#418. El chef reservado

Mi encuentro con #418 fue algo espontáneo en comparación con lo que tengo acostumbrado. Compartimos fotos hot por whatsapp y le envié algunos videos de mi culo que lo excitaron bastante. No tenía planeado verme con él verme ese día, pero cuadramos nuestro encuentro minutos antes de vernos.

Las fotos de su verga me pusieron cachondo inmediatamente. Quería tener esa verga profundo dentro de mi culo y la posibilidad de tenerla dentro de pocos minutos me arrechó mucho. Tampoco me imaginé que en persona su verga era mucho más grande de lo que se veía en las fotos.

#418 era de baja estatura, pelo negro, blanco, ojos negros, sin barba, y de contextura normal. Antes de follar conversamos un rato y me contó que es chef en un restaurante, por alguna razón no se me ocurrió preguntarle en qué restaurante, aunque no estoy seguro si me hubiera dicho. Era alguien reservado, como yo. A veces no me gusta que me hagan muchas preguntas de mi vida personal, dependiendo de la persona, de qué tan stalker se vea y mi estado de humor puedo ser más abierto.

Lo que más me excitó de estar con #418 fue cuando me desvistió con sus manos. Nunca le pongo mucha atención al momento de desnudarme, pero con #418 ese momento fue único e inolvidable. Lo hizo despacio, como todo un experto desabotonó los botones de mi camisa, la abrió y me levantó de la cama con sus brazos para quitármela. Luego siguió con mi cinturón mientras rozaba sus labios con mi abdomen. Me quitó el cinturón despacio y continuó bajando mi jean, me lo bajó todo hasta que quedé en boxers.

Para ese momento los dos estábamos duros, #418 estaba todavía con toda su ropa y yo prácticamente desnudo. Me tocó todo el cuerpo, de pies a cabeza, como una especie de masaje que no era relajante sino morboso. Finalmente se desvistió y se acostó boca arriba en la cama con su verga completamente erecta, lista para meter mi boca en ella.

Se la chupé y a medida que lo hacía #418 me tomaba de la cabeza para que se la mamara al ritmo que él quería. Al final me hizo salir lágrimas porque la metió muy profundo en mi garganta.

“Quiero que me lo metas”, le dije y me puse en 4 para ser penetrado. Metió su pene despacio hasta que puso sus manos sobre mis hombros y me dio verga a su antojo, a toda velocidad, sin importarle mis gritos. El único sonido en aquel lugar era el de mis gemidos. Estábamos en un segundo piso, la ventana de la habitación donde estábamos quedaba hacia la calle y cualquiera que pasara por el andén podría habernos escuchado.

Terminamos haciéndolo en cucharita mientras #418 acariciaba mi cintura y mi pene. Allí se vino con un gemido suave pero largo, vi sus ojos cerrarse con fuerza mientras llegaba al orgasmo.

Me vestí y #418 se quedó desnudo en su cama, duramos hablando unos cinco minutos más hasta que llegó el uber.


Puntuación: 6 de 10

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