#330. El filósofo

Cuando empecé a hablar con #330 no me imaginé que nuestro encuentro iba a ser tan profundo. Para empezar, lo hicimos dos veces, y eso es algo que casi nunca sucede. En realidad es una persona que me dio una tarde increíble y con la que pude compartir muchas cosas. Nuestro primer intento de encontrarnos se vio frustrado por una visita inesperada que le llegó justo antes que viniera una tarde a mi casa.

Nos encontramos la semana pasada en un lugar cercano donde vivo porque él no sabía cómo llegar a mi casa, y no tuve ningún problema en caminar un rato para encontrarme con él y venirnos caminando. “Voy en ropa deportiva, para que sepa” me escribió minutos antes de encontrarnos. Compré unos condones today al salir y me encontré con él. Fuimos caminando a mi edificio y me contó que era filósofo, en realidad casi toda nuestra conversación desde que nos saludamos hasta que lo despedí en la puerta de mi casa fue alrededor de su filosofía y de la vida, y la disfruté mucho porque nunca había tenido ese tipo de conversaciones tan profundas, tan desligadas del mundo material y de lo cotidiano, ojalá pudiera conocer más personas como él que hicieran del sexo algo más interesante.

Le comenté que en el colegio nunca me gustó filosofía y defendió a capa y espada su carrera, me dijo que en el colegio sólo enseñan qué es filosofía pero no a hacer filosofía, y que él hace filosofía todo el tiempo. Lo invité a mi cuarto y nos sentamos a hablar en mi cama. Se refirió al sexo como algo sin sentido y que él intenta evitar porque es algo que según él es no es un placer para él, sino algo completamente superficial y banal, así como el dinero y todo lo material porque es un bien escaso y que se acaba, me dijo que el verdadero placer es lo que es eterno y lo que siempre puede estar ahí, mientras que el sexo es algo que se termina y tiene fin.

Debimos hablar por más de una hora hasta que en un momento de silencio se acercó y me dio un beso. Nunca pensé que iba a ser él quien diera el primer paso, de hecho estaba disfrutando tanto la conversación que no esperaba que emepezáramos a hacerlo en ese momento. El beso que nos dimos fue para comernos el uno al otro y la llama de la pasión se encendió inmediatamente.

Me llevó hacia la cama y me acostó, nos dimos un beso muy largo. Luego se acostó boca arriba y me senté encima de él para besarlo con mi culo sobre su dura verga, empecé a jugar con mi ano y la punta de su pene, poniéndola en mi culo y moviéndome de arriba a abajo y hacia los lados. Era delicioso poder besarnos mientras jugaba con su pene y mi ano, rozando nuestras partes más íntimas de la forma más excitante posible.

Sentí unas ganas increíbles de ensartarme su pene dentro de mí pero todavía no era el momento, quería seguir disfrutando de nuestras caricias y sus besos. Acto seguido cambiamos de posición y me acosté boca arriba y él encima, seguimos con el juego de rozarnos, hasta que lo metió. Había comprado condones y se lo hice saber cuando empezamos a hablar, pero el momento hizo que no buscáramos los condones.

Me encantó cuando lo metió, mi culo estaba muy mojado y eso hizo que lo pudiera empezar a mover con facilidad. Se empezó a mover suavemente y como siempre, empecé a gemir, pocos segundos después de meterlo me dijo en voz baja “si sigues así me vas a hacer venir”, eso me dio a entender que no quería que siguiera gimiendo porque eso podía hacer que se viniera y no quería hacerlo todavía. Lo sacó un rato y lo volvió a meter demasiado despacio.”Estoy muy susceptible a venirme”, me dijo en voz baja.

Lo metió por unos segundos más y luego lo sacó. Puso su pene sobre el mío y se movió de adelante hacia atrás y vi un chorro de semen salir a gran velocidad y a una gran distancia, tanto que cayó semen sobre mi pelo, mi mano, mi oreja y mi pecho. Fue una gran satisfacción saber que no se vino dentro de mí, ni tocándoselo, simplemente rozando su glande contra mi pene y mirándome a la cara “No me venía hacía tres meses”, fue su explicación para justificar por qué se había venido tan rápido. Quedó sudando, y se acostó al lado mió mientras me masturbaba lamiendo sus tetillas.

Me vine y nos vestimos. Nuestra conversación pos-sexo fue igual de interesante a la anterior. Continuamos hablando sobre sus pensamientos hippy-filosóficos y la forma como él ve la vida. Me sorpendió la forma como piensa respecto al sexo. Es algo que evita y que no le gusta tener casi porque es algo que es muy banal para él. Siempre que hablaba me decía: “Si ves? sólo piensas en lo material” y yo me reía porque tiene razón, él siempre se inclinaba hacia cosas muy diferentes de lo que se me viene primero a la cabeza.

Estaba lloviendo y por eso hablamos por mucho tiempo después de follar, de no haber llovido seguramente #330 se hubiera ido antes. Mientras hablábamos viendo la lluvia caer nos recostamos de nuevo en mi almohada y seguimos hablando. No recuerdo cómo sucedió pero nos volvimos a besar y terminamos desnudos de nuevo en la cama y yo mamandoselo. Esta vez estábamos seguros de lo que queríamos y me senté encima de él para meterme su pene dentro de mí. Mientras lo hacía lo besaba y disfrutaba de su pene dentro, entrando y saliendo al ritmo de mi cabalgada.

Se levantó y lo hicimos meintras él estaba sentado y yo cabalgándalo, me encantó agarrarlo de la espalda mientras nos besábamos. Quería que me preñara, cosa que no había hecho la primera vez, pero no sabía si lo iba a lograr porque se había venido hacía menos de una hora. Gemí duro para excitarlo bastante y me moví rápido de arriba a abajo para lograr que se corriera dentro de mí, fueron necesarios algunos movimientos pornográficos y gemidos fuertes para que minutos después me dijera “me voy a venir”, me entusiasmé porque sabía que lo había logrado y puse todo mi esfuerzo para que lo hiciera.

Me moví muy rápido hasta que escuché su gemido y vi sus ojos cerrándose con fuerza, me sentí realizado en ese momento. Paré de moverme cuando sentí que ya había acabado y me acerqué para darle un beso. Me levanté para ir al baño a limpiarme y #330 se puso la ropa. Ya había escampado y necesitaba irse porque debía hacer algo, me dijo. Lo acompañé hasta la puerta y nos despedimos, cuando lo vi irse me dio algo de pesar porque me hubiera gustado que se quedara otro rato más.


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