#333. El caleño de la descarga de semen monumental

Seguramente ya se han dado cuenta que me encanta el semen. Desde que lo probé por primera vez me di cuenta que es lo más rico que he probado en mi vida. Me gusta tragármelo, verlo, que me llenen de él dentro de mi culo, teno una fantasía y es que 100 tipos me hagan un bukake ganbang, lo cual se traduce en que 100 manes se vengan dentro de un recipiente y luego tomarme todo el semen. Nunca lo haría por mi miedo a las enfermedades sexuales, pero aún así de pensarlo me da mucho morbo.

Lo anterior es una referencia a mi polvo con #333, me revivió ese morbo y ese fetiche que tengo por la leche. Tenía una voz muy sexy, varonil y un acento caleño muy rico. No me imaginé los dotes de sexo verbal que #333 tenía, y eso rara vez lo encuentro en un hombre. Llegó a mi casa después que salió del trabajo y se demoró bastante en llegar porque el taxi se le demoró porque era hora pico. Medía 1,65, era grueso, de ojos y pelo negros, debe tener 27 años, es blanco y tiene una voz muy sexy de esas que se me para con sólo oírlos hablar. Lo hice seguir a mi cuarto y nos sentamos a hablar en mi cama.

Me dijo que es abogado y que tiene que viajar mucho por Colombia, que de milagro ese día no estaba viajando. No sé qué me pasa pero siempre es el otro el que da el primer paso, es decir, nunca soy el que da el primer beso, y siento que no es que sea penoso sino que busco conocer mejor a la persona antes de culiar y espero a que sean ellos quienes ponen el fin a la conversación con el beso para empezar a tener sexo. Fue #333 quien me besó, le agarré el cuello y nos dimos un beso muy apasionado.

Nos comimos el uno al otro hasta que me pidió que se le mamara, nos desvestimos y se acostó y me arrodillé entre sus piernas para chuparle la verga gruesa y dura que tenía. Lo bueno de mamárselo a #333 era que a diferencia de muchos, nunca me presionó para que me lo metiera en la boca hasta el fondo ni me tomó de la cabeza para atragantarme con su pene, lo hice a mi modo y a mi ritmo, disfrutando cada momento de la mamada. De vez en cuando subía para chuparle las tetillas o darle un buen beso en la boca, y luego volvía a bajar para seguir chupándole el pene.

Jugué con mi culo y su pene, me metía la puntica con cuidado y eso lo volvía loco. #333 trajo los condones porque yo no tenía y finalmente los sacó para penetrarme. Me puse en 4 y así me penetró, al principio todavía no había empezado a hacerme “verbal fuck” pero sólo fue cuestión de tiempo y excitación para que empezara a hablarme mientras me follaba. Luego lo cabalgué con mi cara hacia sus pies y parecía que disfrutaba mucho de esa posición, hasta que me dijo “más suave que estoy que me vengo”, me empecé a mover más despacio hasta que le pedí que me follara en pollo asado y me abrí de piernas boca arriba para que me cogiera, mientras lo hacía me excitó mucho ver el sudor que salía de su pecho y de su frente, de vez en cuando #333 tenía que limpiarse el sudor de la cara con su mano porque estaba empapado.

Quise que se viniera en esa posición y lo intentó pero me dijo que sólo podía venirse mientras me cogía si lo cabalgaba como lo había cabalgado antes, con mi espalda hacia su cara. Me senté en él mirando hacia sus pies y en esta posición me hizo una de las cosas más deliciosas que me pueden hacer en la cama: hablarme sucio mientras me lo metía. “Te gusta mi verga?”, “sácame la leche!”, “oh sí!, vamos!”, “Te gusta mi verga?, cómetela toda” eran frases que #333 me repetía mientras lo cabalgaba. Eso me ponía muy duro y me encantaba que me dijera esas cosas mientras lo hacíamos.

Segundos antes que se viniera dentro me decía “Oh si, vamos!, vamos!”, eso me motivaba a moverme más fuerte y más rápido para hacerlo llegar al orgasmo y en segundos pude oír su gemido grave y varonil de él corriéndose dentro, “Qué rico!” exclamó, fueron varios gemidos, uno después del otro y lo cual fue muy gratificante, supe con eso que fue un orgasmo largo y muy intenso.

Pero lo más excitante y gratificante de la noche fue cuando sacó el condón y vi la descarga monumental de semen más grande que he visto con los 333 hombres con los que había estado hasta ahora, era definitivamente la mayor cantidad de semen que había visto que alguien había depositado en un condón después de haberse venido dentro de mí. Fue increíble, pesaba demasiado, era espeso y abundante, de verlo me dieron unas ganas increíbles de venirme y me masturbé viendo el condón lleno de leche.

Le pregunté hacía cuánto tiempo no se venía y me dijo que dos semanas. Guardé el condón por dos días, guardar un condón es algo que nunca hago pero no podía botar el condón usado de #333 al inodoro, debía pasar un tiempo con él, lo boté dos días después de haberlo contemplado varias ocasiones durante los dos días que lo tuve en mi closet e imaginado el orgasmo tan prolongado y fuerte que le debía haber dado para que produjera tal eyaculación. Me escribió al día siguiente que quería repetir o hacer un trío, pero no le respondí porque no me gusta repetir.


Puntuación: 8 de 10

2 comentarios sobre “#333. El caleño de la descarga de semen monumental

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