#482. Fetiche por la camisa de leñador

Estaba en clase y se me estaba haciendo eterna porque tenía ansias de ver a #482. Por fin se acabó y salí directo a su casa. En el camino tuvimos una conversación muy caliente que sirvió de preámbulo para nuestra faena de ese día. Gracias a nuestra conversación se me ocurrió preguntarle si tenía condones y me enteré que debía llevar, pues #482 no tenía en su casa. Odio tener que interrumpir un polvo o no consumarlo como se debe por falta de un condón.

Antes de llegar paré en una droguería y compré suficientes condones para la semana. Entré a su apartamento y me invitó a seguir primero a su sala. Aparentaba 27 años, medía 1.70, era moreno, con ojos y pelo negro. Tenía puesta una camiseta tipo “leñador” con las mangas arremangadas. Los botones delanteros estaban desabotonados donde comenzaba el vello entre sus pectorales y pude ver su pezón izquierdo sobresaliendo a través de la tela, mi pene se puso duro.

Volteó la cabeza y movió su boca hacia la mía, puse mi mano en su nuca y nos besamos. Comencé a desabotonar su camisa y cuando iba a la mitad me ayudó a quitársela toda. Tenía un bronceado sexy, buenos bíceps y hombros anchos. Su pecho era lampiño, a excepción de una línea estrecha de vellos que comenzaba en medio de sus pectorales, tenía un piercing en su tetilla izquierda. Bostezó fuerte, extendió los brazos por encima de la cabeza y pude ver los ricos vellos debajo de sus axilas que besé después. Olía a hombre, sus axilas expedían ese olor a sudor que me pone loco y muy duro.

Me acarició el culo mientras besaba su pecho. Moví mis dedos sobre su tetilla derecha no perforado, y rápidamente se endureció cuando tomé su pezón perforado en mi boca. Su espalda se arqueó y gimió cuando se lo chupé. Su mano se movió sobre mi verga dura y la apretó. Deslicé mi mano por su pecho a través de la línea de vellos hasta que encontré su verga igualmente dura. La apreté y volví a besar sus labios. Nos besamos por unos 5 minutos y le mordí la oreja. “Vamos al cuarto,” susurró. Se quitó las chanclas y abrió el cinturón, el botón y la cremallera. Deslizó sus pantalones hasta el piso.

Me desnudé y nos acostamos en la cama con nuestros cuerpos desnudos y abrazados, pude sentir el piercing rozar mi propia tetilla cuando nuestras lenguas se entrelazaron. Agarró mi culo y metió su dedo índice dentro de mí. Se acostó encima y empujó su verga de arriba abajo entre la raja de mis nalgas. Mi pene se encontraba presionado contra sus abdominales duros y comenzamos a frotar el uno contra el otro.

Bajé para mamárselo. Tenía una verga de 19cm, con una relación perfecta entre el tamaño de la cabeza del pene y el grosor, chupé, lamí, y gemí mientras se la mamé. 2 minutos después susurró que no quería correrse todavía y que me detuviera.

Mordió mi culo un poco, lo lubricó con saliva y me metió el dedo. Luego me lamió el culo hasta el fondo y se puso el condón. Me penetró en cuatro y se deslizó sin ninguna resistencia de mi parte. Su pene estaba caliente y me sentía apretado. Comencé a enfrentar sus embestidas lentas con mi culo. #482 era muy hablador, me encanta eso, escuchar cómo se siente mi culo, cómo lo quieren y lo mucho que me desean. Me folló largo y lento durante unos 10 minutos en esa posición hasta que sacó su pene para follarme en misionero. Nos acostamos en esta posición, deslizó su pene de nuevo en mi culo y sentí su verga dura y húmeda dentro.

Me besó y empezó a darme verga despacio, luego más rápido hasta que lo vi llegar a su inminente orgasmo. Sus fosas nasales se dilataron y sus ojos se agrandaron mientras me montaba. Su verga entró con más fuerza y pasé mis manos sobre sus pectorales tocando sus duros pezones mientras él gruñía. Sentí esa leve presión caliente a medida que explotaba dentro de mí con un fuerte gruñido. Se inclinó hacia atrás, y con furia tiró de su verga hacia afuera con una mano y frotó su tetilla perforada con la otra. Sacó su pene por completo y fue al baño a botar el condón usado.

“Qué culo tan rico” dijo mientras se sentaba a mi lado. “Te gustó?”, le pregunté. “No sé dónde aprendiste a culiar, pero es uno de los mejores culos.” respondió. Podía ver en sus ojos lo satisfecho que estaba y me sentí muy halagado. Me vestí y salí de su apartamento pocos minutos después. Camino a mi casa me agradeció por haber ido y me dijo que le gustaría volver a verme. No hemos vuelto a hablar desde entonces.


Puntuación: 8,5 de 10

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