#489. El médico que me ató con sus corbatas a la cama

Me anuncié y subí en ascensor hasta el piso 18 donde vive #489 y busqué su apartamento, cuando lo encontré me paré al frente de la puerta en el tapete que parecía hecho con pelo de French Puddle. La ansiedad familiar que me da cuando estoy a punto de encontrarme con alguien se sintió en mi estómago de una forma muy intensa hasta que abrió la puerta. La intensidad de la ansiedad fue la misma que sentía en mis primeros encuentros cuando estaba a punto de verme con alguien: desde ir en camino hacia sus casas, luego anunciarme en sus porterías, subir en ascensor hasta sus apartamentos o caminar hasta sus casas. Entre más se acercaba el momento más me palpitaba el corazón, me sudaban las manos, y me ponía nervioso.

Entre más encuentros tenía, la ansiedad iba desapareciendo. Hoy en día es más manejable, incluso muchas veces no la siento. A veces la ansiedad acaba por completo en los primeros segundos de interacción, todo depende de la afinidad y confianza que me produzca el #personaje. Tal vez me ponía nervioso saber que era médico, que estaba bueno, y haber escuchado su voz sexy y varonil en los mensajes de whatsapp que me había enviado el día anterior diciéndome lo que me quería hacer en su cama al día siguiente.

Tiempo después de estar parado sobre el tapete en frente de su puerta recordé que no había tocado el timbre y lo hice inmediatamente. Abrió la puerta #489, un hombre de 1.70 de estatura, rubio, sus penetrantes ojos azules se encontraron con los míos y su rostro me mostró la sonrisa más fotogénica. Me extendió la mano y me hizo seguir, cerró la puerta detrás de mí.

Caminé hasta la sala y siguió detrás mío, llevaba una camisa limpia y blanca de Ralph Lauren, con pantalón y zapatos negros, y su perfume olía delicioso. Me sostuvo de la cintura y puso sus dos manos a los dos lados de mi cara, recorrió mis ojos y mis labios con sus ojos antes de inclinarse suavemente y besarme. Se alejó y luego me besó de nuevo, esta vez con su lengua en mi boca. Me acercó hacia él, puso sus manos en mi cuello y las mías en su pelo rubio, intercambiando nuestros jugos con nuestras lenguas. Se alejó y me preguntó: “¿Quieres seguir a mi cuarto?”, “Sí”, le respondí.

Me besó, y luego me tomó de la mano hasta su habitación. Me llevó hasta el rincón más alejado de la puerta mientras sentía sus manos en todo mi cuerpo. Comenzó a besarme apasionadamente, quitándome la ropa poco a poco.

Una vez estuve completamente desnudo me empujó sobre la cama. Caí sobre mi espalda y se subió a la cama después de mí. Gateando en 4, se arrastró hasta que estuvo sobre mí, con la mirada de un hombre que me mira como si fuera lo más importante del mundo. En ese momento cambió la dirección de su mirada hacia la mesa de noche y estiró su brazo para alcanzar algo, cuando vi lo que tenía en sus manos quedé confundido. Eran dos corbatas, una roja y una negra. Seguramente #489 se dio cuenta inmediatamente de mi cara de WTF!  y se rió.

“Alguna vez te han atado?” Me preguntó.

“Nunca, por que?”, le respondí

“Quiero proponerte una cosa, solamente si tú me lo permites. Me gustan las cosas diferentes y me gusta tener el control. Me gustaría atarte las muñecas con la cama ¿Está bien?”

Su explicación me tomó por sorpresa, pero al mismo tiempo me excitó mucho, tanto que mi pene se puso más duro y empezó a latir.

“Sí, no tengo problema”, respondí. Inmediatamente escuchó esto no perdió tiempo y hizo un nudo con la corbata alrededor de mi muñeca, luego la estiró e hizo un nudo con la esquina de la cabecera de su cama.

Me ató la otra mano a la cama y cuando terminó se detuvo para admirar su obra, me miró y sonrió. Se quitó la camisa, revelando un cuerpo promedio que acompañado de su linda cara y sus ojos azul profundo me tenían loco, luego siguió con sus pantalones y ropa interior, revelando una piedra dura en forma de banano, púrpura, hinchada, goteando pre-cum. Un pene de 18cm de perfección, firme, y delicioso. Tan pronto como lo vi, me puse aún más duro y mi frenesí sexual porque #489 me poseyera tomó niveles máximos.

Subió hacia mí y trajo su pene cerca de mi cara.

“Huélalo.”

Moví mi cara lo más cerca posible e inhalé profundamente. Podía oler su líquido preseminal y mi boca se hizo a agua. Abrí la boca y saqué la lengua, pero él se apartó, provocándome.

“Pídame verga”

“Por favor, dame verga!, dame tu verga!” grité.

