#353. El dominante

Pocas veces me he topado con fetichistas extremos. Hasta el momento que conocí a #353 solo había conocido uno, un sadomazoquista con el que tiré en mi cama y que todavía me escribe para hacerme fisting pero eso es algo que por ahora no me dejaría hacer. #353 se caracteriza por ser un dominante innato. Me he acostado con varios hombres que les gusta ser dominates pero #353 se merece el título de este relato porque ser dominante está en su esencia, algo endémico y natural en lo profundo de su ser.

Me gusta complacer, y aunque no me considero pasivo sumiso si al activo le excita algo en particular intento hacer lo posible por darle un polvo inolvidable. Le seguí el juego de pasivo/dominante a #353 que se tornó en una conversación de WhatsApp que se destaca en mi memoria dentro de cualquier otra conversación de WhatsApp con los 352 anteriores a #353 que se encuentran en mi lista en Excel.

“How submissive are you?”, “is there anything you wouldn’t allow me to do to you?” Me preguntó y le escribí que lo único que no me dejaría hacer de él es matarme, y de hecho eso fue algo muy extremo de mi parte, le estaría abriendo paso a que me torturara. Me dejó claro que solo estaba con sumisos porque era muy dominante y que esperaba que yo no me quejara de nada de lo que me hiciera

Me produjo algo de miedo su posición tan radical pero me excitó porque era alguien diferente, iba a ser una experiencia única y un relato marcado por su personalidad. #353 me pidió el uber a su casa como la mayoría de los gringos con los que estuve en Los Ángeles, ojalá en Colombia hicieran eso. Me perdí unos cuantos minutos cuando me bajé del uber pero finalmente llegué a su casa.

Me escribió que iba a dejar la puerta de su apartamento abierta, quería que cuando entrara me desnudara en su sala y me pusiera en 4 donde él saldría de su habitación para cogerme, sus órdenes eran muy específicas. Efectivamente cuando llegué la puerta estaba abierta, no recordé que debía desnudarme en su sala sino que cuando vi sus pies detrás del armario de su cuarto entré allí. Medía 1,75, era rubio, de ojos verdes y delgado, tenía una cara linda y una mirada dominante e intimidante.

Estaba que me orinaba porque había tomado mucho líquido ese día y tuve miedo que no me dejara orinar por su carácter autoritario. “Can I pee?” le pregunté inconcientemente en un tono como cuando estaba en el colegio y le pedía permiso a la profesora para ir al baño. Asintió con la cabeza y fui corriendo al baño para orinar, parecía borracho por todo el tiempo que pasé orinando.

Tenía miedo, pensaba que podría ser un loco maniático que me podía matar después de tener sexo, pero me gusta la adrenalina y por eso no dudé en encontrarme con #353. Me puse en 4 sobre el el tapete de su habitación y allí me lamió el culo y me metió el dedo, luego se lo mamé. Mientras lo hacía me tomaba fuerte de la cabeza y me lo metía hasta tocar mi campana, hasta el punto que me ahogaba, #353 no pronunció ni una palabra durante todo el acto y eso lo hizo interesante porque no sabía cómo era su voz.

Me ordenó que me pusiera en 4 sobre su cama y así lo hice, me tocó el ano con sus dedos y se puso el condón. Me abrazó con sus brazos alrededor de mi cuerpo mientras se acomodaba detrás mío y lo metió sin mente. Sentí como me entró toda su verga y desde el primer momento que la tuve dentro me penetró rápido y con fuerza, gemí suave y fue algo psicológico porque todo estaba tan en silencio que no se escuchaba ni un carro pasar, el cuarto estaba oscuro y no quería ser lo único que perturabara ese ambiente tan calmado y callado pero a la vez tan caracterizado por el papel dominante de #353, no lo quise opacar así que gemí muy suave.

A pesar de gemir en voz baja, me tapó la boca con sus manos mientras me daba verga sin compasión. No me podía quejar, debía aceptar la fuerza con la que me penetraba, no podía quejarme, debía ser tan sumiso como pudiera para que la escena tuviera sentido. Me bajó de la cama y me puso contra el borde pero esta vez parados. Me agarró fuerte de la cintura y así continuó penetrándome.

Hice un gran esfuerzo por no gritar ni producir sonido, y lo logré. Después de estar parado terminé con mi pecho sobre la cama pero mis pies todavía seguían en el suelo, me aferraba a la almohada para concentrarme en no gemir, en dejarme llevar por el momento. #353 de verdad era un dominante, la forma como me lo metía, como me tapaba la boca, como me agarraba, era perfecta y única, nunca había estado con alguien que se portara así.

Sacó su verga y me forzó a arrodillarme en el suelo, allí se lo mamé, me arrastró hasta la puerta del baño y me volvió a parar con sus brazos, me volteó para que mirara hacia el espejo del baño de su habitación y me volvió a penetrar tan duro como pudo, me agarré del marco de la puerta para no caerme, pues me daba tan duro que mi cuerpo perdía el equilibrio y sentía que me iba a caer.

Era espectacular, increíble y exageradamente excitante verme en el espejo mientras #353 me taladraba, esa es la expresión correcta para describir la forma como me metía y sacaba su pene. #353 no me clavó, sino que me taladró. Volví a caer hacia adelante y me encontré en una posición donde mi pecho estaba a 45 grados del suelo, ya no a 90 como me encontraba apenas me lo metió bajo el marco de la puerta de su baño. Sin embargo mi cabeza seguía mirando fijamente el espejo y admirando la cara de #353 mientras me taladraba y mi cara de placer.

Paró de taladrarme y sacó su verga. Se hizo al frente mío y me movió con sus brazos para que me agachara, me arrodillé para verlo masturbarse. Mientras lo hacía pude ver su cara intimidante hasta que llegó el momento esperado: se vino sobre mi cara. Me encantó sentir los chorros de leche caliete sobre mi piel, me hubiera gustado tenerla más tiempo pero no podía ver nada, la mitad del semen había caído sobre mis ojos.

Me alcanzó una toalla y me limpié. Me vestí y mientras lo hacía vi su diploma de pergrado, estudió Fine Arts en una universidad de Texas, noté que su nombre y apellido eran italianos. Me sentí aliviado porque #353 no había sacado un cuchillo o una pistola para asesinarme, al final era alguien común y corriente que tenía un fetiche por ser dominante.

Me senté en la cama mientras esperaba el uber, no conversé con él durante todo el tiempo que estuvimos en su habitación hasta que me avisó el modelo y las placas del uber que me estaba esperando en la puerta de su edificio, pude notar su acento italiano. Es con el único con el que no me molesta no haber hablado, el hecho que no mencionara ni una palabra antes de irme hizo de la “escena” algo mucho más excitante.


Puntuación: 10 de 10

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