#466. El médico anestesiólogo

Los médicos son una de las profesiones que más me dan morbo y me excitan. Un hombre médico puede aumentar mi interés y mis ganas por acostarme con él. He tenido buenas experiencias con médicos y enfermeros. Me llama la atención que ayuden a mejorar el bienestar y la salud de las personas, los veo como personas buenas, casi ángeles, dedicados, que hacen un gran aporte a la sociedad.

Me encontré con #466 en la puerta de un carulla cerca de donde vive. Medía 1.75, era moreno claro, y aparentaba tener 35 años, se veía mejor que en las fotos. Después de saludarnos recibió una llamada que duró varios minutos y que se me hizo eterna. Por fin colgó y se disculpó por la demora en el teléfono, nos fuimos caminando hacia su casa. En el trayecto me contó que trabaja cerca de ahí y que es médico anestesiólogo, apenas me dijo eso mi morbo por acostarme con él aumentó significativamente.

#466 era muy masculino, y eso me dio aún más ganas de estar con él. Tenía unos dientes perfectos y un tono de voz muy grave y sexy. Cada vez que hablaba me perdía entre su mirada, y me imaginaba revolcándome con él en su cama. Aunque se me hizo eterna la caminada hasta su edificio, fue más cerca de lo que pensaba.

Subimos a su apartamento, entramos y me señaló donde podía dejar la sombrilla que llevaba, pues había sido un día lluvioso en Bogotá. Me ofreció unos dulces después que mencionó que tenía hambre pero se veían muy raros así que no acepté, pero pude ver el gusto con que se los comió. Me explicó que estaba viviendo allí temporalmente, que estábamos en el apartamento de una pareja de amigos de él que estaba de viaje y que lo habían dejado quedarse allí mientras conseguía a donde irse.

Entramos a su cuarto, uno de los más grandes en los que he estado. Prendió una luz muy tenue y poco tiempo después la apagó y caminó hacia el vestier. Me acerqué al interruptor de luz y le pregunté si podía volver a prenderla, pues a diferencia de muchos, me gusta tener sexo con la luz prendida y poder ver la cara de placer del otro.

#466 no tuvo problema con que la prendiera, incluso prendió las dos lámparas de sus dos mesas de noche. La luz seguía siendo muy poca para mi gusto, pero ya todas las luces estaban prendidas y no podía esperar más. Me invitó a que me pusiera cómodo y mientras me sentaba se quitó la ropa hasta quedar con un esqueleto blanco y boxers.

Mientras se quitaba la ropa me habló de lo estresante que puede llegar a ser su trabajo, pero que no trabaja tanto como yo pensaba, y de hecho tiene horarios muy flexibles.

No hay nada que me desestimule más que un hombre con una camiseta de esqueleto o un hombre caminando con chanclas y medias. #466 sólo cumplía con una de ellas pero era suficiente para bajar el líbido que había causado en mí hasta que se quitó el saco negro y quedó en esqueleto. No sé si este mal gusto por los hombres con camiseta tipo esqueleto se debe a una experiencia de niño, pero siempre he asociado los esqueletos con hombres gordos y viejos. #466 no era viejo ni gordo, sólo debía quitarle ese esqueleto para poder volver a sentir esa excitación que había provocado en mí.

Me quité toda la ropa y quedé en bóxers. Nos acostamos en la cama y #466 me acercó a él y puso el cubrelecho encima de nosotros, estar debajo de las cobijas con #466 fue algo casi nuevo para mí, pues usualmente siempre estoy con el otro encima de las cobijas, o estas rápidamente terminan en el suelo y lo hacemos encima de las sábanas.

Le quité su esqueleto y se bajó los bóxers. La tenía medio dura y bajé mi cabeza para chupárselo. Segundos después quité las cobijas que estaban encima mío para poder mamárselo con mayor facilidad. Me gustaba tocarle las tetillas mientras jugaba con su glande y mi lengua, cuando probé su líquido preseminal pensé que se había venido pero afortunadamente todavía no era el momento.

“Quiero que me lo metas”, le pedí con su verga dura tocando mi mejilla y yo en 4 entre sus piernas abiertas mirando hacia él. #466 se levantó de la cama y fue a su vestier para sacar una caja de condones Today lubricados. Me acosté boca arriba y me abrí de piernas, cuando se acercó yo ya estaba listo con mi ano esperando su pene. Se puso el condón y se acostó encima mío, le pedí que lo metiera despacio.

Poco a poco sentí como cada centímetro de su verga ingresó en mi culo, sin mayor dolor la tuve dentro hasta el fondo rápidamente. #466 tenía un cuerpo moreno lindo, de esos que no son musculosos ni tonificados, pero que se nota que han sido trabajados en el gimnasio. Noté que no le gustaba besar, y no tuve problema con eso. Mientras me cogía le besé la oreja, luego la mejilla, y fui bajando hacia el mentón el cuello, su pecho y finalmente llegué hasta sus tetillas, de ahía no podía besar más abajo.

Tenerlo encima follándome en misionero me tenía duro y empecé a masturbarme. Me hubiera gustado cabalgarlo y tal vez ponerme en 4 mientras lo tenía cogiéndome detrás mío, pero sospeché que eso no iba a pasar. Lo veía muy excitado, como cuando llevan días sin follar y están muy cargados y se vienen en la primera posición que hacemos.

Estando en posición misionero y entre los empujones de su pene en mi culo susurró” “me voy a venir”. No hice nada, simplemente seguí gimiendo con mis piernas abiertas esperando a que #466 llegara al orgasmo. Confirmé que se había venido con unos suspiros que dio y unos movimientos más despaciosos hasta que quedó completamente quieto.

Levantó su pecho y sacó su verga con el condón usado y la leche colgando de él, eso me excitó mucho. Fue al baño a botarlo y cuando volvió me masturbé besando sus tetillas. Me vestí y me acompañó hasta la portería, allí me acordé de la sombrilla que había dejado en su apartamento y tuvimos que subir de nuevo para bajarla. Nos desspedimos con un apretón de manos y dijo: “juicioso”, me fui y me reí de esto.


Puntuación: 8 de 10

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