#393. El que casi derrumba la cama

Llevaba 3 meses sin tener sexo después del accidente, pero tampoco tenía planeado tener sexo ese día. #393 era alguien con quien había hablado hacía muchos meses por Skype, era uno de los cientos que me agregaron cuando transmitía en CAM4. Su interés en conocerme hizo que accediera a verme con él una tarde en su apartamento.

Se sintió raro volverme a encontrar con alguien después de tanto tiempo. Me recibió con su vestido del banco donde trabaja, del cual recién había llegado y me invitó a su habitación. Cuando me senté en su cama escuché el chirrido de una cama de madera mal instalada, como si le faltaran tornillos o unas cuantas tablas.

El chirrido era digno de una cama que ha presenciado muchos polvos salvajes, así que le pregunté el porqué del sonido y me dijo fijamente mirándome a los ojos: “Debe ser porque me gusta dar duro”. Su respuesta me dio mucho morbo y sentí como me puse duro inmediatamente, me imaginé como haríamos sonar la cama dentro de unos pocos minutos.

Me agarró del cuello y me llevó hacia la cama lento mientras se acercaba sus labios con los míos. Quedamos en posición misionero pero con ropa. #393 levantó su pecho y se sentó en la cama de rodillas mientras manoseaba mi abdomen y mis piernas. No dejó de mirarme a los ojos ningún momento y finalmente llegó el momento de desnudarnos. Vi como desabrochó uno a uno los botones de la camisa gris que llevaba, y así descubrí poco a poco su hermoso pecho velludo y el tatuaje de colores rojo y verde que cubría parte de su pecho y su brazo derecho.

No recuerdo de qué era el tatuaje, rara vez recuerdo los diseños de los tatuajes con los que me acuesto. Tenía un cuerpo muy lindo: acuerpado, ancho y con bastante pelo en el pecho. Si me preguntaran, tiene el cuerpo ideal que busco en un hombre.

Mi mirada dejó de enfocarse en su cara y se dirigió por el resto del tiempo. Una vez terminó de desabotonarse por completo desabotonó sus mangas y se quitó la camisa despacio, y de la manera más sexy que he podido ver a un hombre hacerlo, era como un streptease privado, y con final feliz incluido.

Toqué su pecho velludo por todo el tiempo que pude, del cinturón hasta su cuello. Palpé sus tetillas, su abdomen, sus hombros y sus brazos musculosos. El “streptease” continuó con mis manos en la hebilla de su cinturón, estaba listo para quitarle los pantalones, pero hay cinturones que no se desabrochan como la mayoría, y el cinturón de #393 era uno de esos cinturones con hebilla rara.

#393 acercó sus manos, tomó las mías y me enseñó a desabrochar la hebilla mientras tomaba mis manos, como cuando le enseñan a un niño a pintar.

Descubrí sus bóxers negros lentamente y vi su bulto grueso y duro sobresalir. Lo toqué y lo besé suavemente hasta que le ayudé a quitárselos y vi su dura verga. Se la mamé acostado boca arriba mientras él, encima de mí, movía su cadera de adelanta hacia afuera. “Qué rico lo mamas” me repitió varias veces.

Me atraganté varias veces, pero disfruté cada segundo de su pene en mi boca y de vez en cuando tenía que sacar su pene porque sentí que me iba a vomitar. Minutos después me dijo: “Ponte en 4”. Hice lo que me pidió y sentí su verga rozar el borde de mi ano mojado. Alcanzó un condón y se lo puso, puso saliva en mi ano y sin avisarme me penetró hasta el fondo. Di un grito de dolor, pero lo que siguió a continuación fue puro placer. Me agarró duro de la cintura y empezó a follarme en un ritmo tranquilo, pero en cuestión de segundos empezó a darme duro y sin compasión.

El sonido que producía su cama mientras tirábamos era lo más arrechante de ese momento. El sonido de la madera chillando al unísono de sus movimientos opacaron mis gemidos, sentía que la cama estaba a punto de colapsar, pero estábamos tan excitados que estoy seguro que si se hubiera caído, habríamos seguido follando.

Empezamos a sudar, nuestros movimientos eran bastante rápidos y hacía calor en la habitación. La posición en 4 en la que habíamos iniciado cambió debido a que #393 estaba cansado y se acostó encima de mí pegando su pecho contra mi espalda, sentí su respiración cada vez más fuerte en mi oído y en mi cuello.

Minutos después presentí cuando estuvo a punto de venirse, dio un gemido orgásmico muy suave y poco después dejó de moverse por completo. Al voltearme nos besamos y nos acurrucamos en cucharita en su cama, la cual había sobrevivido intacta a un ajetreo tal vez nunca visto.


Puntuación: 9 de 10

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .