#488. El ejecutivo mexicano de la obra de teatro

Como vi en mi clase de filosofía en el colegio, un gran filósofo alguna vez dijo que nuestra realidad es diferente a la de los demás, es única, y está construida con base en nuestras experiencias y nuestros sentidos. Los que saben del tema me perdonarán por no acordarme del nombre de este filósofo, y aunque nunca me gustó mucho la filosofía, esta reflexión siempre me pareció muy interesante porque no puedo estar más de acuerdo.

Siento que así funciono yo, y todo el mundo. Así como los venezolanos me parecen hombres muy lindos porque desde que era niño conocí venezolanos muy guapos, los mexicanos me parecen muy amables y amigables. Uno de mis mejores amigos en el colegio era mexicano, así como en mi intercambio, y cuando he viajado a otras ciudades del mundo, los mexicanos han demostrado ser una de las nacionalidades más amigables. Tengo una gran afinidad por los mexicanos, me encanta su país y siempre los he considerado personas con un gran corazón. Les mando un gran saludo a los mexicanos que me leen.

Cuando #488 me contó que es un mexicano de Ciudad de México que vive en Bogotá me llamó la atención saber qué hace un mexicano viviendo aquí. Mi sospecha fue confirmada por él: tiene un alto cargo en una compañía aquí en Bogotá y lleva varios meses viviendo aquí. Su foto de perfil en whatsapp era bastante sexy, tenía barba y estaba vestido muy elegante con corbatín con un fondo en lo que parece ser un matrimonio.

Me preguntó cuándo podíamos vernos y nos vimos esa misma semana. Me dio la dirección de su apartamento, vive en una zona privilegiada de Bogotá. Por la dirección supe que vivía cerca a una estación de transmilenio. Desafortunadamente en cuanto empecé a caminar hacia su casa, empezó a llover. No tenía sombrilla así que apuré mi paso y empecé a caminar más rápido, pero no podía encontrar la dirección. Sabía que estaba cerca, pero es una de las direcciones más difícil de encontrar.

Me indicó que su edificio quedaba al frente de un parque, pero habían decenas de edificios allí. Le pedí que me enviara su ubicación por whatsapp, lo cual siempre ayuda bastante. Finalmente crucé una calle y allí estaba #488 esperándome en el andén (la acera) en medio de la lluvia levantando la mano para que lo reconociera. Era alto, debía medir 1.80 al menos, era blanco, de unos 35 años, con una nariz varonil y barba. Entramos rápido a su edificio y subimos a su apartamento.

Vive en un edificio nuevo y muy moderno. Me llamó mucho al atención el diseño futurista y loft de su apartamento. De todos los apartamentos a los que he ido;#488 tiene el más bonito y mejor decorado de todos, es como si hubiera contratado un diseñador de interiores para decorarlo y amoblarlo.

Entramos directo a su habitación tipo hotel, estaba muy organizada y hacía buen contraste con su apartamento perfecto y prolijo para ser de un soltero. Hablamos un rato sobre su ciudad y las diferencias entre Ciudad de México y Bogotá. Me senté en la cama y #488 miró el reloj. “Tienes afán?”, le pregunté. “Tengo una obra de teatro a las 7”, respondió. Resulta que el teatro donde era la obra quedaba en el centro, muy lejos de donde estábamos y eran las 6:30. Tenía menos de 1 hora y media para llegar al teatro y estábamos en hora pico, además estaba lloviendo y el tráfico de la ciudad se vuelve caótico con la lluvia.

Entendí que no teníamos mucho tiempo pero sí tiempo suficiente para un “rapidito”, por lo que me desnudé inmediatamente y él también. Me acosté sobre la cama con mi culo hacia arriba haciendo movimientos sensuales para provocarlo, #488 se acercó con timidez y empezó a rozar mis nalgas con su mano. Me volteé para verlo y vi su verga colgando de su vello púbico recientemente cortado, con una longitud perfecta para mi gusto. Pensé que esa verga necesitaba una buena mamada para ponerla erecta y me acerqué hacia él para chupársela. Me puse en 4 sobre la cama mientras #488 estaba de pie al borde de la cama mirándome con su verga en mi boca.

Se la puse dura después de estimular su pene con mis labios y mi boca, era una verga de tamaño promedio encorvada hacia arriba. Cuando se la puse erecta supimos que era el momento de la penetración. Sacó una caja nueva de condones de su mesa de noche y se puso uno. Me acosté boca arriba y abrí mis piernas para que me penetrara, pero cuando iba a hacerlo su pene se había bajado. Se lo volví a mamar para ponérselo duro de nuevo y minutos depués estaba listo.

Me acosté y me lo insertó despacio hasta que lo tuve dentro de mí. No paré de gemir mientras tuve al mexicano dándome verga, lo único malo es que su cama era una king nueva que no hacía ruido, y me gusta más cuando la cama produce chirridos al ritmo de nuestros movimientos de lujuria y pasión.

Sus movimientos eran constantes y rápidos, poco tiempo después de follar en esta posición sacó su pene, el cual estaba pequeño. Sabía que no podía demorarse y estaba preocupado por la obra, sabía que eso estaba interfiriendo con su desempeño y por eso quería que acabara rápido. Se lo mamé y se lo puse duro una vez más, aunque no logré ponérselo tan duro como se debe, como cuando está completamente erecto, duro como una roca y venoso, así como cuando están muy arrechos que pueden venirse dentro de mi culo pocos minutos después de follarme.

Era consciente que no lo tenía suficientemente grande para penetrarme, pero quise intentarlo. Me acosté boca abajo y él encima mío. Abrí mis nalgas para dejar ingresar su pene y sentí cuando lo metió hasta el fondo. No estaba seguro si su pene seguía igual de “duro”, o si ahora estaba más pequeño. No sentía casi nada en mi culo y presentí que su miembro no esta funcionando. “maldita obra”, pensé. Tiempo después lo sacó y confirmé mi sospecha, su pene estaba más pequeño de lo que estaba antes de penetrarme.

“Lo siento, la obra no me deja concentrar”. dijo apenado. Le dije que no se preocupara porque entendía la situación, el tiempo era escaso y no podíamos demorarnos más, pues llevábamos varios minutos teniendo sexo. Eran las 6:20 y #488 iba tarde, ya era hora de que saliera.

“Tomas taxi o pides uber?”, le pregunté. “Mi conductor me lleva”. Afortunadamente tenía su conductor personal esperándolo en su parqueadero. Me vestí y me despedí de él, se disculpó varias veces por su desempeño y el poco tiempo que tuvimos, pero en realidad no tenía problema con eso, solo hubiera deseado que no me hubiera citado en su casa ese día.


Puntuación: 2 de 10

 

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