#365. El ángel

Este relato se lo dedico a #365, la persona más amable y considerada que he conocido en toda mi lista de Excel, fue como un ángel para mí. También se lo dedico a #666.

Como lo comenté en mis relatos anteriores, en mi primer día en Panamá prácticamente nunca sirvió el wifi en el apartamento de airbnb que renté. Había acabado de llegar de nuevo al apartamento después de haber tirado con #364 en un parqueadero y al igual que en la mañana, el maldito wifi no servía en el apartamento. 

#666 es un amigo de Twitter que vive en Barcelona y que todavía no conozco, pero me pidió que le reserve el número #666 de mi lista. #666 es amigo de #365 y lo conoció cuando vivió en Ciudad de Panamá, #666 quería que #365 tuviera sexo conmigo y le pidió a #365 que me contactara para follar. 

Resulta que #365 venía en camino cuando dejó de servir el internet, sabía que sin internet me iba a quedar imposible darle las indicaciones completas para llegar al apartamento, me arrepentí de haber rentado ese apartamento y contactar a la bruja dueña de ese lugar. Pasaron casi 3 horas y el internet nunca sirvió, por lo que no pude contactar a #365 para verme con él.

Casi 3 horas después sin poder haberme conectado al internet me desesperé y salí a la calle a buscar un lugar donde me vendieran un minuto de celular para llamar a la dueña del apartamento para que me devolviera el dinero, pues estaba decidido a irme de allí esa misma tarde, sin siquiera haber pasado un día en el apartamento . 

Vale la pena aclarar que haber salido a pedir un minuto a celular para llamar a la dueña del apartamento pidiéndole ayuda porque no servía el wifi es algo que ya había hecho a las 10 de la mañana después de esperar por casi dos horas intentándome conectar al wifi. Mi roaming internacional no servía, y por eso dependía tanto del wifi. Era el colmo tener que salir por segunda vez a llamar a la dueña del apartamento porque estaba completamente incomunicado.

Me dio la dirección de su trabajo y salí a la calle a pedir un taxi para ir hasta donde ella estaba y reclamarle el dinero, el taxi se demoró una eternidad en llegar y muchos se rehusaron a llevarme. Ahí aprendí que no debo quejarme de los taxistas bogotanos. Llegué a donde la dueña del apartamento trabajaba, no quería ni verle la cara pero me devolvió el dinero. Salí de allí a la deriva, con mi maleta de ruedas, sin saber donde me iba a quedar esa noche. 

Entré al McDonalds que quedaba en frente y lo primero que hice fue conectarme al wifi para contactar a #365 y avisarle que no había tenido internet toda la tarde. Me respondió inmediatamente y me contó que me había esperado por más de dos horas, me disculpé y me preguntó dónde estaba. Le envié mi ubicación y le dije que iba a mirar en internet hoteles para quedarme esa noche, le envié mi ubicación y se ofreció a recogerme para llevarme a buscar un hotel.

“sé dónde queda el McDonalds donde estás” me escribió antes de venir. Llegó en menos de 5 minutos y me recogió en su camioneta negra. Fuimos en búsqueda de un hotel, no tenía idea donde estaba, pero #365 conoce muy bien el sector. Me tuvo mucha paciencia mientras buscábamos el hotel, me bajé a preguntar en al menos 5 hoteles antes de dar con el último en el que me hospedé.

Lo primero que preguntaba al preguntar en cada hotel era: “sirve el wifi?” Y siempre me decían que sí, pero con lo que me había sucedido volvía a preguntar: “y sirve bien?” Y me respondían que sí. Estaba muy traumado al no haber tenido wifi en el día, creo que no sobreviviría un día sin acceso a internet, y ese día me probó lo dependiente que soy de esta herramienta y lo mal que me puedo poner cuando no tengo acceso al internet. 

