#426. Rapidito mañanero con el ejecutivo de medias negras

A veces no hay nada como empezar bien el día con un rapidito mañanero. Los mañaneros me ayudan a liberar estrés y empezar el día con mucha energía.

Fue un encuentro no planeado, pero muy excitante. “Viene, me lo como rápido y se va porque tengo que salir a la oficina” me escribió minutos antes de llegar a su apartamento.

#426 es un empresario que vive solo en su apartamento de Chicó. Sabía que tenía afán porque debía salir a trabajar pero antes necesitaba que alguien lo deslechara porque estaba muy arrecho y con las huevas cargadas de leche.

Llegué a su edificio y me anuncié en la portería. Me hizo seguir y cuando iba saliendo del ascensor me di cuenta que la puerta de su apartamento ya estaba abierta para dejarme entrar. Estaba recién bañado, afeitado y vestido en traje negro y corbata. Tenía puesto un reloj muy fino y sus zapatos negros y brillantes se veían impecables.

Me arrechó mucho verlo vestido así de elegante, como todo un ejecutivo. Me preguntó de donde venía y le expliqué que de mi casa y que tampoco me podía demorar mucho porque tenía clase.

En realidad dije eso para agradarle y crear empatía en cuanto al hecho que los dos debíamos “cumplir” con nuestros deberes del día. Sí tenía clase, pero muchas veces he faltado a clase o llegado tarde por tener sexo. Si él no hubiera tenido que trabajar y hubiera sido un día de vacaciones para él, me habría quedado todo el tiempo hasta que me lo permitiera con esa ricura de hombre

Era blanco, medía 1.90, tenía ojos negros y una apariencia de galán de telenovela. Su afán hizo que fuéramos directo al grano. Apenas me saludó con un apretón de manos me llevó hasta su habitación. Olía a pefume fino de hombre y sabía que después de tirar con él ese olor iba a cambiar.

Me desnudé rápidamente y me puse en 4 sobre su cama, con mi cara mirando hacia atrás donde estaba #426 todavía parado y quitándose el vestido. Quedó en sus medias negras y eso me dio mucho morbo. Verlo con esas medias negras que le llegaban hasta debajo de las rodillas es algo que recuerdo vívidamente. Sacó el condón de su mesa de noche y se lo puso con afán. Me penetró hasta el fondo y debido a mi arrechera me dolió muy poco.

Me folló duro en 4, sabía que #426 estaba cargado de mucha leche y estaba muy excitado por los gemidos que dió mientras me penetraba. Segundos después de empezar a follarme cambió su ritmo a un ritmo mucho más despacio. “Qué pasó?”, le pregunté pensando que se había venido. “Estoy que me vengo pero quiero seguir penetrándote”, me explicó. Esta es una situación que me pasa con muchos con los que estoy. A veces quisiera que me follaran más duro, pero la consecuencia de ello es tener que disfrutar menos tiempo de su verga dentro de mi culo. Pedirles que me den más duro es tener ese pene dentro por menos tiempo.

#426 no duró más de 2 minutos follándome antes de venirse. “Estaba muy arrecho” dijo muy cansado después de venirse.

No me masturbé, sabía que #426 tenía afán y no quería hacerlo esperar más tiempo. Me vestí y salí de su habitación donde me acompañó hasta la puerta.

Al salir de su apartamento me acordé de lo limpio que se veía #426 cuando lo vi por primera vez, y lo sudado y despeinado que se veía desnudo después de tirar conmigo. “Misión cumplida”, pensé mientras bajaba en el ascensor.


Puntuación 7 de 10

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