#441. El que tiene alma de violador

El día que me encontré con #441 me contó que había acabado de tener una entrevista de trabajo en Coca Cola Femsa y que le había ido muy bien. Todavía tenía puesto su traje formal azul oscuro y una corbata negra que combinaba muy bien con su camisa a rayas.

Se quejó de los 4 meses que llevaba sin empleo y de lo difícil que está conseguir trabajo en esta ciudad. Supe que debía ayudarlo a desestrezarse y darle un rato de placer y relajación.

#441 mide 1.76, es trigueño claro, de pelo negro y ojos café. Lo miré a los ojos, y puede ver el ardiente deseo en sus ojos. Me mordí el labio y se quitó la chaqueta del traje, me agarró por la cintura con fuerza y me acercó a él para darme un beso apasionado.

Me empujó sobre la cama y se acostó encima mío para besarme intensamente. Sus labios se sentían como la seda. Me manoseaba todo el cuerpo pasionalmente y con afán. Sentí que apretó su miembro contra mi estómago y con cada beso pude sentir su verga agrandándose cada vez más.

Se quitó la camisa y me rodeó la cintura con un brazo para desabrocharme el cinturón. Lo lanzó al otro lado de la habitación, luego me quitó el pantalón y luego los boxers.

Me volteé con mi cara hacia abajo y bajó mis pantalones suave y sensualmente, luego empezó a rozar sus grandes manos sobre mi culo, continuó deslizando sus labios por mis nalgas.

No podía evitar morder la almohada de placer. Bajó sus pantalones y frotó su dura verga contra mi ano, lo cual me hizo gemir un poco. Bajó sus manos y a medida que frotaba su pene con la raja que separaba mis dos nalgas comenzó a masajear mi culo redondo.

Lo hizo lento, pero aumentó la velocidad pronto. Sabía que #441 estaba demasiado excitado por la forma como me tocaba y respiraba. Empujó su miembro dentro de mi ano y sentí su pene dentro de mí. Inmediatamente grité para quejarme por habérmelo metido sin condón e intenté quitárnelo de encima, me tomó de los brazos para evitar que pudiera moverme.

Me tapó la boca para no dejarme gritar mientras me sostenía con fuerza para que no pudiera resistirme. Moví mis piernas, intenté sacar mis brazos hacia los lados, pataleé con fuerza, hice todo lo posible para safarme pero no tuve la fuerza suficiente para alejar a #441 de mí.

En ese instante recordé las veces que me han violado y sentí ese miedo que se ubica en mi estómago, me da náuseas y me da una sensación de escalofríos. Los segundos que me retuvo de esa forma se me hicieron eternos, pensé que llevaba minutos así.

“Tranquilo! Tranquilo!” Dijo para calmarme. Sacó su pene y me soltó por completo, me quedé paralizado, seguía angustiado pero algo aliviado que hubiera dejado de taparme la boca y que me hubiera soltado.

“Qué haces?” Grité quejándome. Le reclamé por habérmelo metido sin condón y por haberme agarrado así para no dejarme mover y por haberme tapado la boca y la nariz sin dejarme respirar ni gritar. Se disculpó y me dijo que había sido algo de instinto que no pudo evitar hacer para que no me asustara.

También reconoció que le excitó haberme retenido a la fuerza de esa manera, pero que su intención no había sido hacerme daño sino calmarme. Logró todo lo contrario.

“Sólo te metí la puntica”, me repitió varias veces cuando le reclamé. Después del susto y de recordar por segundos cuando me violaron fue un alivio saber que de repente #441 no era la persona que por segundos pensé que podía ser, su disculpa ayudó a que me calmara volviera a tomar confianza.

“Te lo quiero meter, perdóname” me dijo en un tono tierno y amable. Le pedí que esperara unos minutos mientras volvía a mi estado de ánimo normal porque seguía nervioso y estresado. Minutos después que me calmé se puso el condón. Me volví a acostar boca abajo y deslizó su pene hacia dentro y luego fuera mientras aumenta la velocidad. “Más rápido!” Le pedí gimiendo, la cama empezó a rechinar con el sonido más arrechante.

“¡Uhhh! ” gritaba #441 mientras me daba más duro. Podía escuchar su cuerpo golpear contra mi culo. Mi corazón latía más rápido.

“Qué rico culo parce”, me susurró al oído pocos segundos antes de correrse. Dio unos gemidos largos que me prendieron mucho y los chirridos que producía la cama dejaron de sonar. Se quedó quieto y sacó su verga. Me masturbé segundos después tocando su rico pecho velludo.

“Quiero repetir contigo” fue la última frase que dijo al despedirnos. Qué ingenuo, pensé por dentro.


Puntuación: 5 de 10

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