#508. Calentándome en el ascensor

Había vuelto a abrir tinder recientemente, y un match con #508 resultó en una cita en un bar. Me gustaron sus ojos, se notaba que sonríe mucho. Tiene 32 años y es abogado.

Una semana después de empezar a hablar nos vimos. Me bañé y me arreglé para ponerme decente, mi jean era algo ajustado y resaltaba mi culo. Estaba arrecho y esperaba coger esa noche. Llegué al bar donde me citó #508, cuando entré me di cuenta que es ese tipo de bares donde va el tipo de hombres que me gusta.

Estaba empezando mi primera cerveza cuando vi a un hombre acercarse. Lo escaneé con mis ojos. Zapatos caros, pantalón negro y camisa blanca al estilo slim-fit que parecía hecha a la medida, se notaba que tenía gusto. Estaba vestido muy bien sin llegar al punto de parecer metro sexual. El hombre guapo y bien vestido se dirigió hacia mí, segundos antes que me diera la mano caí en cuenta que era el abogado de tinder, era #508.

Medía 1.75 y apenas me dio la mano mi pene se hinchó en mis pantalones. Los dos sabíamos lo que queríamos esa noche. Se sentó al lado mío y empezamos a hablar, me contó que nació en Pereria pero lleva viviendo en Bogotá desde los 16 años, con eso entendí su acento raro. Hablamos por casi una hora hasta que no aguanté más y le pregunté:

“¿Qué estás buscando esta noche?”
“Esto”, respondió #508 tocando mi culo.
“Si lo quieres, puede ser tuyo”.
“Quieres ir a mi apartamento?”, me preguntó con una sonrisa en la cara.

Se inclinó y me besó. Dejamos nuestras bebidas y nos dirigimos a la salida.

#508 tomó un taxi. Era un viaje corto a su edificio de apartamentos nuevos, nos abstuvimos de coquetear y tocarnos. No todos los taxistas aceptan dos hombres besándose en su carro. Salimos del taxi y entramos al edificio. #508 saludó al guardia de seguridad y entramos al ascensor. Las puertas se cerraron y me besó llenando mi boca con su lengua mientras mi mano apretaba su entrepierna, hubo una reacción instantánea debajo de la tela. Estábamos tan arrechos que no se me ocurrió mirar si había cámaras en el ascensor.

#508 sonrió y le dije: “Eres caliente”. “Lo siento, no pude esperar”, respondió. Me agarró fuerte del culo y grité, lo agarré del cuello y le di un beso largo. Llegamos al piso 12 y caminamos por el pasillo vacío. Me llevó a su apartamento y abrió la puerta. Noté que su apartamento era lindo y moderno, pero antes de que pudiera apreciarlo, me arrastró a su habitación y me empujó contra la pared. Mi boca se abrió para recibir la lengua de #508. Agarró mi culo y lo apretó muy fuerte. Pasamos nuestras manos sobre las ingles y frotamos nuestras vergas a través de nuestros pantalones. Sentí sus fuertes manos levantando mi camiseta y alcé mis brazos para ayudarle. Me quitó la camiseta y me empujó suavemente hacia la cama.

Abrí la hebilla del cinturón de #508. Le bajé los pantalones y admiré el bulto en sus boxers de seda azul. Empujé mi cara en su entrepierna y la froté como un gato pidiendo atención. Me detuvo y me besó de nuevo. Sus movimientos eran tan ansiosos como los míos. Sus besos estaban tan hambrientos como yo por su pene. Me quitó los tennis y me tiró en la cama. Me miró fijamente, consumiéndome con esos ojos negros profundos. Abrí mi cinturón mientras él se quitaba los zapatos y las medias. Lamí mis labios sensualmente para excitarlo.

#508 se subió a la cama y me quitó los pantalones. Se acostó a mi lado y mordió mi hombro mientras su mano agarraba mi pene y mis bolas. Lo dejé jugar con mi cuerpo. Su manoseo era fuerte, demostraba las ganas que sentía por mí. Me encantaba como me tocaba, pero necesitaba su verga y se lo dije.

Se quitó sus boxers para liberar su pene. Era grande, debía medir 19cm y se veía pesado. Inmediatamente me enamoré de su miembro casi erecto, palpitaba y se veía vivo y lleno de vitalidad

“es perfecto; es hermoso, “dije antes de cerrar mi boca alrededor de la punta de su pene. Moví mis labios sobre el glande hasta que se puso duro como una roca, lo metí cada vez más profundo mientras mi cabeza se hundía con su verga dentro de mi boca. Los gemidos de #508 insinuaban que le gustaba como se lo mamaba.

Toqué con mi lengua la base de la cabeza púrpura de su verga y luego estimulé la parte superior. Retrocedí un poco para mirar su hermoso pene, grueso y recto. Besé los lados y lamí sus bolas. Lo tenía afeitado. Hambriento de más, cerré mis labios alrededor de la punta otra vez. #508 agitó su miembro y sostuvo un condón frente a mis ojos.

“Ponme esto. Es hora de ese lindo y pequeño culo tuyo”.

No me di cuenta en qué momento agarró el condón, abrí el envoltorio con mis dientes y lo deslicé hacia abajo por su verga palpitante. Me di vuelta y me quité los bóxers. Acostado boca abajo con mis piernas extendidas sobre la cama y mi culo levantado, le hice saber que estaba más que listo.

#508 se acostó encima mío y aplicó lubricante en mi agujero. Un suspiro se me escapó cuando entró un segundo dedo. Rápido, pero gentilmente, #508 lubricó mi ano. Extiendí mi mano hacia atrás y encontré su verga dura y recta. Se inclinó hacia adelante y sentí su gruesa verga rozar mis nalgas. Besó mi cuello y deslizó su erección más profundo entre mis nalgas, sentí su glande empujar mi ano. “Fóllame!”, le pedí. Segundos después #508 empujó con fuerza la cabeza y los músuclos de mi culo se estremecieron, su pene se deslizó dentro. Respiré hondo y dejé escapar un suave gemido. Su martillo retrocedió un poco y luego entró hasta el fondo.

“Más rápido, no tienes que hacerlo tan suave”, le pedí.

“No puedo, me vendría demasiado rápido”. Sonreí y dejé que #508 me llevara con sus movimientos largos y lentos. Se detuvo de vez en cuando para no venirse, pero tenerlo así a punto de venirse era delicioso. Disfruté cada segundo que su pene estuvo dentro. Era delicoso tener mi culo lleno, estaba seguro que él tenía algo para obligarme a morder la almohada.

La respiración de #508 se convirtió en una lucha por no venirse, 10 minutos después de haber metido su pene en mi culo su ritmo aumentó y sus movimientos se volvieron más intensos. Su verga se hinchó aún más y gruñó. Se derrumbó encima de mí. Deslizó su pene fuera de mi culo. Miró el condón y la leche que colgaba de él, sonrió, le devolví la sonrisa y lo jalé hacia mí para darle un beso. Botó el condón en el baño y volvió a la cama.

Nos besamos y nos acariciamos. La necesidad más animal del orgasmo había sido satisfecha para él, me abrazó y nos acostamos en cucharita. A veces el morbo es más rico después de una cogida. Había mucho que me gustaba del cuerpo de #508. Debía entrenar, sus brazos eran delgados pero fuertes, sus piernas parecían poder pedalear todo el día y su estómago era tan duro como un ipad. Me masturbé mientras besaba sus tetillas y recordaba mientras me cogía.


Puntuación: 8 de 10

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