Por fin encontré un hotel que me gustó y donde me aseguraron que el wifi servía muy bien. #365 me acompañó durante toda mi búsqueda y subió conmigo a la habitación para consumar lo que habíamos querido iniciar desde las horas de la tarde, pues habían pasado más de 5 horas desde que supe que venía en camino al apartamento para tener sexo conmigo. 

Me conecté al wifi y no me sirvió el internet. No lo podía creer, pensaba: “pero donde estoy acaso? En una isla desierta donde solo sirve el wifi en los McDonalds? A qué lugar vine?” Me desesperé. Pensé que la solución a mi falta de acceso a wifi era quedarme en un hotel que me asegurara que servía bien el internet, pero no sucedió. Me conecté y desconecté mil veces, pero el wifi nunca sirvió. Llamé a la recepción y me dijeron que iban a reportar el problema, pero después de todo lo que hice para tener acceso a internet no logré conectarme.

Me resigné, no quería pensar más en el pésimo día que había tenido y #365 fue un gran distractor que me ayudó a olvidarme de esa experiencia. Dejé mi celular a un lado y me dispuse a pasarla bien. #365 tiene 25 años, es blanco, mide 1,70, es delgado, tiene el pelo pintado de rosado y tiene unos tatuajes muy sexis en el cuerpo. 

Nos desnudamos y le dimos inicio a la velada, lo que sería una sesión larga de sexo que superó mis expectativas. #365 da unos besos espectaculares, y es bien dotado. Le gustaba que me metiera su pene por completo en la boca. #365 traía condones y popper, se puso uno y me penetró en 4. Me tomó de la cintura y se empezó a mover con su pene dentro de mi, lo hacía muy bien. Recuerdo que gemí muy duro y los decibeles de mis gemidos alcanzaron niveles nunca antes vistos. Sabía que podían escucharnos las personas que se estaban quedando en las habitaciones de al lado, el chirrido de la cama era también fuerte pero nada se comparaba con el ruido que producían mis gemidos. 

En la pequeña ranura entre el piso y la puerta pude ver que pasó alguien porque vi una sombra pasar, me pregunto qué pensaría esa persona. No me importaba que me escucharan, la estaba pasando tan bien que solo podía concentrarme en la verga que tenía dentro. Debido a que #365 era bien dotado dolía un poco, mordía la almohada y me agarraba fuerte de la sábana.

 #365 rodeó mi cuello con su brazo y volteé mi cabeza para darnos algunos besos. Le pedí que me grabara con mi celular y cambiamos de posición: lo cabalgué mirando hacia sus pies. Mientras lo cabalgaba #365 me dio unas nalgadas que me dolieron demasiado. No podía evitar sobarme la nalga cada vez que lo hacía, pero inmediatamente me daba otra nalgada. De repente se fue la luz y tuvimos que dejar de grabar, pero esto no impidió que dejara de cabalgarlo, de hecho hizo que el momento fuera más excitante.

Volvimos a cambiar de posición y esta vez se sentó en el borde de la cama mientras yo estaba sentado encima de él cabalgándolo con mi espalda hacia su cuerpo y mi cabeza mirando hacia la ventana mientras me sostenía con mis manos sus piernas. Era muy excitante hacerlo mientras todo estaba oscuro, #365 me pidió que abriera mis piernas por completo y así lo hice, lo cabalgué sin parar, me cansé de tanto que lo cabalgué.

