#501. El médico infiel

Hoy me siento cansado, ayer me dormí en clase. Ha sido una semana agitada pero muy emocionante, he cogido con varios en una misma ocasión en bares, baños, y hasta una oficina. Me han derramado semen en mi cara y cuerpo, me gusta la sensación cuando se seca sobre la piel y queda tensa, luego en el trayecto a mi casa siento la piel tirante, un buen recuerdo de los orgasmos que le he provocado a los que han estado conmigo. A veces el semen seco funciona como pegante y hace que la tela de mi ropa se pegue a mi piel, al punto en que duele al quitármela.

El semen es otro de mis fetiches. Pero al igual que mucha gente, alguna vez le tuve asco. En mis primeros encuentros no podía tocarlo ni olerlo, la simple idea de tener contacto con el semen de alguien me parecía repugnante. Fue hasta que conocí a #36 que le perdí asco al semen, donde me hizo querer probarlo y tragármelo.

Desde entonces me encanta verlo, olerlo, tocarlo y hasta saborearlo. Aparte de un gangbang, me encanta la idea de hacer parte de un bukake. Para los que no saben qué es un bukake, es cuando hay muchos activos y un solo pasivo, y los activos se masturban y se le vienen al pasivo en la cara o en la boca y el pasivo se traga el semen. Es similar a un gangbang, pero en lugar que le metan a uno los penes en el culo, se trata de tenerlos en la boca hasta sacarles la leche.

#501 me citó a la entrada de su edificio en la 116 con autopista y cuando llegué a la portería me dio su número de apartamento. Subí y me abrió la puerta un hombre que medía 1.80, era moreno, con cuerpo normal, sin barba, de cara ovalada, parecía costeño pero su acento era rolo. Hablaba en voz baja y parecía ser alguien muy calmado. Me dijo que es médico y desde que empezamos a hablar me pidió el favor que fuera discreto porque tenía pareja y no se podía enterar. #501 no solo era médico, sino que tenía una relación sentimental con alguien más. Reunía dos fetiches: ser médico y ser infiel.

Meterme en la cama de un infiel es una de las cosas que más morbo me producen. Saber que alguien le está siendo infiel a su pareja conmigo en la misma cama donde tienen sexo me pone muy duro y me hace pensar que le estoy dando algo que su pareja no puede.

Cuando entré a su cuarto exploré rápidamente el ambiente, intenté descifrar las pertenencias de su pareja o cualquier elemento que me indicara que era de su novio. Por el lugar donde se acostó en la cama pude darme cuenta cuál era su mesa de noche, y cuál era la de su novio. Me quité los zapatos y me subí a la cama, #501 estiró el brazo izquierdo y puse mi cabeza sobre su hombro para recostarme. Bajé mi mirada y me enfoqué en su bulto. El pantalón caqui se doblaba con facilidad a la altura de su miembro, por lo que no era fácil ver si lo tenía duro.

Se qutió la camiseta blanca, tenía un cuerpo normal proporcional a su estatura, y parecía que estaba empezando a ir al gimnasio. Estiré mi brazo hacia abajo, acerqué mi mano a su entrepierna y confirmé lo que pensaba: todavía no estaba duro, de hecho casi ni lo siento. Me agaché y desabroché su cinturón, luego le bajé la cremallera y pude ver su pene moreno y afeitado el cual estaba empezando a ponerse grande. Me lo metí en mi boca y se lo mamé hasta que se puso bien duro. Uno nunca sabe el verdadero tamaño de una verga hasta que la ve completamente erecta. No se puede inferir el tamaño al que un pene puede llegar cuando está pequeño, siempre es una sorpresa.

#501 era vergón, además lo tenía relativamente grueso. No era de los super vergones que apenas le veo el pene me da miedo porque sé que puede destruir mi ano, pero sí lo tenía más grande que el promedio. Nos miramos como cuando uno sabe que ha llegado el momento de la penetración. #501 se levantó y fue a traer el condón. Se lo puso con cuidado y apenas se lo terminó de poner sentí que su pene de repente era más grande de lo que era minutos antes.

Me acosté, puse mi culo en la orilla de la cama y él se quedó parado, listo para penetrarme. Tomé su pene con mi mano y le indiqué dónde debía apuntar. Me sentía abierto ese día y su pene ingresó más fácil de lo que pensaba. Cuando lo tuve todo dentro se acomodó inclinado hacia mí y puse mis piernas sobre sus hombros; así empezó a cogerme: despacio y a un ritmo constante.

Luego alejó su pecho y puse mis pies sobre sus pectorales, empezó a moverse más rápido. En ese instante recordé que estaba en la cama donde se come a su novio y sentí un morbo intenso. Agarré las sábanas con fuerza y gemí más fuerte, me imaginé que su novio entraba y nos descubría. Mientras lo hicimos en esa posición mis piernas se movieron constantemente de lugar. Las tuve en sus hombros, bien abiertas, sobre su pecho y abrazando su espalda. Culiamos así por unos 15 minutos hasta que paró para descansar.

La pausa era justa y necesaria, llevaba minutos dándome verga sin parar. Sacó su pene y se quitó el condón, tomó aire y se relajó mientras que yo me quedé acostado en la cama observándolo. Miré su culo redondo, su pene semi-erecto, su cuerpo alto y moreno mientras se movía alrededor del cuarto. Fue al baño, miró por la ventana, caminó, se sentó, hasta que se sintió listo para continuar con lo que habíamos empezado.

Me acosté boca abajo con mis nalgas hacia él para provocarlo y segundos después cayó acostado encima mío rozando su pene entre la raja de mis nalgas. Rozó su glande contra mi ano y en varias ocasiones sentí que lo iba a meter sin condón. Empecé a mover mi culo hacia arriba y hacia abajo, estimulando su miembro para que volviera a ponerse erecto.

Nuestros cuerpos bien pegados creaban una fuente de calor en mi piel mientras los movimientos de mi culo hacia arriba y abajo incitaban una culiada inminente y pronta. A pesar de esto estábamos disfrutando de ese morbo sin penetración tanto como cuando tenía su pene en lo más profundo de mi ser. Mi pene duro estaba siendo frotado por las sábanas de su cama, como una masturbación inevitable como consecuencia de nuestros movimientos sexuales.

Finalmente se levantó de la cama y se puso el condón, me pidió que me pusiera en 4 y así lo hice. Sentí nervios porque pensé que esa vez iba a doler más que la primera posición, pues en 4 siempre siento más la presión de un pene cuando ingresa en mi ano. Lo insertó con cuidado y segundos después me sentí el dueño de su verga. Me tomó de la cintura y poco a poco aumentó el ritmo, no pude evitar empezar a gemir como perra en celo, sentía una combinación de adrenalina, excitación y presión en mi ano por su verga entrando y saliendo de mi culo.

Minutos después caí sobre la cama con #501 encima de mí, no dejó de cogerme por un segundo, de hecho cada vez disfrutaba más de su pene dentro aunque no podía respirar bien por tener todo su peso encima, su pecho tocaba mi espalda. #501 es de esos que no besan, pero los besos no fueron necesarios en ningún momento. Era suficiente con tener su pene entrando y saliendo de mi culo.

“Quiero que te vengas”, Le dije en pleno ajetreo. Sabía que estaba a punto de hacerlo y me dieron muchas ganas de pedirle leche. Sentí sus empujones acompañados de un sonido orgásmico el cual no era un gemido, si o un gruñido. Un gruñido muy excitante y varonil que al escucharlo me puso aún más duro. “Ahhhh!!!”, gruñó por más de 5 segundos mientras eyaculaba en el condón y le daba su orgasmo.

Cuando terminó sacó el condón y lo botó en el baño. Volvió y me masturbé besando sus tetillas.

“Qué diría tu novio si nos encontrara en este momento?”, le pregunté estando entrepiernados.

“No me quiero imaginar eso”, contestó. Me vestí y pedí el uber, #501 salió del cuarto mientras me vestía y me despidió en la puerta. Al salir tuve una sensación de victoria.


Puntuación: 8,5 de 10

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