#471. Quitándole la virginidad a un bisexual en la sala de juntas de su oficina

Todo empezó con #24, el primer bisexual con el que estuve. Él marcó mi gusto por los hombres morenos, altos, acuerpados, con vello en el pecho, que rondan los 30 años y que son masculinos. Hasta ahora he hablado muy poco de él, creo que solamente en su propio relato, pero al igual que #23, #24 marcó mi vida, pero de una forma diferente.

#24 siempre me repetía mucho que le gustaba, me llamaba de vez en cuando, me escribía casi todos los días, y me pidió repetición una noche que no estaba su novia. Con #24 descubriría a grandes rasgos la forma en la que actúa un bisexual antes y después de conocernos.

Poco a poco, a medida que fui estando con más bisexuales empecé a notar una gran diferencia respecto a los gays en el actuar, la forma de expresarse y como se comportan conmigo; lo cual siempre me ha generado la inquietud de saber por qué los bisexuales tienden a ser más sinceros y a demostrar que les atraigo.

Los bisexuales son más dedicados que los gays: me escriben con mayor frecuencia antes y después de un polvo, son los que más repeticiones me piden, son los que más me dicen que les gusto y a pesar de su condición, son más pasionales en la cama. Incluso, los bisexuales son los que más tocan el tema de las relaciones sentimentales y son los que más me han propuesto tener citas y en algunos casos la posibilidad de ser su novio. Reitero, esto ha sido con la gran mayoría de bisexuales, pero ha habido excepciones.

Los gays tienden a ser más pasajeros: si les gustas no te lo dicen siempre, te comen y no te vuelven a escribir y te conviertes en un polvo más, estuviste con alguien y ese ya fue historia.

La forma como #471 me hablaba me daba mucho morbo. Cuando me dijo que era virgen me dio muchas ganas de conocerlo, y una noche a eso de las 8pm cuando todos sus colegas del trabajo se habían ido, me invitó a su oficina en la zona franca de Bogotá. Tuve que darle mi número cédula para que me dejaran entrar y llegué a la hora que acordamos. Pasé los torniquetes de la entrada y me recogió en su carro dentro de la zona franca. Nunca había ido a ese lugar y no entendía muy bien para qué debía recogerme en su carro, pero luego me di cuenta que la zona franca es gigante, es como un barrio dentro de Bogotá, con muchas manzanas y calles donde hay muchos edificios de oficinas y bodegas.

#471 es de Medellín y a pesar que lleva más de 10 años viviendo en Bogotá, tiene el acento tan marcado q no parece que llevara 10 años aquí. Es mono, tiene ojos azules, mide 1.75, tiene 30 años y ya sufre de pérdida de cabello. Fue muy amable desde el principio, en su carro me dio un “tour” del complejo y minutos después de dar vueltas por el lugar finalmente llegamos a su edificio. Desactivó la alarma a la entrada y llegamos a un tercer piso. Era una típica oficina con cubículos, escritorios, sillas, una fotocopiadora y un botellón de agua.

Entramos a su oficina, era la más grande. Resulta que #471 es el jefe y dirige una empresa que produce y exporta joyería, la planta de producción queda en el primer piso y el horario de llegada es las 6 de la mañana. Esta información de su cargo y tipo de empresa donde trabaja solamente la supe hasta nuestro segundo encuentro en esa misma oficina hace dos semanas.

Al frente de su oficina había una sala de reuniones con un tablero en la pared. También había una mesa grande ovalada con aproximadamente 12 sillas. Caminando por la sala me dio mucho morbo hacerlo en esa mesa ovalada, donde después #471 tendría reuniones y tal vez recordaría esa noche conmigo. Le pregunté si en verdad era virgen, pues me parece imposible pensar que un bisexual de 30 años fuera virgen y me explicó que sí había tenido morbo con hombres pero nunca había penetrado a uno, y que quería perder su virginidad conmigo. Pensé que ahora todo tenía sentido, también me contó sobre sus parejas sexuales mujeres y que tiene una fuckbuddy en Medellín.

El tema de conversación sirvió de afrodisíaco para ponernos calientes. Lo hicimos sobre la mesa ovalada de la sala de reuniones de su oficina. Estando al lado de la mesa ovalada me desvestí y #471 se quedó embobado admirando mi culo, lo palpitó, me metió el dedo, me lo chupó, estaba fascinado. Me arrodillé, le desabroché el cinturón y le bajé a cremallera. Vi salir un pene blanco, algo flácido y afeitado, necesitaba una buena mamada para ponerse duro.

Me lo metí en la boca y lo saboreé, empecé suave y poco a poco se fue poniendo grande. En menos de dos minutos se lo puse duro. Me excitaba saber que estaba a pocos minutos de quitarle la virginidad a ese paisa, en su mirada podía ver lo excitado que estaba conmigo.

Le hice la paja con mi mano, le lamí las huevas, el glande, me lo metí todo hasta el fondo, jugué con su verga en mi boca como si fuera un juguete hasta que llegó el momento más esperado de la noche. El pene de #471 estaba listo para entrar por primera vez dentro de un culo, y ese culo iba a ser el mío. Me senté encima de la mesa ovalada mientras #471 se puso el condón con algo de dificultad.

Me acosté sobre la mesa y me abrí de piernas para ser penetrado por #471, lo noté algo nervioso pero cachondo al mismo tiempo. Su pene era grueso y los condones no eran lubricados, sabía que me iba a doler. En sus primeros intentos no lograba apuntar a la entrada del ano por donde debía ingresar la cabeza de su verga.

La tomé con mi mano y le indiqué hacia donde ir, finalmente logró dar con mi ano y sentí como me lo metió poco a poco hasta que lo tuve todo al fondo. Di gritos de dolor que se transformaron en placer. #471 no se había quitado la ropa, apenas tenía el jean y los boxers abajo pero no se los había quitado, tenía puesta una camisa rosada y me excitaba mucho verlo como me lo metía con ropa, es un fetiche que ha aumentado en mí últimamente.

Mientras me cogía agarraba su camisa rosada y le decía “oh si! dame verga!”. Admito que #471 no es el mejor follando, y no lo juzgo. No sé si eran los nervios, o si por el simple hecho de ser su primera vez clavando un man no sabía cómo hacerlo, pero sus movimientos eran muy suaves para mi gusto. Me imaginaba algo más salvaje y unos empujones rápidos y duros.

Le pedí que se viniera dentro del condón pero no quiso, pocos minutos después sacó su pene, se quitó el condón, se lo jaló un rato y luego se vino sobre el piso. No era el final que esperaba, pero al menos creo que disfrutó estar dentro de mí. Me vestí y salimos de su oficina pocos minutos después. Me llevó a mi casa en su carro y en el camino le pregunté cómo le había parecido la experiencia, me dijo que lo había disfrutado mucho y antes de bajarme del carro me preguntó si quería repetir con él..

Desde entonces me escribía casi todos los fines de semana para saludarme, decirme lo mucho que le gustaba y las ganas que tenía de volver a estar conmigo. Hace dos semanas le volví a dar culo en su oficina, se lo mamé en el carro y después entramos a su empresa, pero esta vez no lo hicimos en la sala de juntas sino en el escritorio de su oficina.


Puntuación: 6 de 10

 

 

 

 

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