Me cargó mientras me sostenía las piernas con sus brazos, fue la posición más rica que hicimos, además es una posición que nunca había hecho porque siempre que me cargan lo hago con mi pecho y mi cara mirando hacia el activo mientras que esta vez lo hicimos con mi espalda hacia él. Admiro que hubiera sido capaz de cargarme por tanto tiempo, hasta que me volvió a poner en la cama donde me puso en 4 y allí me dio verga, esta última vez con más pasión, estábamos sudando

Caí acostado sobre la cama, ya no estábamos en 4 sino acostados él encima mío mientras me seguía penetrando, para ese entonces la luz ya había vuelto “Tienes un culo muy rico”, me dijo y enseguida me preguntó: “dónde quieres que me venga?”. “Dentro de mi culo en el condón”, le respondí. “Y si quiero venirme dentro de ti?”. Después de mencionar estas palabras pude sentir como su grado de excitación aumentó a un nivel que antes no había notado, gemía más fuerte y me lo hacía más rico. De repente sacó su verga, se quitó el condón muy rápido y volvió a penetrarme hasta el fondo, hizo unos cuantos movimientos muy rápidos dentro de mí hasta que sentí una presión pequeña y algo ligeramente caliente dentro de mí. Sabía que se había venido, me había preñado sin tener idea que lo iba a hacer conmigo.

Cayó cansado encima mío, pero me excitó mucho saber que tenía su leche dentro de mí. Nos bañamos juntos y nos volvimos acostar en la cama. mientras tanto lo único que hizo #365 fue mirar su celular, para mi mala suerte el wifi todavía no servía y tuve que quedarme mirando el techo. Nos vestimos y le pedí a #365 que me llevara a un McDonalds para conectarme a internet, pues llevaba sin conectarme desde que me recogió en la tarde.

Salimos del hotel y todo estaba oscuro en la ciudad, se había ido por completo la luz por una falla que hubo. Me sentía en un pueblo fantasma, no había casi carros, me sentía en una película de terror. #365 hizo el comentario que parecíamos en la película de “la purga” y tal cual así me sentí.

Pasamos por varios McDonalds pero todos estaban apagados, TODOS los establecimientos y tiendas estaban apagados. #365 me tuvo mucha paciencia, pues me llevó por todo ciudad de Panamá buscando un McDonalds que estuviera atendiendo, pero todos estaban apagados. Incluso me paró en dos restaurantes que tenían luz donde me bajé a preguntar si había wifi pero al intentar conectarme como raro: no servía.

Finalmente después de andar por una hora en ciudad de Panamá me mostró un Carls Jr., un restaurante de comida rápida y me contó que ahí debía haber internet, me bajé del carro y me despedí, pues me daba mucha pena tener que volver en caso que no hubiera wifi. Le di las gracias por la paciencia que me tuvo ese día ya que me esperó muchas horas y me dedicó toda la tarde y la noche.

Entré al Carls Jr. y lo primero que pregunté fue: “Tinen wifi? y sirve bien? y si como aquí me dan la clave?” la mujer que atendía me dijo que sí y me dispuse a hacer la fila por casi 10 minutos. Cuando llegó mi turno y me iba a atender la cajera se fue la luz de la planta, todo quedó oscuro. No había nada de luz ahora, ni siquiera afuera. Esperé unos minutos con la esperanza que volviera la luz y me atendieran, pero 5 minutos después la mujer me dijo que no iban a atender más personas.

No me la creía. Llevaba todo un día sin poder conectarme a una red wifi a excepción de la media hora que estuve en el McDonalds, además tenía hambre y estaba muerto de la sed, y no podía pedir un uber que me llevara al hotel porque el celular estaba que se me descargaba y no tenía internet. Desesperado y muerto de la rabia le dije a la señora que me vendiera al menos una lata de coca cola, la cual podía ver en la nevera que estaba detrás de ella, pero no quiso venderme la lata. Nunca antes había deseado tanto una lata de coca cola.

Tenía sueño, hambre, sed, y cansancio, pero lo que más me agobiaba en ese momento era la sed. Ni siquiera había una tienda o un supermercado cerca o alguno lejos abierto donde pudiera comprar una coca cola. Frustrado y con la garganta seca, muerto de la rabia salí del restaurante y al salir me pregunté: “A qué rayos vine a este país?”. Con el respeto de mis seguidores panameños, maldije su capital. Maldije ciudad de Panamá mientras caminaba a punto de llorar en una calle desolada, completamente oscura, donde no tenía idea donde estaba y además no pasaba ningún taxi.

