#463. El besador sutil

#463 vive en un típico apartamento de soltero. Debe tener 30 años, mide 1.75, es moreno, es acuerpado, tiene barba y una cara que aguanta nucho. No sé si recién se había mudado pero su habitación la componía un colchón en el piso y un montón de ropa regada en el suelo. Tenía un gato muy lindo que sacó de la habitación cuando cerró la puerta.

Me da curiosidad que he visto más gatos que perros en las casas de los que hacen parte de mi lista de excel, y siempre he pensado que hay más perros que gatos como mascotas, pero la experiencia me ha demostrado que, al menos los gays y bisexuales tienden a tener más gatos que perros.

Soy un amante de los animales, me encantan tanto los gatos como los perros. Tengo un perro que adoro con toda mi alma, su personalidad es de gato y a pesar de eso digo que es una razón de viir para mi. Cada vez que me encuentro con un hombre que tiene mascota provoca automáticamente un sentimiento de empatía.

Cuando llego a la casa de alguien con quien voy a tirar y veo que tienen gatos, prefiero jugar con sus gatos y consentirlos, pero ellos lo único que hacen es sacarlos del cuarto y cerrar la puerta. El gato de #463 era grande, gordo, peludo y tenía una mezcla de colores piel, blanco y gris que lo hacía único.

Cuando sacó el gato y cerró la puerta me di cuenta que iba al grano. No hubo conversación previa, no hubo foreplay sino que se quitó la ropa de inmediato y para seguir la corriente hice lo mismo. Dejé mi ropa arrumada en un lugar para que no se confundiera con la de él y me senté sobre su cintura mirando hacia su cara mientras él estaba acostado.

Empecé a moverme sutilmente para provocarlo y aumenté mi velocidad a medida que tomábamos confianza. Intento no dar besos a menos que el otro demuestre interés de besarme. Recuerdo que no besé a casi ninguno con los que estuve hasta después de mis primeros 50 porque no me gustaba. Por eso entiendo a muchos que no les gusta besar, hace falta experiencia para perder el miedo y disfrutar de un buen beso.

Tampoco beso a cualquiera, ni a todo el mundo, todo depende la química. Besé las tetillas de #463, luego subí hasta su cuello, su barba, sus mejilllas, su oreja, pero no hubo señal por parte de él para darme un beso en la boca. Tampoco intenté besarlo, todavía no era el momento, aunque me moría por hacerlo. Bajé mi cabeza para meterme su verga en mi boca, la tenía pequeña. Mi intento por ponérsela dura con mis sensuales movimientos de mi culo con su verga y mis besos no tuvo éxito. Pero pocos minutos después de empezársela a mamar se le puso grande, había convertido su diminuto pene en una verga gruesa de 20 centímetros para disfrutarla.

Se lo mamé cual perra, me metí esa verga hasta el fondo de mi garganta, cada vez que sentía que me iba a vomitar la sacaba y respiraba dos segundos para volvérmela a meter. #463 dejó que tomara el control de esa situación. Minutos después me cansé y le dije que quería que me metiera su verga en lo profundo de mi ano. Al parecer eso le excitó mucho y se levantó rápido, sacó un condón de su armario y se lo puso.

Me acosté boca abajo y dejé que hiciera lo suyo de una vez por todas. El condón lubricado ayudó a que entrara fácil y a pesar que dolió cuando entró, no pude parar de gemir cuando se apoderó de mi culo. “Oh si, dame verga!!” Le pedía entre gemidos y gritos, esa noche quería que me diera bien duro y sin compasión. Tomé los puños de sus manos con las mías bien fuerte y eso hizo que me diera más rápido.

Estábamos en un punto de excitación máximo, casi orgásmico y en ese momento acercó su boca a mi oído y me lo besó. Fue un gran adelanto por parte de él, volteé mi cara hacia #463 y me dio un pico muy tierno mientras me daba empujones profundos con su verga dentro de mi culo que me hicieron gritar.

Enseguida dijo: “quiero que me montes”. Sin sacar su pene me volteó y entre posiciones incómodas logré quedar como cuando quise excitarlo al principio, él acostado hacia arriba y yo sentado encima mirándolo. La diferencia era que ahora tenía su verga dura dentro de mí, y la tenía para mi placer y el de él. Lo cabalgué como puta, muy rápido y sin importar que mis gemidos pudieran ser escuchados por sus vecinos, sin importar lo cansado que estaba de cabalgar su verga tan rápido, estaba dispuesto montarlo hasta exprimirle la última gota de leche.

Tener sus manos en mi cintura mientras me metía y sacaba su pene me tenía a punto de venirme, en el momento en que di mis movimientos más rápidos pude ver su cara orgásmica y eso hizo que quisiera moverme aún más rápido para terminar de darle un orgasmo muy fuerte. Cuando vi que había acabado bajé mi cuerpo y me acosté encima de él para descansar.

Me masturbé y me vine por montones tocando su pecho sudado. Me alcanzó pañitos húmedos para limpiarme y me vestí. Me despidió en la puerta y me agradeció por haber ido, no vi a su gato cuando salí de su cuarto.


Puntuación: 8,5 de 10

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