#351. El joyero

Me encantan los osos. Es muy rico poder verles los pelitos del pecho, la barba y sus cuerpos trozudos mientras me lo meten. #351 era un osito de Armenia, pero no Armenia Colombia sino del país que se llama Armenia. Cuando empecé a hablar con él me dio pena preguntarle de dónde era pero sabía que no era gringo por su acento.

Lo primero que hizo fue darme las gracias por haber ido y me preguntó si quería algo de tomar. Pero como lo he dicho en otras ocasiones, me da pavor tomar algo en la casa de un extraño, uno nunca sabe qué le puedan echar al agua. Me dijo que le parecía muy lindo y que nunca había estado con un colombiano, así mismo es mi primer armenio, qué nacionalidad tan exótica.

Mientras hablábamos solo podía pensar en comérmelo y en imaginar lo que había detrás de su camiseta negra ajustada que le marcaba sus pectorales. Cuando me dijo que yo le gustaba mucho me dio la confianza para sentarme en sus piernas, estaba sentado en la silla de oficina en el escritorio de su estudio. Lo besé y me dio un beso muy largo, le toqué todo el cuerpo mientras nos comíamos la lengua el uno al otro. No podía esperar a tener su verga dentro.

Me bajé de sus piernas y me paré para que me llevara a su cuarto y de repente me abrazó y me cargó con mis piernas en sus brazos hasta su habitación y ahí me tiró en la cama. Nunca nadie había hecho eso conmigo y después de eso solo quería desnudarlo para que me cogiera. Se quitó la camiseta y pude apreciar su hermoso cuerpo de oso, sus tetillas velludas y su pecho delicioso.

Me levanté de la cama para darle un beso en las tetillas y cuando lo hice me dio un beso en la boca. Me tomó de la cabeza con sus manos y me bajó a la altura de su pene, le desabotoné el pantalón y salió una verga grande y peluda de sus bóxers pegados. Me la metí toda, se lo empecé a mamar rápido porque estaba muy excitado mientras #351 me decía: “suck that dick”. Es la única frase que excita tanto como “ride that dick”.

Le lamía las bolas, le chupaba solo la puntica y me la volvía a meter toda hasta atragantarme. Estábamos consumidos por el deseo, nos encantábamos mutuamente. De repente paró y se fue hasta que supe había ido a buscar un condón. Volvió y lo rompió con su boca mientras me miraba con una mirada intimidante y fijamente a mis ojos, podía ver en sus ojos las palabras “te quiero comer todo”. Y el sentimiento era mutuo. Se lo puso y abrí mis piernas, levanté el culo con mis brazos e introdujo su verga peluda y venosa.

Gemí duro y parece que le gustó. Me agarré de las sabanas para no sentir que me estaba resbalando y me dejé llevar por su pene rozando las paredes de mi ano. Mientras tirábamos me besaba el cuello y la oreja, y eso es algo que si lo saben hacer bien me vuelve loco. Lo agarraba del cuello y me dejaba llevar por el placer de tener sus labios en mi cuerpo, estaba duro como una roca.

Me pidió que me volteara y me puse en 4. Me agarró de la cintura y me siguió dando verga sin parar, y yo no podía dejar de gemir. Se me acaba de poner muy duro mientras escribo esto haha. Me gustaba poder mirar su hermoso duermo de oso a pesar que lo estábamos haciendo 4 porque tenía la cámara del celular en modo selfie. Después de estar en 4 me acosté en la cama y él se puso encima mío, me tomó de la cintura y me siguió dando verga, esa posición fue algo incomoda porque al estar encima mío sentía todo su peso encima, y sobre todo al estar sobre mi espalda sentía dificultad para respirar pero sentir su verga dentro hacía que no importara que me estuviera quedando sin aire. “I’m gonna cum” dijo en voz de cansado y poco tiempo después empezó a ir más despacio hasta que se quedó quieto. Sacó el condón y fue al baño a botarlo.

Volvió y estaba sudado, no tenía idea que había sudado como caballo. Me masturbé mientras lo miraba y me vestí. Mientras llegaba el uber me contó que era de Armenia y que llevaba 10 años en Los Ángeles, eran las 11:30pm e iba a continuar trabajando. Vi en su escritorio muchas piedras y cosas raras, me explicó que era joyero y que todos los días trabajaba hasta las 3 o 4 de la mañana, que trabajaba hasta 16 horas al día para enviarle dinero a su familia en Armenia.

Además no ve a su familia desde hace 10 años, sospecho que es ilegal. Para trabajar tanto y ser su propio jefe va bien porque vive en un apartamento muy bonito entonces vale la pena la auto-negriada que se pega haha. Me volvió a agradecer por haber ido a su casa y nos despedimos con un beso muy rico sentado de nuevo en sus piernas, tal como empezamos.


Puntuación: 9 de 10 

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