#383. El gringo de Boston

#383 Me citó en el hotel donde se estaba quedando a las 10 de la mañana, estaba nervioso porque siempre que voy a ver a un extranjero a su hotel me pongo así. Llegué al lobby y #383 me hizo seguir sin esperar.

#383 medía 1,75, tenía 35 años, era mono, de ojos azules, de barba corta y tenía un tatuaje en todo el hombro y brazo izquierdo. Hablaba bien español y no lo dudo por el tiempo que vivió en Miami.

#383 era de Boston pero fue a la universidad en FIU en Miami. Era una coincidencia que se había criado en Hull, la península de Massachussets donde me quedé cuando visité Hardvard la vez que me acosté con #72 y #73. Me sorprende que fuera de Hull porque esta es una península muy remota de 10,000 habitantes a la que solo se puede llegar en Ferry desde downtown Boston, un recorrido de 20 minutos si uno no quiere conducir por dos horas desde el mismo punto. El mundo es un pañuelo.

Me contó que antes de venir a Bogotá había visitado Cartagena y que le había encantado, por lo que su estadía en esa ciudad inicialmente de una semana la extendió a un mes. #383 estaba de turismo en Bogotá y me preguntó qué lugares podía visitar, le dije lo mismo que le diría cualquier rolo.

Su habitación tenía dos camas sencillas y me senté en la que estaba destendida, mientras él estaba sentado en la cama de al frente se me acercó y nos besamos. Lo jalé hacia mi cama y le pregunté si tenía condones. Se paró de la cama y quedé con su paquete en frente de mi cara, se lo toqué y le desabotoné el pantalón para chuparle su verga.

Para ser gringo, #383 no era dotado, de hecho es el gringo con la verga más pequeña que he conocido. En cierta parte eso me gustaba porque no iba a doler. Le puse su pene duro con mi boca y le dije al oído: “I want you to fuck me”. Hizo una cara de arrecho que todavía recuerdo y buscó un paquete de condones entre su maleta. Me desnudé y me acosté boca arriba tocando mi ano con mi dedo índice para provocarlo. Lo miraba con una mirada de: “cómeme vivo”.

Me encantó ver cómo se acercaba mientras se ponía el condón con la verga hacia arriba, lista para ingresar en mi culo. Su verga entró muy fácil, su tamaño era el perfecto para disfrutarla dentro sin sentir dolor al principio. Era callado y no lo oí gemir ni decirme nada en la cama, contrario a lo que usualmente hacen los gringos.

Se movía despacio, no sé si era porque estaba a punto de venirse o si le gusta hacerlo así. Le faltó emoción a sus movimientos pero mis gemidos contrastaban con sus suaves y constantes movimientos. Miraba su tatuaje mientras sentía su pene rozar las paredes de mi ano, #383 me agarraba de las piernas y yo del borde de la cama.

Estaba mirando sus lindos ojos y su cara de excitación cuando me dijo con los ojos cerrados: “I’m gonna cum”, segundos después se vino pero si no fuera porque me avisó nunca me habría dado cuenta hasta que paró de moverse.

Mientras sacaba su pene de mi culo agarré el condón y quedé con él en mi mano, vi el semen dentro, escurrí la leche del condon sobre mi pecho y me masturbé con su particular olor.


Puntuación: 7 de 10 

 

 

 

 

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