#507. El bipolar con personalidad de violador

Como diría al inicio de un programa de televisión: Lo que está a punto de leer está basado en hechos reales, se presume la inocencia de los implicados hasta que se demuestre lo contrario, pero en mi opinión #507 tenía un plan aberrante que pensaba cumplir conmigo. Hasta el día de hoy me perturba pensar en aquella noche.

Nunca antes había sentido tantas emociones en tan poco tiempo como cuando conocí a #507. Nunca me imaginé la personalidad de #507, y puedo decir que con #507 funcionó mi sexto sentido, ese que le avisa a uno cuando está en peligro.

Hay personas que se preguntan por qué hago lo que hago, intentan encontrar una razón por la cual alguien como yo podría llevar la vida sexual que llevo, porque les queda difícil imaginar que alguien como yo exista.

Todo comenzó con un mensaje de quien sería #507 por twitter, su foto de perfil me llamó la atención porque se veía guapo. Me escribió que le gustaban mis videos y quería estar conmigo.
“Alguna vez lo han violado?”, me preguntó. Su pregunta me pareció fuera de contexto.
“Por qué dices eso?”, le pregunté.
“Porque usualmente las personas que se acuestan con tanta gente como usted son personas que han sido violadas”, dijo. Su comentario me pareció ofensivo, pero intenté entender su punto de vista, el cual simplemente se basaba en una suposición. Además, varias veces me han hecho esta misma pregunta, buscando una razón para entender mi comportamiento. Después descubriría la oculta obsesión de #507 por los abusos sexuales y su fetiche por la dominación.

Como ninguno de los dos tenía sitio, #507 me habló de su interés por hacer cruising y acordamos vernos una noche en el parque Nacional. El día llegó y #507 se demoró, pero por fin llegó a las escaleras del edificio de Ecopetrol. Era alto, delgado, blanco, con cara ovalada, tenía ojos y pelo negro, aparentaba 25 años y se veía más guapo en persona. Cruzamos la séptima y empezamos a caminar por el parque. Empezó a preguntarme sobre mi experiencia en el parque Nacional y le dije que sabía a donde podíamos ir para que nadie nos viera.

Caminamos hacia el lugar donde tuve sexo la primera y única vez que fui al parque, pero a medida que nos alejábamos más y había menos gente #507 me dijo que le daba miedo y que no quería ir hasta allá, que prefería ir a un lugar más cercano, donde podía haber gente cerca pero donde nadie podría vernos.

El lugar a donde me llevó era unas gradas hacia el sur del parque, muy cerca de la séptima. Mientras caminábamos #507 se detuvo varias veces para hablar con alguien en su celular, pero no le puse mayor atención. Había mucha gente en las gradas y le dio miedo que nos descubireran. En ese momento sospeché que #507 es de esos que no están hechos para hacer cruising, pero creen tener la personalidad para hacerlo.

“Quieres un trío?”, me preguntó.
“Dónde? Con quien?”, le dije.
“Aquí en el parque, no sé con quién, vamos a buscar a alguien”. No me gustaba la idea así que le dije que no y que buscáramos otro sitio. Caminamos hacia la circunvalar, allí seguimos hacia el sur y encontré un lugar donde no había nadie, quedaba debajo de una montaña sobre la circunvalar, detrás de una caseta de metal a la entrada de un parqueadero donde nadie podía vernos.

Le pregunté si quería metérmelo ahí pero #507 dijo que le daba miedo que nos vieran y recordé que no todos son tan aventureros y arriesgados como yo. Seguimos caminando hacia el norte, durante el trayecto siguió insistiéndome que hiciéramos un trío, así que cada vez que me lo decía, le pedía que me mostrara la foto del otro, pero según #507, sólo debíamos buscarlo.

De vez en cuando #507 interrumpía nuestra conversación y sacaba su celular para hablar con alguien. La insistencia de #507 por hacer un trío se volvió tediosa, lo único que le pedía era que encontrara a alguien más pero tenía la impresión que él ya sabía quién iba a ser el otro.

Mi psicología barata me decía que #507 conocía a alguien en el parque, pero no era capaz de decírmelo porque tenía otro plan macabro esa noche. De repente me empecé a sentir perseguido, empecé a voltear a mirar a todos lados.

Intentaba estar tranquilo, pero por mi mente pasó un pensamiento que me asustó mucho: me imaginé que esa noche iba a ser violado por #507 y alguien más, que #507 me había contactado con el único fin de violarme con alguien más.

