#474. Mañanero en dos habitaciones

Un mañanero siempre ayuda a empezar bien el día. Usualmente los mañaneros que tengo siempre son esporádicos, sin haberlos planeado con antelación, e infieren un nivel de arrechera 10 de 10 en lo que al activo se refiere.

Mi encuentro con #474 fue esporádico, empezamos a hablar en el celular y media hora después estaba gimiendo y pidiéndole verga en su cama. Me envió una foto de él con gafas de sol y odio que me envíen este tipo de fotos porque como dice el dicho, los ojos son la ventana del alma de alguien. Y por esto me refiero a que uno en realidad nunca llega a saber cómo es alguien físicamente en sin haber visto una foto sin gafas de sol.

En mi opinión, una foto con gafas de alguien feo puede aumentar su atractivo hasta en un 70%, por eso siempre que me envían sus amadas fotos con gafas les pido que me envíen una sin gafas, ahí es cuando logro descubrir a grandes rasgos cómo es alguien. #474 me envió una foto de él sin gafas y acepté. Me dio su dirección y llegué a su edificio.

El edificio donde vive es muy particular, no hay celador pero sí una mujer de unos 60 años que hace el aseo y cumple la función que haría un celador. Esta mujer estaba barriendo a la entrada y me vio algo confundido intentando descifrar cómo hacer para anunciarme porque no veía ningún timbre o algún celador. “Para dónde va?”, me preguntó. “Para el 4**”, le respondí. “Va para donde don ****?”, me preguntó. No tenía idea su nombre, y es la que hora que no recuerdo pero supuse que se debía llamar así y asentí con la cabeza.

Esto es algo que me ha pasado repetidas veces cuando me anuncio en los conjuntos de los activos que visito. Usualmente el/la celador/a después que le digo el número de la torre y número del apartamento al que voy, pregunta: “para donde ****?”, y yo nunca sé cómo se llama o no lo recuerdo así me lo haya dado y no me queda más que decir que sí. Me pregunto qué pasaría si algún día um celador me da un nombre que no corresponde al apartamento al que voy para confundirme y termina dándose cuenta que no tengo idea del nombre de la persona que me va a recibir en su casa.

Volviendo a #474, la señora celadora-aseadora con uniforme de señora del aseo timbró el citófono de #474 y me hizo seguir. Cuando llegué a su piso la puerta de su apartamento ya estaba abierta y me hizo entrar directamente a su cuarto.

#474 es moreno, mide 1.70, aparenta 27 años, es delgado, usa gafas y tiene una cara delgada muy normal y sin barba. Me senté en su cama y hablamos un poco de cada uno, aunque no teníamos mucho tiempo y dimos inicio a nuestra sesión de sexo rápidamente. Nos desnudamos y vi como tenía su verga completamente dura, parecía verga de costeño.

Me acosté en la cama, abrí mis piernas y esperé a que se pusiera el condón. Luego se puso de rodillas sobre la cama y me penetró, su pene se sentía tan rico que empecé a gemir duro, aproximadamente dos minutos después de empezar a follar me dijo que estaba que se venía, pero no quería que lo hiciera todavía y le dije que parara. Dejó de moverse y segundos después siguió follándome despacio, mis gemidos aumentaron significativamente y usó sus manos para taparme la boca, pero a pesar de esto mis gemidos todavía se podían escuchar.

Por este motivo sacó su pene y me pidió que nos moviéramos al cuarto de al frente. Resulta que la ventana de su cuarto donde estábamos tirando y que estaba justo detrás mío, daba hacia las escaleras de su edificio que conecta con los pasillos y las puertas de los demás apartamentos. No me di cuenta de esto hasta que me señaló la ventana y lo que había detrás de ella. De hecho me pareció incómodo esto, pues si él quería privacidad debía tener la cortina cerrada todo el tiempo si no quería que nadie lo viera. Sin contar el hecho que se podía escuchar todo, pero qué se puede pedir de un edificio con más de 20 años.

Nos pasamos al cuarto de al frente, un cuarto del que estoy seguro que nadie duerme, además tuvimos que mover montañas de ropa limpia, planchada y doblada que estaba puesta encima de la cama. Me acosté boca abajo y #474 se acostó encima. Primero manoseó mi espalda, mi cintura hasta que terminó en mis nalgas, lo cual me calentó mucho. Finalmente me volvió a penetrar y a pesar que lo tenía grueso, esntró como anillo al dedo.

Allí pude gemir a gusto sin preocupación porque nos escucharan. No todos los activos saben follarme rico, o a un ritmo y una velocidad decente, pero #474 sabía cómo cogerme. Su ritmo y la fuerza como me lo metía era perfecto, podía sentir como los músculos de mi ano se contraían cada vez que lo empujaba hasta el fondo, produciendo un gemido intenso y profundo.

#474 variaba la posición de sus manos y sus brazos entre la cama, mis hombros y mi cintura, pero mi momento favorito era cuando me agarraba de la cintura y empujaba su verga profundo dentro de mí. Mi pecho estaba tan apretado contra la cama por la fuerza que ejercía #474 encima mío que mis gemidos se volvieron algo extraños e iban a la par con mi respiración. Unos 4 minutos después de follar en esta posición empezó a sacar su verga más y a meterla más profundo hasta que se vino con unos empujones intensos y deliciosos acompañados de sus gemidos varoniles y muy ricos.

Sacó su verga y me encantó ver la gran cantidad de leche que había dejado en el condón, fue al baño a botarlo y cuando volvió me masturbé pensando en toda esa leche que le saqué. 


Puntuación: 8 de 10

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