#492. Cogiendo entre materiales de construcción

Mis gustos frente al sexo pueden cambiar, evolucionar, o transformarse. Hace unos meses era de los que decía que no era fan del cruising y que prefería la comodidad de una cama por encima de cualquier otro lugar que pudiera parecer poco convencional a la hora de tener sexo.

Tras querer experimentar cosas nuevas y practicar algo diferente a lo que estaba acostumbrado, el cruising se volvió en algo que disfruto, pero me di cuenta que no es para todo el mundo. Se necesita estar dispuesto a todo y pensar como dijo Romeo Santos: “una ventura es más divertida si huele a peligro”. Lo más excitante del cruising es cuando es imprevisto, un tónico para darle picante al momento, en mi caso,  la tensión arterial aumenta, sube la temperatura y la adrenalina llega a niveles que no se vive en una cama.

Me gusta que me culeen en lugares no convencionales, y hasta el día de hoy he experimentado en varios sitios como un balcón, parques, carros, parqueaderos, bodegas, depósitos, un contenedor, salones comunales, humedales, baños públicos, oficinas, una sala de juntas, salón de clase, cocinas, discotecas, bares, entre otros.

Todavía tengo fantasías, pero sé que las cumpliré de forma imprevista como he cumplido otras que tenía. Las ganas de vivir esa adrenalina de hacerlo en lugares públicos me ha permitido conocer lugares nuevos. Así es como he conocido la mayoría de lugares públicos donde he hecho cruising.

Mi encuentro con #492 y el lugar donde tuvimos sexo también fue un descubrimiento que hicimos en medio de la arrechera y unas ganas por comernos el uno al otro. La falta de sitio no era problema, pues #492 tenía la personalidad que se necesita para hacer cruising. Y digo esto porque en este mundo hay dos tipos de personas: los que sirven para hacer cruising y los que no sirven para hacer cruising.

Lo malo es cuando los que no sirven para hacer cruising creen estar listos para intentarlo, y una vez llegan al sitio se arrepienten. Debería haber un lugar en el infierno para este grupo de personas. #492 tenía una personalidad complaciente, y fue extraño porque usualmente soy yo quien es complaciente, pero de vez en cuando es divertido tomar el control. #492 Me dejó claro que haríamos lo que yo quisiera y donde yo quisiera. De seguro si le hubiera dicho que quería hacerlo con él en la torre colpatria me habría hecho caso.

Era alto, medía 1.85, blanco, con brackets, de 24 años, cuerpo promedio y cara ovalada. Cuando el destino quiere que tenga sexo en un lugar público, el universo trabaja a mi favor. La ubicación donde estábamos no era propicia para tener sexo, pero sin saberlo a pocos metros de nosotros había un edificio abandonado, era una mina de oro, un yacimiento de petróleo sin descubrir para los amantes del cruising.

El lugar parecía que no había sido visitado en un buen tiempo, estaba sucio, con escombros de cemento y materiales de construcción que no estoy seguro si habían quedado allí por una obra que nunca fue terminada o si el lugar había sido destruído a punta de martillo.

Hacía frío pero era perfecto para calentarnos con nuestro calor corporal. Tomé a #492 de la mano y lo llevé a un sitio donde nadie podía vernos, me agaché y desabotoné su cinturón. Saqué su miembro flácido y pequeño y lo puse en mi boca para hacer mi tarea. Con el tiempo sentí como empezó a volverse más y más grande hasta que empecé a atragantarme con su vergota. Era gruesa pero no tan larga.

Le chupé las bolas y me aseguré que lo mantuviera duro por varios minutos y prepararlo para la penetración. Saqué su pene de mi boca y me levanté, me quité la chaqueta, luego el saco, mi camiseta, seguí con el pantalón y mis bóxers. #492 Me observó mientras me quité cada prenda y cuando estuve completamente desnudo me acerqué para quitarle la camiseta.

Saqué un condón de mi pantalón le dije. “Quiero cabalgarte”. Quería tener el control también durante el sexo y cabalgar su verga a mi ritmo. #492 y yo removimos algunos materiales que cubrían el piso para despejar espacio y que él se pudiera acostar. Puso su chaqueta en el piso y se acostó encima.

Me senté encima de él y empecé a frotar mi culo con su verga para excitarlo y estimularlo, poco tiempo después tomé su pene con mi mano y me lo ensarté poco a poco hasta que lo tuve todo dentro de mí. Me adueñé de su verga, era mía en ese momento. Empecé a cabalgarlo de adelante hacia atrás y luego de arriba a abajo mientras frotaba mis manos con su pecho. Gemí duro sin miedo a que me escucharan y me metí su pene profundo dentro de mí. Jugué con él y estimulé lo más profundo de mi año con su glande.

No me enfoqué en #492 ni en su cara, ni le pregunté si lo estaba disfrutando. Me concentré en mí mismo y en mi propio placer. Lo cabalgué por unos 10 minutos, fue como hacer ejercicio por una hora. A los 10 minutos estaba exhausto, sudando y sentía que no podía más.

Finalmente me levanté y saqué la verga de #492 de mi ano, tiré el condón lo más lejos que pude y nos masturbamos juntos. #492 se vino primero masturbándose sentado encima mío sobre mi abdomen y me vine después que él. Mientras me vestía me di cuenta que mi ropa estaba un poco sucia, nos vestimos y salimos del lugar. Me despedí y tomamos rumbos distintos.


Puntuación: 7 de 10

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