#472. El mexicano del Hampton

Gracias a los extranjeros con los que me he acostado he tenido la oportunidad de conocer varios hoteles en Bogotá, a los que nunca habría tenido la oportunidad de entrar si no fuera por ellos.

He estado en hoteles que van desde 5 estrellas hasta 2 estrellas, desde el JW Marriott hasta un hotel barato de esos que hay en Quintaparedes. Mi cita con #472 fue en el Hampton que queda yendo hacia el aeropuerto.

#472 era un mexicano de Ciudad de México que había venido a Bogotá por cuestiones de trabajo. Nos encontramos una noche a la entrada del hotel y me hizo saber lo nervioso que estaba porque no quería meterse en problemas por entrar a alguien a su habitación. Lo dudó mucho, tuve que entablar una conversación provocadora con la cual finalmente logré convencerlo. “Qué rico sería mamártela”, “quiero gemir con tu verga dentro”, “tienes un cuerpo rico” fueron algunas cosas que le dije para convencerlo.

#472 aparentaba tener 35 años, era moreno, medía 1.65, estaba bien afeitado y debajo de esa camiseta polo azul que llevaba se notaba que era acuerpado. Desde el principio fue parco y tosco, rara vez me miraba a los ojos. Intenté crear algo de empatía al contarle que había visitado su ciudad y que me había gustado mucho, pero no obtuve una respuesta mínimamente cordial de su parte y pensé que que su actitud estaba influenciada por sus nervios.

Finalmente accedió y subimos en ascensor hasta su habitación. Cuando cerró la puerta sentí un alivio grande de haber entrado sin que nos pusieran problema. El televisor estaba prendido y estaban dando happy tree friends, me sorprendió que alguien de su edad viera ese tipo de programas. Su personalidad tosca hizo que no hubiera conversación previa al sexo, para ser mexicano me decepcionó bastante.

Nos desnudamos y pude ver su rico cuerpo moreno y acuerpado, nos acostamos en la cama y #472 se quedó quieto, como esperando a que yo hiciera algo. Lo empecé a masturbar y vi como se le puso más grande hasta que lo tuvo completamente erecto. Quise saborear su verga y me la metí en la boca. Saboreé su precum y luego de eso me tomó de la cabeza para moverla y hacer tragarme su verga hasta lo profundo de mi garganta. El hombre serio y seco estaba disfrutando de mi boca mientras manoseaba mi culo.

“Quiero que me lo metas”, le pedí unos 10 minutos después de empezar a mamárselo. #472 se levantó por un condón y se lo puso. Me acosté boca arriba e intentó meterlo, después de varios intentos me pidió que me montara encima de su verga y así lo hice. Se acostó en la cama y me senté emcima de él para insertarme su verga. La tomé con mi mano y me la metí centímetro por centímetro hasta que la tuve toda dentro. Empecé a jugar con su verga y la cabalgué como actor porno, mientras lo hacía sentí que #472 no tenía su pene duro, sin embargo seguí montándolo hasta que me aburrí de no sentir nada en mi culo.

Paré de moverme y me levanté un poco para comprobar si #472 la tenía pequeña y efectivamente vi que su pene ya no estaba erecto. Era un pene flácido que no excitaba para nada, así que intenté ponérsela dura volviéndolo a masturbar, mamándoselo, y alternando entre estas dos acciones sin tener resultado. Lo intenté por varios minutos pero su actitud hizo que no quisiera hacerlo por mucho tiempo. Había tenido otra decepción: aparte de que #472 era parco, aburrido y tosco; no se le paraba. Me estaba arrepintiendo de haberlo conocido y haber intentado convencerlo para que subiéramos a su habitación.

#472 se convirtió en esos pocos que me arrepiento de haber conocido y está en mi pequeña lista de peores polvos.

A veces unos tienen mala personalidad pero son buenos en la cama. Otros son muy amigables pero no tienen tan buen desempeño durante el sexo, por lo que siempre algún factor compensa el otro: personalidad versus desempeño. Pero #472 no podía compensar ninguno, había fallado en los dos con creces.

Me levanté de la cama y me vestí muy rápido, sólo quería salir de allí. No recuerdo si alguno dijo alguna palabra antes de irme, pues era evidente que la conexión había sido nula.

Estar con #472 me confirmó que prefiero mil veces un hombre precoz, a uno que no se le pare.


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