#390. Rapidito mañanero con el negro

Cada vez que me preguntan con cuántos negros me he acostado me equivoco. Haciendo cuentas y gracias a mi lista de Excel me dispuse a encontrar el número exacto y es 3. #390 fue el tercer negro con el que estuve hasta hoy. Cabe la pena aclarar que los negros con los que he estado tienen buen cuerpo, buena cara, aseados, cultos… no hay como un dar con un buen negro en la cama.

Debo reconocer que después de haber estado con 3 negros, el mito urbano es verdad: Los negros no tienen penes grandes, sino gigantes. Los 3 penes de estos negros superan con creces el tamaño promedio, aunque el de #390 era más pequeño que los dos anteriores.

#390 me comió en su cuarto antes de salir al trabajo, fue un rapidito mañanero, perfecto para iniciar cualquier día. Tenía unos dientes perfectamente blancos, unos labios sexis y un cuerpo que aguantaba bastante ver con ese color de piel.

Como ya sabrán, no hubo mucho tiempo ni para hablar ni para tirar, así que todo fue muy rápido. Lubricó rápido y naturalmente su glande, su gran pene apenas cabía dentro de mi boca, se lo mamé por un tiempo corto hasta que sacó una tira de condones de su mesa de noche, de esos que regalan en sitios gays.

Le ayudé a ponerse el condón con ayuda de su mano y puse una almohada debajo de mi culo para que penetrara en pollo asado. “Mételo despacio, porfa” le pedí porque sabía que iba a doler mucho. Puse mi mano alrededor de mi ano para tener control de su verga mientras la metía y así evitar que me lastimara al meterlo rápidamente y por completo.

El negro ingresó su pene suavemente, no fue tan traumático como con los otros dos negros que me hicieron gritar y por poco llorar del dolor. Empezamos en pollo asado y a los pocos segundos me estaba dando en cucharita, y luego los dos acostados boca abajo, él encima de mí. Intentó venirse conmigo pero debido a su afán porque debía ir a trabajar, sacó su pene  y se masturbó sobre mi culo. A los pocos segundos sentí varios chorros calientes caer poco a poco sobre mis nalgas y mi ano, para luego escurrirse de una forma deliciosa.

Mi fetiche por el semen hizo que no quisiera limpiarme su leche, sino que me pusiera los boxers y me vistiera con su leche caliente y espesa escurriendo por mis piernas, y así me fui a clase ese día, con una sensación pegajosa pero muy arrechante.


Puntuación: 5 de 10

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