Lo anterior surgió en mi mente porque #507 había mencionado la palabra violación repetidas veces mientras hablamos, muchas más veces que cualquier otra conversación normal que había tenido con otro de mi lista. De hecho, se refirió a violar a alguien como una especie de fantasía que tenía, lo cual me causó mucho miedo.

Con solo escribir esto se me ponen los pelos de punta. Sentí que #507 me estaba preparando psicológicamente para que hubiera alguien más con nosotros. Tuve un mal presentimiento, no sabía si irme corriendo o gritar, o seguir caminando con #507.

Sabía que estaba seguro porque había gente alrededor, pero al mismo tiempo no podía sentirme tranquilo. #507 empezó a darme mucha desconfianza, pero al mismo tiempo pensaba que sólo eran pensamientos negativos que mi cerebro había creado, una película en mi cabeza producto de mi paranoia.

No podía evitar sentirme perseguido, y #507 se dio cuenta de mi inestabilidad emocional. Me dijo que no teníamos que hacer un trío si yo no quería e intentó calmarme. Subimos por una montaña todavía buscando un lugar donde #507 pudiera metérmelo, era cerca a la Javeriana donde había una pista, no recuerdo de qué era, podía ser de patinaje o de patineta, había varias personas hablando y otra en la pista con una bicicleta.

“Vamos allá, tal vez allá se pueda” dijo #507 señalando una esquina al fondo dd la pista donde había muy poca luz, ese día no llevaba mis lentes de contacto, por lo que veía muy borroso. Dentro de lo poco que pude ver noté que había unas escaleras al fondo y un hombre vestido elegante sentado esperando en las escaleras que dirigían hacia abajo en la montaña.

“Pero allá hay alguien”, le dije a #507 después que me pidió que fuéramos hacia el punto donde estaba el hombre. “No importa, yo creo que él quiere hacer algo con nosotros”. Su respuesta me causó más desconfianza. “Si te da miedo ir conmigo, ve tu solo y miras”, continuó. Mi corazón empezó a palpitar más rápido, di unos pasos para ver quien estaba sentado en la esquina oscura y cuando me acerqué un poco más salí corriendo por donde vinimos.

#507 corrió hacia mí y cuando me di cuenta que venía hacia mí, corrí aún más rápido para evitar que me alcanzara. No logré adelantarme mucho porque me alcanzó rápidamente.

Me agarró y exclamó: “Lo siento! Lo siento! No quise asustarte. Te acordaste de cuando te violaron?”, me dijo mientras me abrazaba y me tocaba la cara y la cabeza para calmarme. Una vez más #507 hablaba de una violación, pero ya me había acostumbrado a que me relacionara con un abuso sexual.

Me llevó a una silla que estaba a pocos pasos de nosotros y me abrazó, me pidió que me calmara y se disculpó insistentemente. Todavía no conocía su personalidad bipolar, pero estaba muy cerca de descubrirla. Las palabras que me dijo a continuación fueron muy lindas y dulces para mi oído, entre ellas me dijo que le parecía tierno y lindo, y que no quería que me sintiera incómodo a su lado, pero volvió a traer el tema de la violación y eso arruinó sus lindas palabras.

Sin embargo, sus palabras y su abrazo me calmaron, por fin me sentí seguro a su lado. Me dijo que no teníamos que tener sexo si yo no quería, pero en realidad me moría por tener su pene en mi boca y mi culo. Le hice saber que no quería seguir más deambulando por ese parque, pero que quería que fuéramos a otro sitio donde pudiera metérmelo.

Bajamos la montaña y volvió a mencionar el tema del trío. Pensé que los momentos incómodos y fuera de lo común habían acabado con #507, pero no tenía idea que todo acababa de empezar. Llegando a la séptima, caminando por el pavimento #507 mencionó de nuevo que le hubiera gustado hacer un trío conmigo. “Pero con quién?”, le pregunté. “Tu sólo vas mirando a los hombres a los ojos, y si te ponen atención, es que quieren contigo. Por ejemplo, él”. En ese instante #507 dirigió su mirada a un hombre que venía caminando detrás de nosotros, el hombre venía mirando a #507, tenía un vestido elegante como el hombre que vi en la esquina de las escaleras cerca a la pista donde había estado pocos minutos antes, pude haber jurado que era el mismo.