Me sentía en una isla desierta, no creía lo que me estaba sucediendo. Podía tener toda la plata del mundo pero no podía comprar una coca cola o tomar un taxi de vuelta al hotel.

Creo que las personas que pasaron caminando al lado mío pensaron que estaba loco, pues grité grocerías muy duro hacia la oscuridad de la calle. Nunca me habían pasado tantas cosas tan malas y tan seguido en un día, olvidé mencionar que en el aeropuerto me atendieron muy mal.

Nunca había tenido tanta sed y nunca me había pasado que no pudiera encontrar un lugar donde me vendieran algo para calmar la sed. Y mucho menos, nunca había estado 100% incomunicado o completamente perdido sin saber a dónde caminar para tomar un taxi, en medio de la completa oscuridad.

Estaba a punto de llorar, muerto de la rabia, deseando nunca haber tomado la decisión de conocer el canal de Panamá, la razón principal de mi viaje. Minutos después de vagar por alguna calle de ciudad de Panamá vi un taxi acercarse, y afortunadamente me recogió. Me desahogué y me calmó, me entendió y me dio ánimo cuando le dije que ese día había odiado a su país. Me llevó al hotel, donde había luz y cuando llegué lo primero que hice fue pedir una coca cola, esa noche no quise comer nada porque la rabia y el estrés me habían quitado el hambre pero la sed había aumentado.

Subí a la habitación y me tomé la lata de coca cola en menos de un minuto. Lo primero que hice fue intentar conectarme al wifi, pero sucedió algo que como dice el dicho: fue la gota que rebosó la copa. No servía el wifi, intenté conectarme por más de media hora sin tener éxito. Llamé a la recepción y le hablé con un tono de voz molesto, desahogándome con el wifi de la ciudad en general.

“Es normal aquí que no sirva el wifi? están acostumbrados?”, la mujer me terminó diciendo que me devolviera a mi país si no me gustaba el wifi inservible de Panamá, pero lo más interesante es que me lo dijo en un tono muy decente, de hecho no fue grosera ni sonó como si me estuviera echando de Panamá.

Desesperado le pregunté si había un lugar en el hotel donde sirviera el wifi y me recomendó que fuera al quinto piso, pues me encontraba en el cuarto piso. Subí al quinto piso y allí por fin pude conectarme a internet, después de casi todo un día intentando tener acceso a internet, este servicio se convirtió en un privilegio, un servicio muy preciado de ciudad de Panamá, lo consideré como dinero, oro, un lujo para ese entonces.

Pude comunicarme por fin con mis papás y decirles que estaba bien, eso era lo que más me afanaba. No había podido hablar con ellos desde que salí del aeropuerto en Bogotá a las 5 de la mañana y estoy seguro que se iban a preocupar si no les respondía o si no me comunicaba con ellos ese día. Tuve que hacer un “upgrade” de mi habitación para tener acceso al wifi, pues las habitaciones del piso 4 donde me estaba quedando y donde no sirve el wifi tienen la cama un poco más pequeña que en el quinto piso, así que pagué un poco más para quedarme en un habitación del  quinto piso pero tenía la seguridad que iba a poder tener wifi todo el tiempo.

Quiero aclarar que no tengo ningún rencor con Panamá, es un país muy lindo pero ese primer día que pasé en la capital fue único, desastroso y muy traumante para mí. No le deseo a ningún turista que vaya a una ciudad donde haya un apagón, es de las peores cosas que le puedan pasar a uno en la vida.


Puntuación: 10 de 10 

Un comentario sobre “#365. El ángel

  1. No se le ocurrio comprar una simcard de 2 dolares, y le recarga 5 dolares, esto le da una semana de datos (internet) y asi no tiene que depender del wifi. (Al cambiar la simcard su watsapp sigue siendo el mismo de colombia).

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