#477. El venezolano calvo con cuerpo rico

Una de las nacionalidades que más me gustan son los cubanos y los venezolanos. Además de ser muy atractivos, me parece que son muy buenos en la cama. Pero me gustan especialmente los venezolanos, tengo un fetiche por los hombres de esta nacionalidad, así como tengo un fetiche por los médicos y los pilotos. Aclaro que ha habido excepciones, pues no todos los venezolanos me gustan. Siempre me han atraído desde que tuve un profesor de inglés venezolano en el colegio, después me sentí atraído por el amigo de una prima, hasta el odontólogo que me hacía los brackets.

Mi gusto por los venezolanos empezó hace años cuando era niño y veía a estos hombres tan atractivos con unos rasgos que no son muy comunes en Colombia. A veces me gustaría hacer un puto-tour en Venezuela para acostarme con muchos venezolanos, aunque siento mucho la situación por la que están pasando y no tengo planes de ir por ahora.

Había acabado de estar con #476 y salí hacia la casa de #477, quien vivía a 10 minutos de su antecesor caminando. #477 era un venezolano muy guapo con un cuerpo de gym y bien marcado. Medía 1.75, aparentaba 28 años, era blanco, calvo y tenía un tatuaje en el brazo derecho que lo hacía ver muy sexy. Simplemente con mirar las fotos que me había enviado: una de su verga dura y otra acostado desnudo en la cama me puse duro.

Llegué a la portería, me dio su número de apartamento y subí. Me recibió sin camiseta y en pantaloneta, saber que en pocos minutos estaría disfrutando de ese cuerpo me tenía demasiado excitado. Me hizo seguir inmediatamente a su habitación y cerró la puerta. Su cuarto era muy grande y oscuro, el bombillo que había emitía muy poca luz, también había una música electrónica a todo volumen. El ambiente de su cuarto no era mi favorito: poca luz y mucho ruido; siempre he preferido hacerlo con la luz prendida y sin ruido para poder disfrutar de la cara del activo y los sonidos de placer que pueden emitir nuestros cuerpos.

Le pedí que bajara el volumen y le pregunté si era posible poner más luz, pero lo último no fue posible. Se quitó la pantaloneta y los bóxers y vi colgar un diminuto pene, probablemente uno de los penes más pequeños que haya visto en mi vida. Sentí una decepción inmediata porque no me imaginaba que un hombre tan grande pudiera tener un pene de ese tamaño. Era evidente que no lo tenía erecto, pero los penes de los tipos con los que he estado sin estar duros son más grandes que el pene de #477 en ese estado.

Tomé su mini-pene con mi mano y empecé a masturbarlo, cuando lo agrandé un poco me arrodillé, lo puse en mi boca y se lo mamé a lo actor porno para ponérselo duro. En cuestión de 3 minutos su mini-pene pasó de ser un “chito”a una verga dura y grande. Fue curioso ver la diferencia del tamaño del pene de #477 cuando estaba pequeño y cuando estaba grande, fue un cambio del cielo a la tierra. Nunca me habría imaginado que su verga podría crecer a tal proporción y experimentar ese cambio tan drástico.

En cuanto lo tuvo bien duro no dudó en lanzar mi cabeza hacia atrás para ir por un condón. Abrió el condón y mientras se lo ponía me acomodé para que me follara en pollo asado. Me abrí de piernas y lo vi caminar hacia la cama con su verga erecta apuntando hacia mí, en ese momento abrí aún más mis piernas y la punta de su pene llegó a la entrada de mi ano como imán. Lo insertó sin pensar en mi comodidad y me lastimó un al principio, todo había pasado tan rápido que no estaba lubricado y mi estimulación anal había sido casi nula.

No teníamos lubricante, así que respiré y le pedí que lo insertara despacio. Poco a poco, centímetro por centímetro fue ingresando en las paredes de mi ano hasta que lo tuve todo dentro. Cuando tuve su verga por completo en lo más profundo de mí empezó a moverse rápidamente y no podía parar de gemir, mientras me lo hacía admiraba su rico cuerpo y manoseaba sus pectorales y su six pack con mi mano, aumentando mi excitación y mi morbo.

Luego me agarré fuerte de la sábana y abrí más mis piernas para dejarlo entrar con mayor facilidad. En un instante lo metió tan profundo y tan rápido que me hizo gritar de dolor, un dolor intenso similar al que uno siente cuando no le han metido muchos penes. De ahí en adelante me folló un poco más despacio y sin empujar tan bruscamente. No podía parar de admirar su tatuaje en el brazo derecho, cogimos por unos 5 minutos hasta que se inclinó hacia mí y me dijo al oído “quieres que me venga?” y le dije que sí. “Dentro?”, me preguntó, y le respondí gimiendo con un “Si!”. Segundos después se acostó encima mío, me abrazó y se vino dentro del condón, quedó muy cansado.

Sacó su verga y vi su leche colgar del condón, le quité el condón y lo sostuve un tiempo para pesar su leche. Boté el condón en la caneca y me vestí. No dijimos ninguna palabra después que se vino, simplemente me acompañó hasta la puerta, no me sentí en confianza de pedir el uber en su apartamento porque sentí que tenía afán, así que lo pedí abajo en la portería.


Puntuación: 9 de 10

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .