#430. El maestro de mis dos posiciones favoritas

Estoy muy cerca de llegar al #500 de mi lista de Excel. Como sabrán, voy algo atrasado en mis relatos debido a que mi follaje aumenta más rápido que mi escritura haha. Siento como si hace poco llegué al #400, y ya voy para el #500. No me imagino si no hubiera sido “casto” durante los 5 meses que no tuve sexo este año después del accidente, tal vez iría en el #600, o #700.

Conocí a #430 hace tiempo en un paseo con unos amigos a Villa de Leyva. Tiene 21 años, es blanco, mide 1.75, de ojos azules, pelo negro y delgado. Desde que nos presentaron sentí que le llamé mucho la atención, de esa atención que uno no recibiría de un hetero por más que sea muy buena gente. Durante el paseo me buscó en varias ocasiones, siempre se sentó al lado mío  y me pidió mi número cuando volvimos a Bogotá.

Nuestras conversaciones por el celular se convirtieron cada vez más íntimas hasta que un día me invitó a una “rumba” con unos amigos que teníamos en común. En medio del alcohol y el efecto que produce, terminamos en su casa a eso de las 2 de la mañana. Nos fuimos en un taxi y dejamos al resto de amigos que estaban ebrios. Creo que los dos sabíamos en qué iba a terminar esa noche, todo era cuestión de 5 shots de guaro para terminar en su cama.

Llegamos a su casa y él pagó el taxi, me pidió que hiciera silencio porque sus papás estaban durmiendo. #430 vive en una casa grande en Usaquén, y la probabilidad que sus papás nos escucharan eran mínimas. Entramos despacio y en silencio, procurando no hacer ruido. Seguimos a su habitación en el segundo piso y cerró la puerta con seguro. Me tiré en su cama y él encima mío. Se quedó mirando fijamente a mi ojos por un tiempo que se me hizo eterno, pero sirvió de antesala para crear un vínculo único en la cama. Estábamos muy arrechos, viviendo un momento con el que habíamos fantaseado por mucho tiempo.

Acercó su boca y me dio un pico. No esperaba que fuera tan corto, esperaba que fuera un beso largo donde nos comiéramos la lengua. Fue entonces cuando lo agarré de la nuca para acercarlo de nuevo a mi boca y le di un beso con lengua que jamás olvidaría. Su aliento olía a aguardiente, el cual iba muy bien con la ocasión y de hecho, me pareció algo excitante.

Fue un beso largo que debió durar más de 5 minutos, tiempo suficiente para que estuviéramos duros. Bajé mi mano y la puse en su entrepierna. Sentí un pene completamente erecto y que parecía grueso, saber que lo iba a tener dentro de mí en pocos minutos me tenía muy excitado. Bajé la cremallera de su pantalón pero me interrumpió en el acto.

Se levantó de la cama y empezó a desvestirse en frente mío mientras me seguía mirando fijamente a los ojos. Sentí como si me estuviera haciendo un streptease porque lo hizo despacio al ritmo de unos movimientos muy sexys. Quedó en su jean y sin camisa. Empezó a hacer movimientos con su cintura adelante y hacia atrás al mismo ritmo que con sus brazos, simulando estar cogiendo a alguien. Y ese alguien iba a ser yo, tenía unas ganas increíbles de masturbarme.

Me desnudé en su cama mientras él continuaba con streptease bajándose el pantalón y los bóxers de la forma más arrechante. Nos acostamos desnudos en su cama en posición fetal al frente del otro. Nuestro encuentro se caracterizó por la mirada fija y constante. Era como si #430 disfrutara de observar al otro por un tiempo indefinido.

Bajé para chupar su linda verga encorvada hacia arriba y venosa. Su glande era muy prominente en comparación con el resto de su pene. Saboreé su precum, había producido tanto precum que tuve que preguntarle si se había venido, fue un alivio saber que no.

Llegamos a una posición donde yo estaba encima de él mirando hacia sus pies mamándosela y mi culo sobre su cara, como una especie de 69. #430 es un experto chupando culos, estimuló mi ano de la manera más arrechante posible. Abrió mis nalgas con sus dos manos y metió su lengua suavemente y succionó mi ano con sus labios durante varios minutos. Mientras lo hacía, me imaginaba cuando estuviera disfrutando de su pene dentro.

“Quiero metértelo”, me dijo en un tono muy morboso. “Qué posición quieres?”, le pregunté. “En pollo asado”, respondió. Me gusta cuando me piden esta pose de primerazo. Me encanta la fusión entre la posición pollo asado y misionero y aunque son similares, no son las mismas. Es la alternación entre pollo asado y misionero la que me disfruto tanto.

Alternar la posición de mis pies encima de los hombros del activo, luego bajarlos para abrazar su espalda con mis piernas, abrirme por completo de piernas para volver a poner mis pies encima de sus hombros. Cualquiera sea el orden en que mueva mis piernas, me gusta poder ver la cara de placer y concentración del activo a medida que empuja su cuerpo y su verga dentro de mí.

Eso fue exactamente lo que hicimos #430 y yo esa noche. Tuve la oportunidad de estar con un activo que era todo un maestro de las posiciones pollo asado y misionero. Lo mejor es que me daba toda la libertad para mover mis piernas sobre sus hombros, su espalda y abrirme por completo mientras lo dejaba entrar hasta lo más profundo de mi cuerpo.

El ritmo al que me penetraba era perfecto para poder moverme a mi antojo, #430 siempre estaba listo cuando quería mover mis pies. Le gustaba cambiar de velocidad, podía coger,e despacio y luego aumentar su ritmo para darme bien duro, y luego volverse a mover lento. Me sostuve de las almohadas, la sábana, su espalda, su nuca, sus nalgas y su cintura. A pesar de que sólo lo hicimos en esas dos posiciones, fue como si hubiéramos hecho todo el kamasutra.

Predije cuando se iba a venir: aumentó su respiración y sus movimientos, un leve gemido me aseguró que había llegado. Me encontraba masturbando en ese momento y me vine 1 minuto después de que él se vino con su pene todavía dentro, pero quieto. Nos dimos un pico y me alisté para irme. Todavía recuerdo sus movimientos y me dan ganas de masturbarme.


Puntuación: 10 de 10

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