginaba y se veía mejor en persona. Me ofreció agua y hablamos un rato sobre su vida como adicto al ejercicio y lo saludable, la conversación no fue muy larga porque los dos sabíamos a qué íbamos. “Tienes condones?”, fue lo primero que le pregunté antes de empezar a morbosear y asintió con la cabeza. Le quité su camiseta tipo esqueleto que resaltaba sus musculosos brazos y pude ver su hermoso cuerpo en vivo y en directo, ese que había visto alguna vez por skype.

Lo único malo de #272 es que no le gustaba besar, pero no importaba porque me dejó besarlo todo menos su boca: sus brazos, su cuello, su pecho, sus tetillas, su abdomen, todo. Luego de besarlo todo me agaché para bajarle su pantalón de sudadera, no lo tenía duro todavía pero estaba decidido a ponerlo como una roca para que pudiera cogerme. Puse mi táctica de mamada en marcha, empecé por la punta y bajé más hasta que me lo metí todo en la boca, de modo que tocara mi campana, así me ahogara y estuviera a punto de vomitar. Movía mi boca rápidamente, movía la cabeza de lado a lado, de vez en cuando le chupaba las huevas y volvía a meterme toda la verga hasta el fondo. Mi táctica funcionó y en poco tiempo tenía su pene todo erecto, encorvado hacia arriba y bien duro. “Quiere que se lo meta?”, me preguntó. Me moría porque me lo metiera y me acosté boca arriba sobre una colchoneta pequeña de cuero negro que supongo sirve para hacer ejercicio.

Puse mis pies sobre sus hombros, se puso el condón y así me penetró. Incluso antes que me penetrara ya estaba mirando hacia el espejo, de ahí en adelante no cambié la dirección de mi mirada: siempre miraba el espejo. Me encantaba ver como me cogía y la forma como nos veíamos en el espejo, #272 también miraba de vez en cuando el espejo pero no tanto como yo. Mientras me follaba le besaba sus tetillas y sus musculosos brazos, sus axilas y todo lo que podía que no fuera su boca. Me pidió que me pusiera en 4 y así lo hice, esta posición me dolió un poco pero sabía que #272 disfrutaba más esa posición que en la que estábamos antes. “Me encanta tu verga dentro de mí”, le repetía mientras me cogía y cuando lo hacía me daba más fuerte. Al final se vino sobre mi culo, sentí varios chorros de semen caer en mis nalgas y en mi espalda. Hace poco lo vi en transmilenio pero estoy que seguro que él no me vio.


Puntuación: 9 de 10

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