#493-497. Cogiendo con 5 hombres en el bar. Segunda parte

En la primera parte de este relato expliqué la razón de mi comportamiento que desarrollé en algunos bares y discotecas que visitaba. Fuente de una serie de encuentros sexuales con muchos hombres en un cuarto oscuro, donde me desnudaba y me acostaba en una camilla, luego era penetrado por varios hombres que hacían fila para cogerme, uno después de otro mientras chupaba penes de otros y era manoseado y observado por muchos.

La sensación de ser observado y deseado era como un éxtasis que recorría mi cuerpo, la noche que estuve con #493-#497 volví a experimentar este éxtasis.

Todo empezó con la invitación de #493 a tomarnos una cerveza. #493 y yo llevábamos hablando por varias semanas y me dio pena posponer su invitación más días.

Llegué al bar donde me citó, entré buscando un hombre con jean y chaqueta negra como me dijo que iba vestido. Alguien gritó mi nombre, era #493. Volteé a mirar de dónde provenía el grito y vi a #493 sentado con una poker en la mano, por la hora el lugar estaba lleno y por fortuna #493 tenía asegurada una mesa con dos sillas para los dos.

El caldo de ojo era bueno, por donde mirara me quería alguno. #493 era blanco, de 30 años, calvo, de ojos negros y barba corta. Tenía una sonrisa linda y una voz gruesa.

Entre miradas y sonrisas empecé a pensar con el pene y mi líbido aumentó con cada trago de cerveza. Sus piernas eran gruesas y su jean ayudaba a que su bulto fuera más prominente. No podía concentrarme en nuestra conversación, 4 cervezas después estaba perdido entre sus ojos color negro profundo, sólo quería follármelo. Era claro cómo iba a terminar nuestra cita.

“Qué miras?” Me preguntó. Me encontraba mirando fijamente su sobresaliente bulto, mi sonrisa nerviosa explotó. “Nada”, respondí. Lo tomé de la muñeca y acaricié la palma de su mano con mi dedo anular. Mi mensaje era claro y sólo esperaba aprobación de él. Sonrió e hizo una cara de: “niño malo”.

“Qué quieres nené” me dijo en voz baja mientras sonreía y me miraba con una cara de: qué ingenuo eres. Estiré mi mano debajo de la mesa y la puse en su miembro, #493 se sorprendió y se echó para atrás. Se estaba haciendo el difícil y así fui conociendo su personalidad. Hay unos que son lanzados y otros que les gusta que les insistan, puedo funcionar de cualquier manera dependiendo del #personaje. #493 es de los que les gusta que les rueguen y estaba dispuesto a seguir su juego para tener sexo con él.

Lo miré a los ojos y agarré su miembro con más fuerza, luego empecé a frotar mi mano hasta que se lo fui poniendo duro. Dos minutos después estaba duro como una roca. No podía dejar pasar ese momento, así que me acerqué a su oído y le susurré: “vamos allá”.

Le señalé un lugar pequeño que había visto mientras lo buscaba cuando llegué, siempre que voy a bares o discotecas busco sitios donde se pueda tener sexo. El lugar era algo reservado y había un sofá donde se podía tirar. El reto era que #493 aceptara tener sexo allí. Se dejó llevar por mí y llegamos al sofá. Había dos hombres hablando a tan sólo 5 pasos, pero no me importaba, y esperaba que a #493 tampoco.

#493 se sentó y me arrodillé al frente de él para mamárselo. Bajé su cremallera y saqué su pene de un huequito que había en el bóxer. Lo tenía medianamente grande, eso quería decir que necesitaba que se lo pusiera duro. Se lo chupé y poco tiempo después sentí su pre-cum en mi boca.

Estábamos tan excitados que a #493 no le importó que hubieran dos tipos viéndonos. Por mi parte, me excitaba aún más. Mientras se lo mamaba puso su mano en mi frente para detenerme.

“Me tienes a punto de llegar”, susurró con una cara de pena. No quería que se viniera todavía y esperé un rato a que le bajará la excitación.

“Quiero que me lo metas”, le pedí cuando le bajó la erección. Enseguida me volteé, me bajé los pantalones y luego los bóxers. Me senté con mi culo desnudo sobre sus piernas y empecé a moverme con su pene entre mis nalgas simulando que lo estaba cabalgando. Segundos después lo volvió a tener tan duro como cuando se lo estaba mamando.

Me agaché y saqué un condón del bolsillo de mi jean y me volteé para ponérselo. Quería asegurarme que me lo metiera en ese momento. #493 me ayudó a terminar de ponérselo. Estaba listo para cabalgarlo, abrí mis nalgas con las dos manos y #493 sostuvo su pene erecto con la punta hacia arriba esperando a entrar en mi ano.

Me tomó de la cintura y bajé, apunté mi ano hacia su pene y después de pocos intentos me ensarté su verga dentro. Estaba tan arrecho que sin necesidad de lubricante mi ano estaba lubricado y lo sentí todo dentro de mí rápidamente. Se nos olvidó que habían otros dos observandonos y nos concentramos en disfrutar del otro.

Empecé a gemir duro como me gusta pero #493 me pidió que no hiciera ruido, sabía que tener sexo en frente de dos desconocidos en un bar debía ser una experiencia nueva para él, así que hice lo posible porque lo disfrutara seguir su ritmo. En ese momento se acercó un hombre alto, blanco, guapo, de unos 32 años, se bajó la cremallera y empezó a masturbarse mientras nos veía, él sería #494.

Haciendo un esfuerzo sobrehumano por no gemir, cinco minutos después de cabalgarlo me sentí cansado y empecé a sudar, sentir su verga entrando y saliendo de mí mientras había dos tipos observándonos me traía loco. Dos fetiches míos estaban sucediendo en ese momento: lo estaba haciendo en un lugar público y estaba siendo observado por desconocidos mientras me lo hacían. Tenía mucho calor y me desabotoné los botones de la camisa azul a cuadros que llevaba.

Sin previo aviso dejé de sentir su pene dentro, #493 bajó el ritmo y cuando volteé mi cabeza para mirarlo lo vi cansado y ya no estaba excitado. “Te viniste?”, le pregunté. “Sí”, me dijo en un tono como cuando se acaban de venir, con voz baja y jadeando.

Me levanté y cuidadosamente saqué su verga de mi culo, tomé el condón usado, lo sostuve unos segundos en mi mano para pesar su semen y lo boté en una esquina. #493 se levantó de la silla, se subió los bóxers, luego el pantalón y se abrochó el cinturón.

Cuando volví al sillón después de haber arrojado el condón estaba #494 masturbándose y mirándome fijamente a los ojos, su pene estaba completamente erecto, era grueso y bien rojo en la punta, era evidente que alguien necesitaba deslechar esa verga. #493 se apartó para que #494 se pudiera acercar a mí y tomé su miembro con mi mano. Me agaché y empecé a mamárselo, estaba bien caliente y baboso, como si hubiera precum en la punta.

No pasó mucho tiempo desde que me metí su pene en mi boca y cuando lo tuve en mi culo. Se lo mamé por un minuto y sacó un condón de su bolsillo, era de esos condones que regalan en sitios gays que son pequeños y le quedó un poco difícil ponerselo. La cabeza de su pene gruesa y morada se veía atrapada en ese condón, #493 se quedó parado mirándonos y me acosté en el sofá para que #494 me penetrara en pollo asado.

Mi ano estaba lubricado y abierto, el pene de #494 ingresó rápido y cuando lo tuve dentro no paró de darme duro. Para ese entonces ya había más de 5 hombres mirándonos, entre ellos se encontraba #493. Empecé a aumentar el volumen de mis gemidos, pero a #494 No le importaba que gimiera, incluso le excitaba.

Su pene se deslizaba como anillo al dedo, me empezó a follar tan duro que me fue corriendo hacia la esquina del sofá hasta que quede con la cabeza colgando y luego sentí que estuve a punto de caerme. “Me voy a caer!”, le grité. Me agarró fuerte de las piernas y me movió hacia atrás para que pudiera tener mi cabeza sobre el sofá de nuevo.

Llegó a la escena #495, un hombre que no había visto se acercó a mí con su verga dura para que se lo mamara, no miré su cara ni qué tan alto era, me excitó demasiado su pene duro y venoso listo para entrar en mis labios. Lo tomé con mi mano y me lo metí a la boca, sabía salado y ocupó cada centímetro cúbico dentro de mi boca.

Tenía la verga de #494 en mi culo y la verga de #495 en mi boca, era delicioso tener llenos los dos huecos de mi cuerpo. No sabía a quién se lo estaba mamando y de vez en cuando el anonimato es delicioso, resulta excitante y emocionante no saber quién es la otra persona. Envidio a las mujeres porque con su anatomía pueden tener sus tres orificios llenos con vergas y no solo dos como yo. Me sentía usado, deseado, mi pene estaba como una roca.

#495 metía su pene tan profundo y con tanta fuerza dentro de mi boca que muchas lágrimas salieron de mis ojos y en varias ocasiones sentí la necesidad de vomitar. Apenas #494 lo sacó de mi ano, #495 retiró su verga de mi boca y se movió rápidamente para follarme.

Cuando #495 se movió al frente mío para follarme por fin lo pude ver, era de cara promedio, de estatura promedio, moreno, ojos y pelo negro, nada del otro mundo pero me tenía con muchas ganas de meterme su verga en mi culo. Se ubicó en frene mío y me abrió las piernas, acercó su pene a mi culo y cuando me lo iba a meter a pelo le grité: “sin condón?”. “No tengo”, respondió muy excitado metiendo la punta dentro de mí, estaba a punto de meterlo dentro de mí sin condón pero lo impedí con mis manos sobre su abdomen. Estaba tan arrecho que casi lo permito, pero volteé a mirar a mi alrededor y ya habían más de 8 manes mirándome. “Alguien tiene un condón?”, grité con la esperanza que alguien tuviera.

