#409. El cubano del JW Marriott

“Estoy en Bogotá” Fue el mensaje que recibí de #409 por twitter. Ni un saludo, ni al menos un “hola”. Acaso yo sabía en qué ciudad o país estaba antes? Dicen que las primeras impresiones son muy importantes, y #409 no me dio la mejor de él. Lo dejé en visto hasta que me escribió de nuevo. “Tengo ganas de comerte”

Fue hasta que me envió una selfie sin camiseta frente al espejo de un baño lo que me hizo querer responderle. Era el típico selfie de cuerpo perfecto con bronceado naranja. Desde que vi esa foto sospeché que no era colombiano, y efectivamente #409 es un cubano que nació en la isla pero se fue a vivir con su familia a USA cuando cumplió 9 años.

Es blanco, de ojos azules, calvo, tiene 32 años y mide 1.78. Su aspecto físico me recuerdo a alguien de mi lista de Excel. #409 estaba en Bogotá por cuestiones de trabajo y se estaba hospedando en el JW Marriott que queda en la 73 con 8. Llegando al hotel sentí unos nervios que siempre siento cuando me invitan a hoteles. Pienso que los del hotel me van a mirar mal, que ya saben a lo que voy. Soy muy evidente y me pongo nervioso, hasta me sudan las manos.

Por fortuna #409 bajó hasta el primer piso para recogerme, me saludó y entramos como si nada. Eso ayudó a que mi experiencia no fuera estresante como las otras veces que me he tenido que anunciar en el lobby y pasar por la angustia de tener que inventarme qué tipo de parentesco o relación tengo con el huésped y el motivo de mi visita. Una vez en el Intercontinental de Medellín hasta me preguntaron desde hace cuánto lo conocía.

Entramos a la habitación, estaba fría. Me senté en la cama y él se acostó. Nos quedamos mirando fijamente por no más de 20 segundos, que se me hicieron eternos. Todo estaba en silencio, no sabía qué hacer, sentía que todavía no tenía la confianza para acercarme a hacer algo con él, así que decidí esperar a que diera el primer paso.

Hizo una seña con su mano señalando su entrepierna, como si me estuviera pidiendo que se lo mamara. Me acerqué y se bajó su pantalón para dejar salir su miembro viril. En mis encuentros con cubanos siempre he considerado que tienen penes muy lindos y grandes, además siempre he tenido excelentes experiencias en la cama con hombres de esta nacionalidad.

Le debía medir 18cm, lubricaba fácilmente y vi suficiente precum cubrir la punta de su glande. Saboreé cada mililitro de su precum. A medida que se lo mamaba sus bolas se fueron poniendo más grandes, eso me confirmó que estaba muy cargado de leche para mí. Sus bolas se inflaron por completo hasta quedar casi tan duras como su verga.

Le encantaba como le chupaba las huevas, me pedía que las succionara por completo hasta no poder respirar. Cambiaba lo que tenía dentro de mi boca entre su pene y sus bolas. Mientras se la chupaba, agarraba su culo fornido y grande. #409 tiene una de las nalgas más lindas que he visto: son redondas, blancas, musculosas y perfectas.

Soy amante de las vergas y no me enfoco en el culo del otro, pero el culo de #409 era hermoso. “Qué posición quieres?”, me preguntó. Estaba enamorado de su culo y quise una posición donde pudiera agarrarlo mientras me follaba. Me acosté para que me clavara en pollo asado. Sacó el condón y se lo puso, me pentró despacio. Las paredes de mi ano se estremecieron a medida que dejaron ingresar el pene grueso de #409. Me aferré a sus nalgas muy fuerte con la palma de mis manos y finalmente lo sentí todo dentro de mí.

Lo que recuerdo después de eso es una sensación infinita de placer y deseo por #409, como si fuera alguien que quisiera que me cogiera todas las noches en esa posición. Quité mis manos de sus nalgas y las subí lentamente a su cintura, luego su espalda hasta que llegué a su cuello y me agarré de su nuca mientras sacaba y metía su pene de mi culo suavemente.

Alejó su pecho del mío y quedó en una posición arrodillado sobre la cama, con su cuerpo erguido y su pene todavía dentro de mí. Me agarró fuerte de la cintura para moverme al ritmo que él quería. Tiempo después dejó de agarrarme y mientras me follaba puso sus brazos arriba, en L, como “Popeye”, con la mirada fija en mis ojos para que viera los músculos de sus brazos, eso me tenía loco.

Me empezó a penetrar cada vez más duro, lo sentía cerca de llegar. Aumenté la frecuencia y los decibeles de mis gemidos al mismo ritmo y fuerza que #409 aumentó sus movimientos, “AH!, AH”, AH!” Gimió al momento del orgasmo. Mientras se venía puse mis manos en sus pectorales observando su cara de placer. Me dio un beso apenas terminó.

Sacó su pene con cuidado y botó el condón en el inodoro. Me vestí y le comenté que tengo familia en Miami, y que cuando vuelva me gustaría que me lo volviera a hacer. Anoté su número y desde entonces lo tengo guardado para volver a disfrutar de él algún día.


Puntuación: 20 de 10

2 comentarios sobre “#409. El cubano del JW Marriott

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