La escena pareció salida de película, muy falsa y actuada. El hombre no parecía estar caminando naturalmente como si hubiera sido un completo extraño que veíamos por primera vez, sino que parecía venir caminando de forma poco natural, como si el destino de sus pasos fuera #507 y yo, era muy evidente que conocía a #507 desde antes.

#507 le dijo unas palabras al hombre de vestido elegante, preguntándole si quería estar con nosotros. Estaba tan confundido que no recuerdo qué le dijo exactamente. Le hice saber a #507 que no quería hacer ningún trío y que me estaba volviendo a causar desconfianza. #507 me pidió que lo esperara porque quería preguntarle a #507 si quería hacer un trío con nosotros. Se alejó para hablar con el hombre de vestido elegante y cuando volvió lo hizo con él.

“Ustedes se conocían desde antes cierto? Él era el que estaba sentado en las escaleras”, le dije molesto a los dos. Negaron rotundamente que se conocían, y #507 fingió anotar el número del otro tipo como si no se conocieran, pero estoy completamente seguro que el tipo que se nos acercó era el hombre de las escaleras y que se conocía con #507 previamente.

El hombre finalmente se fue después de darse cuenta que no me sentía cómodo con él cerca y quedamos #507 y yo donde habíamos parado caminando hacia la séptima. #507 sugirió que fuéramos a un sitio reconocido donde podíamos tener sexo, y yo tenía ganas que me lo metiera.

En el trayecto empecé a darme cuenta de su personalidad bipolar. Podía pasar de decirme cosas amables y lindas a ser muy cruel conmigo. Como: “He visto como te tratan de perra y como un objeto sexual, debes estar acostumbrado no?”. Dijo en un tono de pesar. Inmediatamente después me dijo: “Le gusta que lo usen y le peguen, pero ya debe estar acostumbrada una perra como usted.”

Sus comentarios amables y de lástima me los decía “tuteando”, pero sus comentarios crueles y ofensivos los decía “usteando”.
“Tu comportamiento solo puede estar relacionado con una violación de la cual debiste ser víctima”. Según #507, me conoce muy bien y estaba convencido que soy así porque me violaron. En realidad, él no conoce la complejidad de la razón de mi comportamiento.

Empecé a sentir que estaba lidiando con dos personas completamente diferentes, porque tenía a alguien diciéndome cosas lindas, y luego cosas ofensivas, #507 es una de las personas más extrañas con las que he estado.

Llegamos al sitio gay y nos encerramos en un cuarto. Me desnudé y #507 empezó a darme órdenes, lo cual me excitó. “Voltéese”. Le hice caso y empezó a darme nalgadas, unas nalgadas muy fuertes que me hicieron gritar del dolor. Le pedí que lo hiciera más suave pero parecía que no le importaba mis peticiones, continuó dándome nalgadas muy duro hasta que sintió un poco de lástima después de ver mis nalgas rojas y mis gritos de súplica.

Luego me volteé para mamárselo y empezó a jalar mi pelo con fuerza, mis gritos de dolor continuaron pero parecía que disfrutaba que me quejara del dolor que me producía. La sensación era muy extraña, me dolía pero en cierta forma lo disfrutaba. “Así perra, le gusta ser toda una perra no?”, me decía. Sus comentarios me hacían obedecer porque si me resistía podía ponerse más agresivo y hacerme más duro, eso a su vez me daría más miedo.

Empezó a darme cachetadas muy fuertes que me hacían gritar muy duro del dolor, su posición de dominante era clara. No podía evitar quejarme y empecé a sentir un miedo genuino por #507, cualquiera que hubiera tenido la oportunidad de verme en ese momento podría haberse dado cuenta de lo asustado que estaba. Después de recibir varios de sus golpes mis ojos se empezaron a poner rojos, sentía ganas de gritar y de llorar, no eran lágrimas de tristeza sino de miedo y estrés, pero no podía demostrar mis sentimientos para no hacer más grave la situación.

Después de varios minutos que #507 observó la expresión en mi cara de miedo, dejó de tratarme mal y súbitamente cambió de posición, se acercó y me dijo con cara de pesar mientras me acariciaba y me abrazaba: “Perdóname, perdóname, no quise hacerte daño, discúlpame por favor, no lo volveré a hacer”. La situación me recordó lo que viví en la pista cuando corrió a mi para calmarme y me abrazó. Segundos después volvió a darme cachetadas y a tratarme mal, y con el tiempo volvió a aumentar el dolor de sus cachetadas.

Tenía mis mejillas rojas y adoloridas, volví a sentir ese miedo de nuevo y mis ojos se pusieron llorosos. “Discúlpame, no quería hacerte daño”, me repetía. Podía cambiar de personalidad en un segundo, era increíble ver la dualidad de personalidades con las que me trataba.

No tenía derecho a pedirle nada, #507 era un dominante innato. Hasta ahora es el más dominante que he conocido, hasta el punto en que me causó mucho dolor y un miedo profundo. Cuando quiso penetrarme se puso el condón y le pregunté si podíamos hacerlo en pollo asado para que me doliera menos, pero inmediatamente respondió diciendo que sólo haríamos lo que él quería, y él quería penetrarme en 4, esa era su orden.

Me puse en esta posición y lo metió sin hacerlo despacio y si importarle que me pudiera doler al principio. Cuando me lo metió no dejó de darme duro y rápido, lo hizo sin compasión. Iba a toda velocidad, mientras tanto yo no podía evitar gemir duro. Le gustaba gritarme cosas como “eso sí, le gusta que le den así, no perra?”. “Cállese puta! Silencio!”. También le gustaba darme palmadas muy duro que me hacían gritar del dolor.

Minutos después de empezar a culiarme le pedí que lo hiciera más despacio porque me estaba doliendo mucho, pero no le importó y pasó más tiempo follándome duro antes que hiciera caso a mis peticiones. Finalmente paró y lo sacó. Me acosté hacia arriba y él se acostó encima. “Perdóname, perdóname si te hice sufrir, no quise hacerte daño”, me dijo abrazándome. De nuevo había pasado de ser el dominante cruel al compasivo arrepentido y tierno.

Lo que me dijo después fue una serie de frases llenas de lástima. Esas frases que me han dicho varias veces, donde creen poder ser capaces de decirme lo que pasa en mi cabeza y la forma como me siento. “Puedo ver lo vacío que eres y el bajo autoestima que tienes”. “Deberías quererte más y no dejar que te usen de la forma como lo hacen”, fueron algunas de todas las cosas que me dijo.

Una vez más estaba allí acostado con alguien encima mío, escuchando como intentaba decirme “el terrible ser humano” que era y lo que “debía hacer con mi vida” mientras me miraba a los ojos fijamente, lo cual indicaba lo seguro que sentía hablando así de mí. Era como si estuviera viviendo un dejavu, he estado en esa misma situación antes. Cada vez que me empiezan a hablar así me descompongo y siento ganas de llorar, si no les he preguntado su opinión sobre mi vida, por qué lo hacen de esa forma tan directa y fría? Si supieran lo derrotado que me siento cuando me dicen esas cosas.

No tenía fuerza para moverme, la vergüenza me ganaba. Cerré los ojos y puse mi brazo derecho sobre mis ojos para que no me viera con los ojos aguados, pero a pesar de haber empezado a llorar en silencio, #507 siguió hablándome de la misma forma cruel que venía haciéndolo, era como si estuviera reviviendo lo que viví con #458. el bisexual que me hizo llorar.

Por fin terminó, ya no quería estar ahí, no quería mirarlo a los ojos, y sólo hubiera deseado poder teleransportarme en ese momento. Sus palabras habían sido muy hirientes, pero como con #458, pienso que su última intención fue hacerme sentir mal. Es como si #507 y #458 tuvieran la intención que yo cambie, porque según ellos dos me hago daño a mí mismo. Los dos tienen una percepción auto-destructiva de mí y creen saber por qué actúo como lo hago. Los dos necesitaban decirme lo que piensan sobre mí y no tuvieron otra forma de hacerlo que ser directos conmigo.

Me limpié las lágrimas y cuando se dio cuenta que había llorado cayó encima y me abrazó para pedirme perdón. Nunca antes alguien me había pedido perdón tantas veces seguidas en tan poco tiempo, pero eso ayudó mucho a que no me enojara con #507. Cada vez que me cometía un error se disculpaba, y eso lo cambiaba todo.

Olvidé las veces que me pidió perdón esa noche, debieron ser decenas de veces. Su personalidad era única, extraña frívola, despiadada, arrepentida y tierna. #507 es el sinónimo de la bipolaridad, ver como instantáneamente cambiaba de ser alguien agresivo y despectivo a alguien carismático y tierno era increíble.

Finalmente me calmé y tomé fuerzas de nuevo para poder levantarme. Cuando lo hice me dio una cachetada muy fuerte y me gritó: “mucha perra usted!”. Nunca me acostumbré a sus cambios repentinos de personalidad, pero al menos con el tiempo aprendí a manejarlo. Inmediatamente después de darme la cachetada me abrazó y me pidió perdón una vez más. “Voy a abrir esa puerta para que entren todos y lo violen”, dijo poco antes de salir de allí, pero después se rió.

La única vez que lo volví a ver comportarse normalmente sin cambios súbitos de personalidad fue cuando caminamos hacia la estación de transmilenio. Me dijo que me veía como alguien juicioso y que debo parecer un ejemplo a seguir, pero que si los que me conocen supieran lo que hago estarían muy decepcionados de mí y tal vez dejarían de hablarme.

Intenté entenderlo, #507 es alguien que le cuesta lidiar con mi estilo de vida y por lo poco que sé, conocer mi cuenta de Twitter lo impactó mucho. “Apuesto a que usted nunca repite muy nunca se vuelve a ver con ninguno”, dijo decepcionado. Un juicio que muchos hacen sobre mí. “Por qué dices eso?”, le pregunté. “Porque esa la impresión que tengo de usted”, respondió “Le gustaría que nos volviéramos a ver?”, me preguntó.

A pesar de todo lo que hizo sí me hubiera gustado volver a verlo porque logró causar un gran impacto en mí, el gran interés que demostró en mí me causó a su vez un gran interés hacia él. Además me pareció lindo y único. Le dije que sí quería volver a verlo pero al parecer le quedó difícil creerlo. Nos despedimos en la estación de transmilenio.

Todavía tengo la duda de las verdaderas intenciones que tenía #507 conmigo esa noche. Su personalidad cruel y frívola durante el sexo y sus comentarios repetitivos y fantasiosos de violar a alguien me hicieron pensar que tal vez tenía planeado violarme con el tipo del vestido elegante en el sitio bajando por las escaleras cerca a la pista, el lugar estaba completamente sólo y era la parte que tenía menos luz en todo el parque.

Desde entonces me escribe al menos dos veces a la semana pero nuestras conversaciones son muy cortas, me ha pedido que volvamos a salir pero nuestros tiempos nunca cuadran.


Puntuación: 6,5 de 10

3 comentarios sobre “#507. El bipolar con personalidad de violador

  1. Hey mi nombre es Alejandro k mal k hayas tenido tan mala experiencia todo lo k ese Man te dijo y Te hizo es lo k le dijeron y hicieron a el y todo ese psicoanálisis de basura que el intento con tigo tratando me manipularte se lo.hicieron a el ese tipo de gente que anda haciendo esas cosas a los demás es por k lo.sufrieron antes así k el violado lo más seguro es k fue el la Perra a la que le gusta que le den duró es el de verdad me siento muy mal por usted por haber pasado eso aún que me siento más mal de saber que quedaste con ganas de ver a semejante loco como ese espero que no lo dijeras en serio pero bueno le tocará pedir algún tipo de prueba psicológica antes de tener encuentros con alguien o sino ya de pérdidas por favor siga sus instintos si no se siente cómodo con algo y con alguien salga corriendo de hay que al parecer sus instintos sos buenos solo toca escucharlos BUENO YA ME TOMO LA MOLESTIA DE ESCRIBIR ESTO (NINGUNA MOLESTIA) SOLO PARA DECIRLE QUE LO ADMIRO MUCHO POR SER TAN LIBRE Y VIVIR COMO YO QUICIERA PLENO O AL MENOS ASI ME PARECE A MI SEGURO TIENES PROBLEMAS Y PREOCUOACIONES COMO TODO EL MUNDO PERO DE VERDAD TE ADMIRO HASTA LUEGO CUIDESE MUCHO CUANDO SEA GRANDE QUIERO SER COMO USTED

    Me gusta

  2. Nunca dejará de parecerme fascinante el hecho de que un hombre esté con usted, conociéndolo, y en simultánea le diga que lo que hace está mal. Usted será lo que sea, pero no un doblemoralista. Y yo fantaseo con usted. Pero no con su cuerpo, sino con su mente, debe ser un lugar muy extraño de visitar, y al único que nadie llega.

    Me gusta

  3. Tener mucho sexo no es sinónimo de baja autoestima, pero hacerlo con tipos tan mierdas como 507 sí lo hace.

    No quiero que se sienta mal, pero ese tipo es un manipulador. No soy quien para decirle con quien follar, pero la idea es pasarla rico, ¿no?

    Si es un imbécil, déjelo ir.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .