#459. Cruising en los baños de la oficina del activo

#459 me escribió una tarde para decirme que quería cogerme y me envió unas fotos de su cara y cuerpo. Me gustaron sus fotos y le pregunté si tenía sitio.

Me dijo que podíamos hacerlo en los baños de su oficina a eso de las 6:30 de la tarde, cuando no hubiera nadie en el piso donde trabaja. Su respuesta me sorprendió, pero también me excitó. Pocas veces lo había hecho en un baño hasta ese momento, y la idea de hacerlo en uno después de tanto tiempo era algo muy emocionante.

Si me hubieran preguntado hace un año sobre si soy abierto al cruising o si me gusta, hubiera dicho que no. Incluso recuerdo haber mencionado en este diario que no soy fan del cruising, pero es increíble lo mucho que ha cambiado mi parecer respecto a esta práctica. Antes mi justificación era: “no hay nada como la comodidad de una cama y evitar el miedo de ser atrapado”. Ahora es precisamente eso lo que me más me excita: hacerlo en lugares públicos, no convencionales. Porque después de hacerlo con cientos de hombres siempre en sus camas, se vuelve mucho más interesante hacerlo en un sitio diferente.

Me citó en su edificio del centro internacional donde trabaja a las 6:30pm. Me dio las coordenadas para llegar y todas las indicaciones necesarias para subir disimuladamente hasta el baño de su piso sin despertar sospechas. Seguí todas las intrucciones; entré al edificio como si nada y disimulé que estaba hablando por celular para que los guardias no me abordaran. Cuando llegué a los ascensores vi al menos 4 de ellos, dos a cada lado. Lo que no sabía era lo difícil que iba a ser encontrar el botón para pedir el ascensor.

Busqué por todos lados, al lado de las puertas del ascensor, en las paredes, y no encontraba el bendito botón para pedir ningún ascensor, vi que los celadores estaban distraidos afortunadamente, pues si me hubieran visto buscar desesperadamente el botón se habrían dado cuenta que era un intruso. Se me hizo una eternidad encontrar el botón, pero por fin lo encontré. Era un círculo diminuto que no aparentaba servir para pedir un ascensor como en cualquier ascensor de hoy en día, pero tiene algo de sentido teniendo en cuenta lo viejo que era ese edificio.

Llegué al piso que me indicó #459 y me pidió que esperara un rato, entré al baño cuando me dio la señal. Era un baño muy grande, y no vi a nadie apenas entré. Caminé con nervios, hasta que por fin vi a #459. Medía 1.70, era blanco, aparentaba 30 años y estaba vestido de traje formal. Tenía una sonrisa puesta todo el tiempo, y eso me gustó de él. El baño era gigante y había un espejo en la pared de los lavamanos que lo cruzaba de lado a lado.

Me encanta follar donde ha espejos, me excita ver como me folla el activo en el reflejo. No perdimos tiempo y empezamos nuestra sesión. Le bajé los pantalones y se lo mamé, tenía una verga de 17cm, blanca y un glande rosado y brillante. Le gustaba atragantarme y yo también disfrutaba hacerlo. No se lo mamé mucho tiempo y me desnudé para follar, era peligroso desnudarme porque alguien podía entrar al baño en cualquier momento, pero valía la pena el riesgo. Guardé mi ropa en el cubículo de uno de los inodoros y él guardó la suya en el cubículo de al lado. Afortunadamente la sección del baño donde estábamos con lavamanos e inodoros estaba separada de la puerta del baño por una pared con orinales, por lo que si escuchábamos a alguien entrar teníamos pocos segundos de correr hacia los cubículos y encerrarnos.

#459 me preguntó si me dejaba dar a pelo pero le dije que no. Saqué los condones de mi maleta y se puso uno. Me puse contra el espejo y puse mis manos sobre él, me penetró despacio y me folló mientras los dos estábamos parados y nos veíamos en el espejo. La estábamos pasando tan bien que se nos olvidó el hecho que nos pudieran descubrir, o al menos a mí me pasó. Incluso empecé a gemir, su verga entrando y saliendo de mi culo hizo que mi culo empezara a moverse al mismo ritmo que lo #459 lo metía, tomando control de la situación.

En ese momento empecé a mover mi culo hacia adentro y hacia afuera, era delicioso sentir las manos de #459 tocar mi cuerpo, agarrar mi cintura y morbosearme mientras lo follaba con mi culo.

“Quiero cargarte”, me dijo y paramos para intentar esta posición. Me volteé para mirarlo de frente, me agarré fuerte de su nuca y salté con mis piernas para abrazarlo con mis pies al nivel de su cintura. #459 me alzó con sus brazos, me tomó de la cintura y me acorraló contra la pared para poder cargarme más fácil. Lo intentamos, pero no logró sostenerme por más de 20 segundos. Sin embargo fue muy rico haberlo hecho por los pocos segundos que pudo cargarme, aunque era incómodo sentir que me iba a caer mientras lo hizo. Le abono su esfuerzo, pues aunque no peso mucho, él tampoco es alguien alto y musculoso para haberme aguantado todo ese tiempo.

Llevávamos más de 20 minutos tirando y ya casi eran las 7 de la noche, y a esa hora debíamos salir de allí porque las señoras del aseo podían entrar para limpiar, o algo así le entendí. Era casi hora de venirnos y puse mi chaqueta en el piso para que me follara en pollo asado para hacerlo correrse.

Me acosté boca arriba en el piso sobre mi chaqueta y #459 volvió a penetrarme. Escuchamos alguien pasar cerca y nos detuvimos un segundo asustados, #459 dejó de moverse y yo de gemir, si alguien hubiera entrado en ese momento no habríamos tenido tiempo para pararnos y encerrarnos en el cubículo.

Por suerte nadie entró y seguimos en lo nuestro, tener su cuerpo encima mío mientras me cogía en ese baño me tenía muy excitado, luego empezó a moverse más rápido, el sonido de su cuerpo golpeando mis nalgas aumentó a un punto en el que cualquiera que hubiera pasado cerca del baño habría podido escucharnos, era un sonido auténtico de sexo fuerte, de alguien pasándola delicioso a punto de llegar al éxtasis del orgasmo. Finalmente dejó de moverse y supe que se había venido. Me encantó ver la leche colgando del condón usado cuando lo sacó de mi culo.

Nos vestimos con afán con nervios de que alguien entrara al baño y nos vestimos. Me pidió que saliera por la salida del segundo piso, no por el piso por el que había entrado para que nadie sospechara.


Puntuación: 9 de 10

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