#437. El taladro humano

#437 me había escrito varios mensajes por tinder. A pesar que no uso mucho esta aplicación, a veces se encuentra gente linda e interesante. Tenía 27 años, era blanco, de ojos verdes, medía 1.70 y tenía barba corta. Tenía unas fotos que me dieron ganas de llevármelo a la cama.

Me invitó a su apartamento días después de empezar a hablar. Se veía tal cual como en las fotos: tenía una piel suave, y mi primera impresión fue que era alguien muy amigable. Dicen que no hay que juzgar un libro por su portada, pero la primera impresión de un hombre con el que me voy a acostar importa mucho para mí a la hora de tener sexo. Hay gente con la que uno genera un vínculo de confianza y atracción fácilmente; mientras que hay otros pocos que por su forma de ser generan una barrera en mí que hacen que no pueda sentieme plenamente cómodo a su lado. #437 es de esos con los que puedo sentirme en confianza con facilidad.

Se levantó de la cama, se quitó la ropa y me mostró su lindo cuerpo desnudo. Tomó su pene duro con la mano y lo puso en mi boca. Lo mamé como si estuviera sediento por probar su semen. Lamí su punta mientras le hacía la paja con mi mano, luego alejé mi mano y me lo volví a meter hasta el fondo para mamárselo muy rápido.

Lo tenía a punto de venirse hasta que sacó su verga de mi boca. “Quieres mi verga adentro?”, me preguntó. “Quiero que me taladres” le respondí. Creo que nunca antes le había pedido a alguien que me “taladrara” pero con lo arrecho que me tenía #437 me salió muy natural y fue una petición muy genuina.

Le mostré mi culo y se acercó para penetrarme. Lo agarré fuerte del brazo y me abrí de piernas para que me lo metiera. Insertó la punta y me sentí tan mojado que empujé mi culo hacia adelante para dejar entrar su pene más profundo. Me lo metí hasta el fondo a mi ritmo, tuve el control en la forma como me lo metió pero una vez lo tuve dentro, todo el trabajo lo hizo él.

Tenía el pene de #437 estimulando mi ano de una forma única. Se tomó muy en serio mi petición y me taladró como se lo pedí. Me abrió de piernas y se encargó de darme verga al ritmo de un taladro: rápido y duro. “Te gusta como te taladro ese culo?” Me preguntó mientras caían gotas de sudor por su frente. Le repetí varias veces que me encantaba como me estaba taladrando y cada vez que lo hacía, #437 aumentaba más su ritmo.

Llegamos a un punto en el que debí parecer una perra en celo por mis gemidos y nuestros movimientos bestiales. “TALÁDRAME!!” grité muchas veces con su verga entrando y saliendo de mi ano. Admiro a #437 por la energía y el voltaje que demostró en la cama y la forma como me cogió. Es de los pocos que me han penetrado de esa forma tan animal pero tan arrechante.

Estábamos sudados, cansados, y aún así aguantamos mucho. #437 me tenía a punto de venirme pero no quería hacerlo todavía. Se agarró de la cabecera de la cama, me miró con una mirada de macho cabrío: bravo pero arrecho. Dio tres empujones duros a un ritmo más despacio del ritmo al que iba y supe que se había venido. Me masturbé y me vine sobre mi abdomen con su verga dentro.

Le quité el condón usado y fui al baño para botarlo. Me siguió hasta el baño y me dio un beso en la nuca, me volteé para darle un pico en la boca. Cuando lo besé me agarró el culo y frunció los labios como lo han hecho antes de cogerme.

Me acosté de nuevo en su cama y hablamos por media hora antes de irme.


Puntuación: 9,5 de 10

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