#405. El que me hizo una mascarilla con su semen

El sexo con #405 fue exprés. No hubo tiempo para preguntas, ni para hablar. Su roomate venía en camino y no quería que nos encontrara en pleno ajetreo. Era moreno, con barba, de 29 años, medía 1.80 y tenía unos ojos grandes de un negro profundo.

Nos quitamos la ropa y vi su verga larga y morena medio dura colgar de su cuerpo. Se la chupé por unos minutos hasta que la puse de unos 18cm. Era curva hacia arriba, de un color marrón oscuro, y había una vena prominente que se destacaba a lo largo de todo su pene hasta llegar al glande.

Me puse de rodillas sobre el sillón de la sala. Puso su pene en mi culo poco a poco, dolió bastante pero prometió que lo haría despacio. Después de un tiempo el dolor se convirtió en ecstasis y me encantó. Empezó a ir más y más rápido follándome en 4.

“Voltéate, quiero que me cabalgues.” Me pidió. Se sentó en el sofá y me puse en frente de él para deslizarme entre su verga de nuevo. Empecé a besarlo pasionalmente mientras rebotaba de arriba a abajo con su pene dentro de mí.

Pude ver en su cara que estaba cerca al orgasmo. Me agarré fuerte de su cuello y desfogué toda mi energía en cabalgarlo como se debe: duro y rápido. Quería hacerlo venir, pero #405 tiene muy buen control de su orgasmo, es de esos que son capaces de venirse cuando ellos lo decidan.

Me agarró de mis naglas, me cargó y me dio un giro de 180 grados botándome sobre el sofá sin sacar su pene. Ahora me encontraba boca arriba y él encima mío. Puso mis pies sobre sus hombros para darme con su pene en pollo asado.

Gemí al unísono de su verga empujando hacia adentro, llevaba un ritmo perfecto, un ritmo que él dominaba y con el cuál decidía que todavía no quería venirse. 10 minutos después, cansado y agitado sacó su pene, botó el condón y acerqué mi lengua para recibir su descarga. Salió en 5 chorros, uno tras otro intenté no desperdiciar ni un mililitro de su preciada y caliente leche. Era salada y abundante.

Me alcanzó papel para limpiar los residuos de su semen en mi cara, tal vez no sabía que no me importaba que quedara leche de él en mi piel, y que por el contrario, me excitaba.

Simulé que me limpié su semen, pero en realidad no lo hice. Me fui a mi casa con la sensación de mi cara pegajosa que después se tornó tirante y reseca una vez el semen se secó por completo, como si me hubiera hecho una mascarilla.


Puntuación: 7 de 10

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