#397. El hermano perdido de un conocido

Tuve sexo con #397 gracias a un seguidor de twitter. Este seguidor, a quien llamaré S.T., había demostrado gran interés en conocerme durante esos días. S.T. era un médico bogotano que vivía en Ciudad de México donde trabaja y quería aprovechar su estadía en Colombia para conocerme. Una tarde, S.T. me invitó a un sauna gay.

Nos encontramos en una estación de Transmilenio cerca al sauna. En el camino me contó sobre sus anécdotas en lugares gays de Ciudad de México y Buenos Aires donde también ha vivido.

Entramos a un sauna que a primera vista se veía limpio y moderno, algo completamente diferente a lo que me esperaba por su fachada. Pagó mi entrada y la de él, y nos dirigimos hacia los lockers que quedan a la entrada para ponernos el “uniforme” del lugar que consistía en unas chanclas y una toalla alrededor de la cintura.

No había muchos hombres en el recinto, tal vez unos 10 incluyéndonos S.T. y yo. Sólo vi dos hombres que me parecieron lindos y que quería que me cogieran. S.T. y y yo conocimos el lugar apenas llegamos, rondamos los pasillos oscuros y me di cuenta que hay varios lugares para tirar, pues el lugar es bastante grande.

En nuestra travesía por los laberintos del sauna crucé varias miradas con los dos que me parecieron atractivos, la forma como se quedaron mirándome me hizo pensar que cada uno de los dos podría convertirse en un potencial polvo dentro de los cuarticos con camilla.

S.T. y yo entramos al cuarto de vapor y allí estaba #397. Admito que apenas lo vi pensé que era alguien que conocía y sentí algo de pena, pero al acercarme confirmé que era nada más alguien que se parecía mucho al de mi universidad: delgado, blanco, con cara delgada, 1,75m de alto y de 21 años aproximadamente, con pelo castaño claro peinado hacia un lado y ojos cafés.

Me puse a mamar el pene de un oso con barba que se veía rico mientras S.T. hacía cosas con alguien más. #397 nos miraba mientras se lo mamaba al oso y pude presentir que lo estaba provocando.

#397 se encontraba sentado en una de las bancas de loza blanca y después de mamárselo al oso me acerqué a él para restregar mi culo contra sus genitales, a lo video de “reggaetón”. Me di cuenta de que #397 estaba completamente parolo, muy duro, como cuando están listos para penetrar.

Le pasé un condón que llevaba y se lo puso con algo de esfuerzo, pues esos condones que regalan tienden a ser algo pequeños, y #397 era bien dotado. Me senté sobre él con mi espalda contra su pecho, la humedad del sitio ayudó a que su pene ingresara con facilidad.

Mientras tanto S.T. y los otros que estaban ahí nos observaban follar entre la oscuridad y el vapor. La posición en la que lo cabalgué era incomoda porque no tenía de dónde sostenerme. La banca estaba resbalosa, #397 estaba sudado y pegajoso, no tuve otra alternativa que tomar del brazo a un flaco que estaba en frente observándonos.

Cabalgando sentí que su pene ya no estaba grande ni funcionando. Seguí moviéndome en vano, hasta que sospeché que se había venido hacía rato. “Ya te viniste?”, le pregunté. Asintió con su cabeza. Me levanté y el condón quedó dentro de mi culo, lo jalé para sacarlo y lo boté en una esquina.

Me di cuenta que S.T. la estaba pasando bien con alguien más y me fui de aquel cuarto de vapor, subí al sauna segundo piso donde poco tiempo después conocería a #398.


Puntuación: 5 de 10

Un comentario sobre “#397. El hermano perdido de un conocido

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .