#506. El cura

El título de este relato lo revela todo, pero lo que más me sorprendió fue la forma como me enteré de lo que hacía #506. Nunca antes me había interesado estar con un cura, de hecho mi percepción de ellos era muy negativa por una situación aberrante que presencié con un cura y sobre la cual no quiero hacer énfasis.

Era eso de las 11pm, entré a grindr y vi la foto de #506, era una foto del torso de un hombre con camiseta tipo esqueleto color azul, también se podía ver parte de su mentón y su barba. Su foto no era la típica foto que llamaría mi atención, pero su nombre de perfil decía “Activo” y me gustaron sus brazos, su barba y su contextura gruesa. Decidí enviarle un mensaje y me envió fotos de su cuerpo y su cara. Tenía 33 años, medía 1.70, era trigueño claro, tenía ojos oscuros y pelo muy corto.

Le envié fotos desnudo y tuvimos una conversación muy caliente, pocos minutos después de empezar a hablar me estaba invitando a su casa para culiar. Me sentía cansado y no quería salir a esa hora. #506 me envió varios mensajes pidiéndome que fuera, y aunque tenía ganas sabía que podríamos consumar un encuentro otro día ya que vivíamos cerca. La insistencia de #506 por culiarme hizo que le dijera que iría a visitarlo al día siguiente temprano.

Puse el celular a cargar y me acosté a dormir. Al día siguiente sonó la alarma, me levanté, me bañé y mientras me alistaba revisé el celular como todas las mañanas, vi un mensaje que #506 me había enviado a las 5 de la mañana preguntándome si iba a ir. Se me había olvidado por completo lo que le dije la noche anterior, no pensé que se lo tomaría seriamente, ni siquiera habíamos acordado una hora , tampoco tenía pensado madrugar para tener sexo con él, pues solo lo dije para que no insistiera más.

Aparecía conectado y le pregunté si podía en ese momento, me respondió inmediatamente que fuera, parecía que estaba esperando mi respuesta. Me alisté rápido y salí caminando hacia su edificio. Me perdí unos minutos antes de llegar pero poco tiempo después logré dar con su dirección. Me abrió la puerta un hombre de contextura gruesa, llevaba puesta una camisa a cuadros y bóxers, no tenía pantalón. Me dio mucho morbo verlo así, era como si se estuviera alistando para ir al trabajo y me dio intriga saber qué había debajo de esa camisa a cuadros. Tenía barba y se veía tan bien como en las fotos. Su voz era suave y aguda para su aspecto.

Me dio un apretón de manos y sonrió, luego me invitó a que dejara mi maleta en la sala y siguiéramos a su cuarto. No hubo conversación previa ni mucho foreplay, entramos a su habitación, cerró la puerta y nos desnudamos. No teníamos mucho tiempo, así que fuimos al grano. #506 se quitó la camisa en frente mío y pude notar el rico cuerpo de oso que tenía: grueso y con pelos en el pecho.

Me arrodillé y le bajé los bóxers, tenía su pene duro antes de empezar a mamárselo. El tamaño de su pene era más pequeño que el promedio, pero me tranquilizó porque sabía que no iba a doler. Se lo mamé por unos dos minutos y nos montamos en su cama destendida. Arrumé todas las cobijas hacia un lado para acostarnos encima de las sábanas y que no quedaran montañas incómodas debajo de nosotros.

Abrí mi culo con las dos manos y #506 lo contempló por unos segundos antes de chupármelo. Cuando acercó su boca a mi ano sentí su barba rozar las entradas de mi ano, una sensación algo incómoda pero a la vez excitante. Metió su lengua en mi ano y me hizo gemir fuerte, pero enseguida me pidió que hiciera silencio para que no nos escucharan sus vecinos.

Me retorcí intentando no gemir. Si tan solo supieran que disfruto mucho más un pene que una lengua o en dedo en mi ano, pero sé que a la mayoría les gusta hacerlo, y si a ellos les gusta, a mí también por el simple hecho de saber que disfrutan hacerlo conmigo. Terminó de besar mi ano y subió para volver a besarme en la boca, sus besos estaban cargados de lujuria y excitación. Me tenía a mil con la forma como me besaba, la rapidez y la pasión con la que lo hacía. Me tocaba la cintura, mi pecho, mis piernas y mis nalgas con desespero, como si estuviera en un punto máximo de placer que no podía controlar.

Lo abracé, lo agarré de la nuca y jalé su pelo corto mientras alternábamos nuestros besos entre el cuello, los labios y nuestras lenguas. En medio de ese fulminante momento paró, me miró a los ojos y me preguntó: “Tienes novio?”. “No”, le respondí. Su pregunta me tomó por sorpresa, sobre todo porque paramos de besarnos de la forma tan intensa y provocativa como lo estábamos haciendo. “Y no quisieras tener uno?”, me preguntó. Tomé su comentario como una simple pregunta, de esas que no van a nada en serio y me lancé hacia adelante para darle otro beso profundo, de esos que él me daba.

Bajé mi mirada y allí estaba su pene completamente erecto apuntando hacia mi ano, listo para depositar su leche en mi culo. Agarré un condón y se lo puse con afán, alcancé una almohada y me la puse debajo de mi culo para que los dos estuviéramos más cómodos al momento de la penetración. Subí mis pies sobre sus hombros y #506 empujó su miembro hasta el fondo en un solo intento. Sentí una presión inmensa cuando lo metió, pero no hubo dolor, debió ser porque me tenía muy excitado y lubricado por dentro.

Vi su cuerpo moverse hacia adentro y hacia afuera rápidamente, con el mismo morbo y la misma arrechera con la que me había besado minutos antes. Poco tiempo después que me penetró por primera vez mis piernas cambiaron de posición y se abrieron por completo debajo de sus brazos, esto permitió que pudiera moverse con mayor rapidez y libertad. Sentí la punta de su pene palpitar dentro de mí.

Por la forma como me lo estaba haciendo podía inferir que estaba próximo a venirse, y si me estuviera masturbando también habría venido rápido.

Sentí como su pene se abría paso entre la entrada y la parte más profunda de mi ano, mi culo se había abierto para dejar entrar su verga y poder darle un orgasmo inolvidable. Aumentó su velocidad y empecé a escuchar su cintura golpear contra mis nalgas con mayor intensidad, lo agarré del cuello para acercar su cara a la mía y poder besarlo mientras lo sentía empujar su pene lo más profundo que podía.

Me tenía al límite, y sé que él también lo estaba. Llegamos un punto máximo de excitación y éxtasis donde nuestros cuerpos se conectaron a un nivel extraordinario, en poco tiempo estábamos sudando y me tenía gimiendo duro otra vez, pero no me pidió que me callara y estoy seguro que tampoco le importaba el sonido que producía su cama debido a sus movimientos sexuales, #506 sólo estaba concentrado en disfrutar del momento y dejó de importarle lo que pensaran sus vecinos de nuestro ruido.

De repente vi como la pupila de sus ojos se volteó para arriba y luego los cerró, se movió más despacio y con más fuerza, sabía que estaba disfrutando de un orgasmo muy fuerte hasta segundos después que paró de moverse.

Sacó su pene con cuidado y fue a botar el condón al baño. Cuando volvió le pedí que se acostara al lado mío para masturbarme, me vine rápido porque llevábamos varios minutos teniendo sexo y no teníamos mucho tiempo.

Me vestí rápidamente y él también, salí de su cuarto, agarré mi maleta y antes de salir me dio su whatsapp y luego se acercó para darme un beso en la boca.

Esa sería la primera vez que tendría sexo con #506. Después de ese día hablamos de vez en cuando y en una de nuestras conversaciones le pregunté a qué se dedicaba. “Has visto mi foto de perfil?”. Me preguntó. Su foto de perfil era simple, aparecía de cuerpo entero con un vestido muy normal, pero nunca me había detenido a mirarla fijamente.

Su pregunta me causó curiosidad y le di click en su foto de perfil. La miré por varios segundos y no vi nada que me diera una pista de algo a lo que se dedicaba. No vi un casco que me dijera que es arquitecto, ni un estetoscopio que me hiciera pensar que es médico, ni una cámara que me dijera que es fotógrafo, ni nada que me diera una pista de alguna profesión u ocupación. Acerqué la foto y miré su ropa casual de forma más detenida: vi en la mitad del cuello de su camisa la cosita blanca que se ponen los sacerdotes. Quedé quieto, sorprendido. No podía creer que era cura. No había visto ningún santuario en su apartamento, ni ninguna pista que me hiciera pensar que era un cura.

Inmediatamente después de darme cuenta de esto le pregunté: “eres cura?”.
“Soy misionero”, respondió.
Me dejó igual de confundido. Acaso todos los misioneros son curas pero no necesariamente todos los curas son misioneros? Un cura es lo mismo que un misionero? Además, qué putas hace un misionero? Tiene que ver con la iglesia? Por qué los misioneros usan el cosito blanco que usan los curas en el cuello?

Hasta ese día mi percepción de los curas cambió. Descubrí que no todos los curas viven en las iglesias y no todos se visten con la toga blanca que usan para las misas, los curas se pueden vestir como civiles en el día, también tienen celulares y usan whatsapp, y pueden vivir en apartamentos común y corriente.

#506 me explicó que era un cura misionero. Los curas misioneros no necesariamente dan misa los domingos, y pueden tener diferentes funciones a la de los curas que dictan misas en las iglesias, aunque ellos también dan misas, pero en comunidades y pueblos fuera de ciudades grandes. Me envió fotos de él con niños de bajos recursos en un pueblo en el llano en el que estaba en ese momento, las fotos despertaban ternura y se veía a los niños muy felices. Me dijo que había jugado con ellos, los había alimentado y le había regalado juguetes donados. El tipo de cura que era #506 era muy diferente a la vida que me imaginaba de todos los curas.

#506 despertó un sentimiento de empatía y ternura en mí con esas fotos con los niños y me llamó la atención saber más a fondo a lo que se dedicaba. Un mes después de la primera vez que nos vimos volvimos a tener sexo en su apartamento, pero esta vez ya no tenía barba y eso lo hacía verse muy diferente. El sexo fue bueno, pero no tanto como la primera vez. No hemos vuelto a hablar desde entonces.


Puntuación: 10 de 10

2 comentarios sobre “#506. El cura

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