#451. El que se siente sucio después de tener sexo

En mis primeros encuentros sexuales no podía evitar sentirme sucio después de tener sexo. Debía llegar a mi casa inmediatamente a bañarme porque sentía que olía mucho a sexo y que cualquier persona que se me acercara lo iba a notar. No sólo era una sensación de sentirme sucio por el sudor y los olores, sino de sentirme sucio moralmente, pues me sentía un poco culpable por haber hecho algo indebido. Era esa inocencia la que me hacía sentir así, esa inocencia que con el tiempo perdí. #451 me recordó a mí en mi época de inocencia.

Llegué a su apartamento ese día y esperaba ponerme de rodillas, mamárselo, tirar y ser inmediatamente despedido en la puerta como lo hacen la mayoría, pero en realidad me ofreció un trago, y nos relajamos en su sala hablando de bobadas por un tiempo. Se quejó de los hombres gays que tienen sexo muy seguido y de lo vacías que deben ser sus vidas, según él. #451 no tiene ni idea de mi vida sexual, y le seguí la cuerda porque no me hubiera sentido cómodo hablando con él de lo que hago.

Caminó hacia la cocina y regresó con otra cerveza para él y otra para mí. Después de 40 minutos hablando había olvidado por qué estaba allí, su mano se movió entre mi entrepierna y comenzó a frotarme. Le devolví el favor, deslizando mi mano por su cremallera. Se puso duro muy rápido, y en poco tiempo se levantó y me arrastró de la mano hasta su habitación, me excita cuando hacen eso. Se bajó los pantalones, exponiendo su dura verga. No tenía el pene más largo o más grueso que había visto, era de alrededor de 15 centímetros, pero muy venoso, rosado y húmedo.

Me arrodillé frente a él y se lo chupé, me di cuenta que #451 era bastante exigente: controlaba mi ritmo sujetándome y empujándome la nuca, haciéndome alternar entre la cabeza, y sus pelotas. La suave y amistosa conversación había cambiado de tono: empezó a hablarme sucio,  diciéndome todo tipo de cosas como “sigue así puta” y “amas esa verga, ¿verdad?” lo cual me excitó aún más.

Seguí empujando mi cabeza más y más profundo con su pene dentro de mi boca hasta que casi me atraganté. Se lo mamé en algunas posiciones más: con él de pie y yo de rodillas, yo acostado en la cama y él follando mi cabeza colgando. Finalmente agarró mi culo redondo y dijo que quería follarme, mi boca goteaba saliva y su líquido preseminal.

Se puso el condón y me abrí de piernas, hubo varios intentos de penetración antes que entrara por completo. Mi culo estaba apretado a pesar de todo el sexo que había estado teniendo recientemente. Después un tiempo se hizo más fácil y me sacudió de un lado a otro lentamente, mientras me acostumbraba a su pene dentro de mí. Me pidió que me acostara boca abajo y así lo hice.

Me agarró del pelo y levantó mi cabeza mientras se inclinaba hacia adelante sobre mi espalda aún empujando. Estaba gritando y era muy evidente que no eran gemidos de placer como siempre, sino de puro dolor.”¿vas a ser un niño grande ahora?” susurró. Claramente se había impacientado y frustrado por tener que ir súper lento con mi culo debido a mi lloriqueo constante. Asentí con la cabeza, ese era todo el permiso que #451 necesitaba mientras aceleraba sus embestidas. En realidad solo fue al principio que me quejé del dolor, una vez me acostumbré a su verga sólo fue placer.

Me aferré a la mesa de noche que estaba a 5 centímetros más o menos, mientras sentía su pene golpeando mi próstata en esta posición repetidamente. Follamos en esta posición por un tiempo, y  luego me puse en 4 después de que la mesa se movió. Terminamos en pollo asado con mis pies sobre sus hombros.

#451 estaba obsesionado con mi culo, y repetidamente lo azotaba mientras me estaba perforando. Me lo metía tan fuerte que tenía que agarrarme constantemente a algo para mantenerme en posición. Nos pusimos de pie con mi cuerpo apoyado en la pared con mis piernas abiertas y él detrás de mí. Me presionó la cara duro contra la pared y quedé acorralado entre la pared dura y fría y su mano. Un minuto después, gimió en voz alta mientras disparaba su descarga en el condón dentro de mi culo .

Los dos nos tiramos a la cama tratando de recuperar el aliento, después se levantó, me trajo una toalla y me dijo que podía usar su ducha. Le dije que no se preocupara, que me iba a bañar en mi casa cuando llegara, aunque posiblemente en el fondo no lo haría. #451 se sorprendió cuando le dije que no me bañaría en ese momento. Me preguntó si no me sentía muy sucio como para ser capaz de devolverme a mi casa sin bañarme y que uno siempre se debe bañar después de tener sexo.

No había sudado prácticamente nada en nuestro encuentro sexual y no lo veía necesario; pero le había seguido la corriente en nuestra conversación sobre “lo vacíos y promiscuos que pueden llegar a ser los gays”, y pensé: Por qué no bañarme también para continuar mi papel de joven correcto que tiene sexo solamente una vez al año? Nos metimos los dos a bañar juntos por un buen tiempo, fue un baño lleno de besos, lujuria y caricias. En medio de nuestros besos sentí ganas que me lo volviera a meter, pero cuando vi su pene flácido y pequeño después de haber botado tal cantidad de semen, se me quitaron las ganas.

Salimos de la ducha y seguimos hablando por casi una hora más, definitivamente #451 es un gran conversador.


Puntuación: 8,5 de 10

 

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