#479. Bradley Cooper

Iba tarde para verme con #479, y el tráfico de Bogotá no ayudaba. Llevaba semanas hablando con él por celular pero no nos habíamos podido ver. #479 es profesor de una universidad muy prestigiosa en Bogotá y me llamó la atención lo inteligente y preparado que es. Nuestras conversaciones no se basaban en sexo, sino en aspectos cotidianos de la vida de cada uno. “Qué haces?”, “Cómo estuvo tu día?”, “Qué planes tienes para hoy?”, era la forma como #479 siempre iniciaba una conversación. Pensé que si algún día llegábamos a conocernos, sería en un starbucks para hablar. A pesar que me parecía muy atractivo, nunca me atreví a insinuarme sexualmente, pues #479 no es alguien a quien le enviaría una foto de mi culo.

En el trayecto a su casa sentí nervios de encontrarme con él, pues no sabía qué planes tenía para ese día. Pensé que íbamos a ver una película, pedir una pizza o tomarnos una cerveza. #479 es de esos pocos con los que nunca había tenido una conversación caliente antes de vernos. Era blanco, de 34 años, medía 1.80, de contextura promedio, tenía ojos verdes, pelo castaño claro, barba corta, y una cara linda. Cuando abrió la puerta y lo vi en persona me recordó a Bradley cooper y se lo dije, se rió y me contó que mucha gente le dice eso. Bradley Cooper es un actor de Hollywood muy guapo que ha aparecido en películas como “Sin límites”, “Qué pasó ayer”, “El francotirador”, entre otras.

Me invitó a sentarme en la sala y hablamos por más de una hora. Su voz era grave y hablaba pausado, era muy masculino y mantenía una sonrisa perfecta cada vez que hablaba. Nos reímos de sus experiencias como profesor y de las mías como estudiante. #479 estaba sentado en un sillón y yo en un sofá largo, en medio de un silencio incómodo se paró y se sentó al lado mío en el sofá. Me puse rojo, su belleza y su inteligencia me intimidaba mucho, por lo que no habría sido capaz de dar el primer paso.

“Está lindo”, me dijo mirándome fijamente a los ojos. Me puse aún más rojo y mi corazón empezó a palpitar a mil. Me quedé quieto y se acercó para poner su brazo debajo de mi cabeza. Era el momento perfecto para un beso pero quedamos mirándonos el uno al otro por un minuto que se me hizo toda una eternidad. Acercamos nuestras bocas y nos dimos un pico. El pico fue seguido de un beso pasional, una rumbiada donde #479 se comió mi boca y mi lengua. Me sentía tan atraído hacia él que mi pene se puso duro como una roca y sentí que podía correrme fácilmente si hubiera empezado a tocarme.

Me tomó de la mano y me llevó hasta su cuarto. Me acosté en la cama y se quitó la camisa frente a mí, luego siguió con el jean, los bóxers y las medias. Lo vi completamente desnudo y su pene quedó colgando. Extendió su mano, tomó la mía, la acercó a su pene y me hizo tocar su prepucio, luego comenzó a acariciarlo con mi mano lentamente. Toqué sus testículos duros y su pene se endureció rápidamente. Me pidió que me pusiera en 4 y se acercó, separó mis dos nalgas para examinar mi ano, tocándolo con su dedo cubierto de saliva. Acarició suavemente la entrada de mi ano con su dedo y lo metió hasta el fondo. Me incliné, apoyándome contra la pared para estar más cómodo.

Sacó el dedo y lubricó el dedo índice de su otra mano para metérmelo, aplicó saliva y lo ingresó en mi agujero. Me tapó la boca con su otra mano y lamí sus dedos como si fuera un helado. Sacó su dedo de mi ano y se acostó sobre la cama, revelando una verga rígida de 20 centímetros que se levantaba perfectamente hacia arriba a 45 grados de su abdomen. Me pidió que me sentara en su cara y comenzó a lamer mi culo intensamente, y metió su lengua en mi ano, saboreando el interior y el exterior de mi culo. Sentir su barba áspera entrar en mi ano era algo incómodo, pero a la vez excitante y mientras lo hacía empecé a tocarme.

Estábamos muy duros y no podíamos aguantar más para follar. Me puse en 4 y escupió en mi ano, aplicó un poco de lubricante y se puso un condón que había alistado sobre la mesa de noche cuando se desvistió. Su pene se deslizó fácilmente dentro de mi ano gracias a la estimulación anal que había recibido previamente y el lubricante que aplicó antes de meterlo. Lentamente entró hasta llegar a lo más profundo y empezó a follarme en forma.

Sentí sus bolas pesadas empujar contra mí, me agarró de la cintura y mi verga se puso aún más dura, luego se inclinó hacia mí y me besó. Me agarró de las nalgas y me dio la vuelta, luego puso una almohada debajo de mi culo para follarme en pollo asado y volvió a penetrarme presionando todo su peso sobre mí. Podía sentir los pelos de su pecho rozar mi mentón y mi abdomen mientras deslizaba su verga dentro y luego volvía a sacarla. Me mordisqueó las orejas y el cuello, me apretó las manos y continuó con su faena. El condón que usamos ese día era uno ultra-sensitivo, por lo que la fricción de su pene contra mi ano se sentía casi como cuando me han dado a pelo. Se acercó de nuevo, me besó y empezó a follarme más rápido. “Me quiero venir!”, exclamó cerrando los ojos con fuerza, pude sentir su verga húmeda y resbaladiza contraerse con las paredes de mi ano.

Tuvo lo que llamaría convulsiones de placer, unos espasmos llenos de éxtasis. Pude sentir lo caliente que se puso la cabeza de su pene antes y cuando se vino con cada chorro de esperma, una oleada tras otra de chorros de leche salió disparada de su pene. Cuando terminó me abrazó y me besó en el cuello. “Te gustó?” Le pregunté, pero #478 estaba tan cansado que casi no podía respirar. Solamente susurró: “delicioso”. Luego me pidió que me viniera y terminé sobre mi abdomen mientras lo miraba a los ojos.

Sacó su pene y nos acostamos en posición cucharita, me dormí entre sus brazos y me desperté una hora después. Acostarme con él de esa manera después de una sesión de sexo inolvidable fue casi tan delicioso como la misma follada. Me vestí y antes de irme me dio un beso en la boca y me dio una palmadita en la cola.


Puntuación: 10 de 10

2 comentarios sobre “#479. Bradley Cooper

  1. Genial, creo que esta experiencia fue, junta a la #25, la que más me puso duro y con la que decidí venirme. Esto es porque como pasivo tuve un encuentro único con un profesor de psicología de otra universidad muy conocida, y fue una de las mejores experiencias. Tengo un fetiche por los maduros intelectuales como él y como el que tu describes, sin embargo ha sido el único con el que he disfrutado ese rol, de resto he sido activo bisexual.

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    1. Estoy de acuerdo, creo que las experiencias con profesores son de las que más se recuerdan porque la madurez de un hombre mayor e intelectual hacen que el encuentro tenga un matiz más sensual que sexual (sin dejar de lado el morbo, claro está). En mi experiencia puedo contar que estuve con un profesor de medicina de mi universidad que es cirujano y con él tuve uno de mis mas grandes y mejores encuentros sexuales. A tres años de aquella ocasión todavía mantenemos contacto y siempre lo recuerdo con cariño.

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