#394. El socio de PricewaterhouseCoopers

Había algo que me llamaba demasiado la atención de #394 cuando hablamos por celular. Era un hombre exitoso, trabajador, había estudiado bastante y viajado por todo el mundo. Me daba la impresión que era inteligente, con metas y bien preparado.

En varias ocasiones intentamos cuadrar un encuentro en su apartamento pero debido a su trabajo nunca pudimos concretar algo.

“Qué hace?”, me preguntó una tarde por whatsapp.

“En clase”, le escribí

“Quiero comérmelo esta noche” me respondió.

#394 y yo habíamos tenido esa conversación en varias ocasiones y pensé que iba a ser una más donde no íbamos a terminar haciendo nada. Al parecer ese día #394 estaba muy arrecho o no tenía que salir tarde del trabajo como otros días. Le expliqué que debía estudiar para un parcial al día siguiente y que lo dejáramos para otro día, pero me convenció cuando envió a su conductor para que me recogiera en mi universidad al salir de clase.

Cuando salí había una Audi Q7 de vidrios oscuros esperándome a la entrada de mi universidad. Durante el trayecto no crucé una sola palabra con el conductor, y fue algo incómodo porque tuvimos que aguantamos un tráfico terrible por la séptima debido a un accidente que involucraba un motociclista muerto.

El apartamento de #394 es de esos que tienen ascensor privado y al abrirse uno entra directamente al apartamento. Al entrar #394 estaba hablando por celular mientras me hacía señas que me pusiera cómodo en el sofá de su sala. Unos cinco minutos después colgó y se disculpó por la demora en el teléfono. Se sentó al lado mío y emepezamos a hablar.

#394 era blanco y tenía unos ojos de color entre verde y gris,  su barba corta se le veía muy bien. Media 1.75m, y tenía unos dientes perfectamente blancos dignos de su voz que me excitaba con sólo oírlo hablar.

Me sentía nervioso al lado de él. Tal vez era su atractivo físico, la forma segura y el tono masculino con el que hablaba,  o la forma como me miraba fijamente a los ojos que me intimidaba. #394 era alguien amigable, cero tímido y muy conversador; eso ayudó a que me sintiera cómodo minutos después de empezar a hablar con él.

Me llamó la atención todo lo que había logrado a su edad: me contó de su MBA, del curso de dos meses que hizo en Harvard Business School, de sus maestrías y de las especializaciones que había hecho en Europa y Estados Unidos, además de todos los cargos importantes que había tenido antes de llegar a convertirse en socio en Pricewaterhousecoopers. Le dije que eso me acordaba de protagonistas de novela y se rió.

Mientras me hablaba no podía evitar morbosearlo de forma sutil. Miraba su entrepierna rápidamente simulando que cambiaba mi posición. Luego me dirigía a sus brazos, pues se notaba que debajo de esa camisa azul había un buen cuerpo. De repente me quedaba perdido en la mirada de sus lindos ojos y dejaba de oír lo que me decía, hasta que paraba de hablar para que yo le respondiera algo. En ese momento intentaba recordar lo último que había dicho y le respondía: “claro” con una sonrisa, esperando a que siguiera hablando para poder continuar mirándolo.

Me imaginaba en qué posición lo íbamos a hacer, cómo se lo iba a mamar, si nos íbamos a besar y por cuánto tiempo. Durante el tiempo que vi su boca moverse mientras hablaba mi cabeza no dejó de pensar en lo que venía a continuación.

Creo que notó que estaba distraído, muy disperso. Hubo un silencio incómodo, el momento perfecto para darle un beso. Y como si mi deseo fuera su orden, se acercó a mí para rozar sus labios contra los míos. Inmediatamente lo agarré del cuello y me lo llevé hacía abajo con él encima sobre el sofá de su sala.

No soy fan de tener sexo en los muebles de una sala, pero la comodidad de su sofá, la vista de Bogotá desde aquel lugar en el que estábamos, acompañados de la chimenea a gas prendida hicieron de su sala una opción mucho más amena para nuestro encuentro que si le hubiera pedido que fuéramos a su cuarto.

Me ayudó a quitarme la ropa mientras tocaba su pecho. Le quité la camisa y le chupé las tetillas mientras tocaba su pene que se estaba poniendo duro. Nos besamos por mucho tiempo. Le mordía los labios mientras entrelazaba nuestras lenguas de la forma más deliciosa. #394 se alejó y y se levantó del sofá, se paró en frente mío y puso su paquete en frente de mi cara.

“Me lo quería comer desde hace rato huevon!” Me dijo en el tono más arrechante con una mirada de macho cabrío que creo que me hizo salir precum después de mucho tiempo. Me hubiera podido venir con sólo tocar mi pene en ese momento pero no quería hacerlo todavía, debía esperar a disfrutar de su verga dentro de mí primero.

Se bajó los pantalones y vi su pene semiduro poniéndose más y más erecto. Agarré su verga y me la metí en mi boca por completo, se lo empecé a mamar mientras #394 me susurraba lo rico que se lo chupaba.

#394 agarró mi cabeza y empezó a jalar de mi pelo para que se lo mamara al ritmo que él quería. Mientras caían las lágrimas de mis ojos aproveché para agarrarme su culo redondo.

“Se deja preñar?” Me preguntó alejando mi cara de su pene. Mi reacción fue de inseguridad. No le dije si, ni no. Enseguida fue a su cuarto por unos condones y volvió mientras rompía el paquete del condón con sus dientes. Se lo puso rápido como si no pudiera esperar más para penetrarme.

“Póngase en cuatro” dijo afanado mientras se masturbaba con el condon puesto y observaba mi culo con mucho morbo. Quise provocarlo aún más y me puse en 4 moviéndome hacia atrás y hacia adelante con mi cabeza volteada hacía él mirando su mano masturbando su pene.

Se acercó y tomó mi cadera con sus dos manos, puso saliva en mi ano y en el borde del condón. Cerró los ojos y sentí su duro pene ingresar dentro de mí poco a poco. #394 definitivamente sabe penetrar a un pasivo.

Me sostuve del espaldar del sofá para no caerme, #394 se movía rápido y con fuerza, de nuevo sentí que estuve a punto de venirme sin tocarme. Tiramos en esa posición por 5 minutos aproximadamente hasta que sacó su verga. Me sorprendí y luego susurró: “estoy que me vengo, dónde quiere que me le venga?”. Le pedí que lo hiciera en mi boca.

Me arrodillé en frente a él, saqué mi lengua y esperé a sentir el sabor de su leche caliente. Segundos después dio un gemido orgásmico y sentí su semen caer en mi lengua, labios y mentón. Me vine después de tragarme su leche.

Nos vestimos y me agradeció por todo. Le dije que no tenía de qué agradecerme. Me pidió un taxi que se demoró 2 minutos en llegar.


Puntuación: 9 de 10

 

 

 

 

 

 

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