Un hombre de baja estatura se acercó y sacó 2 condones de su maleta, #495 se puso uno rápidamente y me penetró, gemí duro y no me importó que todo el bar me escuchara, tenía una verga dentro y varios hombres mirándonos, no podía pedir más en ese momento.

Me sentía deseado, usado, observado, morboseado, era el tercer pene que me metían en menos de media hora y eso me tenía muy arrecho. Mi culo estaba dilatado y estaba listo para recibir más vergas. Levanté la camisa de #495 Y toqué su abdomen duro y perfecto que se movía al ritmo en el que me culiaba.

“Dame verga!” Le repetí varias veces hasta que movió sus pupilas hacia arriba y cerró los ojos con fuerza, dio 3 empujones más y se quedó quieto, estoy seguro que le di un orgasmo fuerte. Casi 30 segundos después sacó su pene y volví a mirar a mi alrededor. Cada vez habían más hombres viendo como me comían, eran más de 12 en ese momento.

Vi a un hombre de estatura promedio, aparentaba 25 años, blanco, de ojos verdes y delgado que me llamó la atención. Me estaba viendo y no sabía cuánto tiempo llevaba allí, tomé mi culo con las manos y abrí mis nalgas para que todos vieran mi ano dilatado y rosado. 3 vergas habían entrado y quería al menos otra más.

Soy muy osado en el sexo y no dudé en hacerle saber al chico lindo de ojos verdes que quería que fuera el próximo, quien se convertiría e. #496. Me levanté del sillón, lo tomé de la mano y lo llevé de nuevo hasta el sillón. Me agaché y le abrí la cremallera, saqué su pene flacido y algo pequeño todavía, tenía una misión y era ponérselo grande para que me penetrara.

Me tomó al menos 5 minutos mamándoselo para ponerlo erecto y cuando estuvo duro le puse el otro condón que me había pasado el hombre bajito. Lo jalé de la camisa hacia mí y le ayudé con mi mano a encontrar mi hueco con su glande. Cuando lo logró, lo metió despacio y empezó a moverse hacia afuera y hacia dentro. Era el cuarto pene que me metían en ese bar y no sé cómo no me había venido con tantos tipos viéndome, #496 era el más lindo de todos en el lugar y quería que me follara más tiempo, pero 30 segundos después se le puso pequeño. “Lo siento, no puedo con tanta gente viéndonos”, fueron las últimas palabras que dijo antes de sacar su pene. Lo sacó y botó el condón en el piso, se subió el jean y se subió la cremallera, luego lo vi alejarse y perderse entre los demás que nos estaban viendo.

Fue una lástima no haber pasado más tiempo con #496, pero entiendo que debió ser una experiencia de otro nivel para él. Mientras #496 se subió el pantalón vi a #497, un hombre de cara promedio con cuerpo rico y camiseta amarilla que se acercó a mí, pude notar en su mirada que quería estar conmigo y que no le importaba que hubieran otros viéndonos.

Estiré mi mano y toqué su paquete, lo tenía duro. Bajé su cremallera y dejé salir su miembro de 20 centímetros listo para ingresar en alguno de mis agujeros. No quería mamar más, quería ser culiando una última vez e irme del bar.

Lo masturbé un rato y luego me acerqué a su oído y le pregunté: “Quieres metérmelo?”. Su respuesta fue inmediata, sacó un condón y metió su dedo en mi ano. Me puse en posición para recibir su pene y me abrí de piernas. Esta vez gemí en voz baja, quería conconcenterarme en ver su cara de placer y ver sus brazos gruesos que sobresalían de esa camiseta amarilla. Fui un espectador más, me quedé con mis piernas abiertas recibiendo la verga de #497, entrando y saliendo de mi ano a un ritmo suave y constante.

Culiamos por 4 minutos y al final sacó su pene y se masturbó hasta que se vino en mi cara. Me sentí realizado, había estado con 5 manes diferentes en menos de una hora pero ya estaba muy cansado y no hubiera sido capaz de recibir más penes al menos en la próxima hora.

Cuando #497 terminó se vistió y se fue. Quedé prácticamente desnudo, me sentía sucio pero se sentía rico, había condones usados alrededor mío, olía a semen y a sudor, me masturbé y me vine rápido. Unos cuantos se quedaron para mirar mientras me masturbaba y se fueron cuando me vine. Me vestí y me fui del lugar, no sé en qué momento se fue #493, pero tampoco me importó. Salí del bar y cogí el primer taxi hacia mí casa, cuando miré la hora era más tarde de lo que pensaba, pues sentí que el tiempo se pasó volando.

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