Acercó su verga cada vez más, y me abalancé sobre ella, mis labios se cerraron sobre la cabeza y lo chupé ferozmente, saboreando su pre-cum salado y dulce, sintiendo la suavidad de su pene contra mi lengua. Moví mi cabeza hacia adelante y hacia atrás, pero justo cuando empecé a aumentar ritmo, se apartó.

Me dio una cachetada suave. Luego se hizo encima mío y me mordió los labios, me besó la oreja, y luego mi cuello, fue bajando lentamente por mis tetillas, mi abdomen hasta que llegó abajo y puso su lengua sobre mi ano. Me abrió de piernas con sus brazos y me besó el culo,  primero con suavidad y luego con fuerza. Sentí los pelos de su barba rozar mis nalgas, una sensación áspera pero muy arrechante.

Se movió al borde de la cama y se bajó, entró a su vestier y prendió la luz. Lo escuché escarbando sus cajones hasta que salió con su verga parada, morada y brillante en el glande mientras sostenía una caja de condones, abrió uno y se lo puso mientras me miraba a los ojos con una cara de “quiero comerte”.

Tan pronto como se terminó de poner el condón, se subió de nuevo con su verga apuntando hacia mi ano todo el tiempo, puso un cojín debajo de mi culo y se arrodilló en frente mío, listo para penetrarme. Sostuvo mis pies y subió mis piernas abiertas, acercando su pene cada vez más.

Estar atado sin poder moverme era una sensación increíble, no puedo describir con palabras el morbo que eso me provocó en ese momento ni la sensación de excitación tan extraña que tuve. Era como si quisiera que #489 me lo hiciera todas las noches, atado a su cama. Lo miré a sus ojos azules y capturé el momento en mi memoria para nunca olvidarlo, y recuerdo muy bien su mirada profunda justo antes de penetrarme. Me agarró de la cintura y empezó a puntear su pene con mi ano, si antes estaba arrecho ahora lo estaba aún más con su pene estimulándome.

“Pídame verga”, me ordenó.

“Dame verga! Quiero tu verga dentro de mí, cógeme!”, le pedí en voz alta, como si fuera el último pene de este mundo. Enseguida insertó su miembro en mi ano y a pesar de lo larga y gruesa que la tenía, estaba tan excitado que me sentía mojado por dentro y su pene se deslizó rápidamente hasta el fondo. Cuando menos me di cuenta, lo tenía todo adentro. Empezó a moverse despacio y a sacarlo y meterlo, mientras nuestras miradas no dejaban de desconectarse.

“Le gusta? le gusta como se lo hago?”, me preguntó en una voz demasiado sexy. “Me encanta como me lo haces”, le respondí con un gemido. Se acostó encima mío, agarró mis nalgas con sus manos y se adueñó de mí.

Cuando el volumen de mis gemidos aumentó me tapó la boca, “Shhhh” me decía mientras pero no podía evitar gemir por la excitación que sentía. Tener su pene entrando y saliendo de mi culo sin poder moverme era una sensación única y excitante. Las paredes de mi ano se había dilatado por completo y creo que en ese momento podría haber recibido la verga más grande que me han metido sin dolor.

“Apriete, apriete”, me pidió. Apreté mi ano con todas mis fuerzas y cada vez que lo hacía podía sentir lo mucho que le gustaba. “Eso, así, qué rico” me decía cada vez que lo apretaba. Podía ver sus ojos cerrarse con fuerza del placer cada vez que apretaba mi ano, e hice un gran esfuerzo para apretarlo lo más que pude y darle el placer que merecía.

“Si sigue apretando así me va a hacer venir”, me dijo en voz baja después de un tiempo de apretar. Sus palabras hicieron que lo apretara aún más, y más, puse toda la fuerza que mi cuerpo podía tener en los músculos de mi ano, sentía su pene caliente y sabía que estaba cerca de llegar al orgasmo. “AHHH, AHHHH” exclamó a medida que se venía, sus ojos se cerraron con fuerza y así duraron por un buen tiempo, sentí una leve presión dentro de mí, fue la explosión de su descarga de semen llenando el condón, eso me volvió loco.

De haber tenido mis manos libres y masturbándome, me habría venido en ese momento. Gemí duro cuando terminó y le di un beso corto cuando cayó cansado encima mío.

Duró allí alrededor de un minuto, quieto y sudado acostado sobre mi pecho. Finalmente se levantó y quitó los nudos de las corbatas en las esquinas de la cama y me ayudó a quitar los nudos de mis muñecas. Me dio un pico y fue al baño a botar el condón. Nos bañamos juntos, luego nos acostamos en cucharita y 15 minutos después me vestí y me pidió un uber para irme a mi casa. Le agradecí por el uber y nos despedimos a la entrada de su apartamento, al salir de su casa abrí mi celular y abrí la aplicación Google Spreadsheets donde llevo mi lista de excel, y lo agregué como “#489. El médico que me ató con sus corbatas a la cama”.


Puntuación: 10 de 10

 

Un comentario sobre “#489. El médico que me ató con sus corbatas a la cama

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