#400. El que me dio una preñada sorpresa

Cada vez que llego a una centena de mi lista, lo considero un logro. Pero no es un logro normal porque es uno que nunca me he propuesto. No sé si tenga mucho sentido, pero así se siente.

Quisiera aprovechar para aclarar que al momento de escribir esta entrada, mi lista va en 464. Eso quiere decir que voy atrasado 64 relatos al día de hoy. Mi encuentro con #400 data de hace un poco más de dos meses y espero poder actualizar este diario pronto, pues escribirlo toma tiempo. Y quieren saber un dato? Algunas veces toma más tiempo escribir el relato que la duración del polvo.

Insisto en que nunca me imaginé el éxito y la gran cantidad de lectores que se interesan por leerme: son ustedes la razón para dedicarle tiempo a relatar mis experiencias y compartir esos momentos que nos excitan y nos ayudan a escapar un poco de la rutina del día a día.

“Nunca dejes de escribir” me dijo hace poco alguien que me lee, de quien después contaré su relato. “Si escribieras un libro, lo compraría”, me dijo otro personaje de mi lista. Y no es la primera vez que me lo dicen.

Volviendo al protagonista de esta historia, tiendo a pensar que cuando llego a un #centena de mi lista, el encuentro va a tener algo único o especial. Y reitero: “tiendo”, porque la sensación es similar a cumplir años. #400 pudo haber sido #394, o #427, o cualquier otro número en mi lista de excel.

El día que conocí a #400 casi olvido nuestro encuentro. Fue un mensaje de whatsapp de él pidiéndome que le confirmara si nos íbamos a ver ese día lo que me recordó nuestra cita. Su foto de perfil me gustó mucho: era una foto de él sonriendo con su perro cocker spanel (o como se escriba) y si hay algo que me puede llamar mucho la atención en un hombre es su sonrisa, y #400 tenía una muy linda. Le confirmé inmediatamente.

#400 vive cerca de un Tostao y quedamos de encontrarnos allí a las 6 de la tarde. Llegué antes y aproveché para comparar un jugo. A las 6 en punto lo vi llegar en una chaqueta de cuero negra y jean: tiene 26 años, mide 1.70, es blanco, de ojos negros, pelo café y una sonrisa grande, es de esos hombres que sonríen bastante.

Me saludó como si nos conociéramos de toda la vida, cualquiera hubiera pensado que somos amigos y no unos completos desconocidos a punto de tener sexo casual.

Nos fuimos caminando hasta su edificio que queda a dos cuadras del Tostao. En el camino me contó que es administrador y que trabaja en una multinacional de productos de consumo masivo que se llama Quala. No tenía ides que son los que hacen vive 100, bonice y popetas.

El apartamento de #400 estaba muy organizado para un soltero que vive solo, me confesó que es obsesivo por la limpieza y el orden. Tenía una cama Queen que se veía muy cómoda y me imaginé a los dos tirando en ella.

Se quitó la chaqueta de cuero, nos quedamos parados mirándonos frente al otro y le agarré su paquete. #400 puso su brazo alrededor mío hasta que tocó mi culo y agarró mis dos nalgas.

Lo empujé para sentarlo en la cama y me senté encima de sus piernas con su cara al frente mío. No podía evitar hacer algo con esa linda boca y esa sonrisa. “Te gusta besar?”, le pregunté. Su respuesta fue un beso que duró al menos 3 minutos. Pasados los tres minutos los dos estábamos bien duros y me ayudó a quitarme la ropa. Después de desnudarme también se quitó la ropa y se lo mamé hasta que me advirtió que estaba a punto de venirse.

Paré de mamar porque no quería que se viniera e irme de su casa sin que me lo metiera. Me acosté boca abajo con mis ojos cerrados y esperé a que #400 me penetrara. Cerré los ojos y sentí su verga ingresar por las paredes de mi ano. #400 agarró mi cuello con su brazo derecho mientras me besaba la oreja, eso me recordó como me lo hizo#66, uno de los mejores polvos que he tenido.

Finalmente sentí sus dos manos agarrar mis nalgas mientras seguía follándome suave, apenas podía ver el televisor de su habitación porque estaba acostado boca abajo. Me agarraba del cubrelecho porque los movimientos rápidos de #400 al meter y sacarlo hacían que tuviera una sensación que me iba a caer, a pesar que era algo imposible.

“Gime puta” me susurró al oído. Había dejado de gemir por unos 20 segundos y eso me hizo saber que disfrutaba de mis gemidos. Gemí duro para su placer cada vez que lo sentía empujar profundo. Sentí algo ligeramente caliente dentro de mí, como cuando a uno se le vienen sin condón pero pensé que #400 se había puesto el condón que tenía listo en su mesa de noche cuando nos desnudamos.

Dejó su pene un rato dentro de mi culo después de venirse. Cuando estaba a punto de sacarlo volteé para ver si había usado condón y confirmé mi sospecha. “Me lo metiste sin condón?, pensé que te lo habías puesto!”, le reclamé.

“No me aguanté, se veía muy rico tu culo” respondió. Su respuesta me excitó mucho, sobre todo porque recordé cuando sentí su expulsión de semen, la cual debió ser mucha. Sentía mi culo lubricado y lleno de su leche. Le dije que no había problema y me masturbé mientras nos besábamos.

Nos bañamos juntos y me fui. Camino a mi casa lo anoté con emoción como mi número 400: El que me dio una preñada sorpresa


Puntuación: 10 de 10

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