#511. El voluntario de AIESEC

Con el tiempo y através de la experiencia mis preferencias y gustos respecto al sexo han cambiado drásticamente. Pasé de tener un asco rotundo por el semen a tener un fetiche por tocarlo, olerlo y saborearlo. Pasé de tener un miedo increíble porque me graben mientras me cogen a disfrutarlo plenamente. También dejé de sentir un rechazo y poco interés por el cruising a querer hacerlo en todo tipo de lugares públicos, sin importar el riesgo a ser descubierto.

Es como si mi cerebro hubiera desarrollado un patrón para superar mis mayores miedos, esos miedos que me agobiaban en mis primeros encuentros sexuales. De lo contrario, no disfrutaría el sexo como hoy en día y me hubiera quedado estancado en una burbuja de fobias y traumas que no me dejaban ser libre. Me encanta que me metan muchas vergas por el culo y la boca y sacarles la leche al final. La verga de #511 es una verga que disfruté mucho deslechar.

Conocí a #511 una noche que salí con grupo de jóvenes voluntarios de AIESEC. Para los que no saben qué es AIESEC, es la organización no gubernamental de jóvenes voluntarios más grande del mundo. Antes de conocer a #511 había tirado con dos jóvenes que pertenecen a esa organización. #511 Me había dicho molesto si me había propuesto comerme a “todos los voluntarios gays de Bogotá”. Había estado con los otros dos porque aunque no eran los super modelos ni los más atractivos (de hecho uno de ellos sufría de acné), me parecían suficientemente lindos para entregarles mi culo y deslechar sus vergas. #511 se había quejado de que como yo me acostaba con todo el mundo, era una estupidez no acostarme también con él.

#511 me gustaba físicamente. Tenía 23 años, era alto, blanco, de pelo negro, ojos negros, cejas pobladas, ojos rasgados y sin barba. Su personalidad y su forma de ser fue lo que nunca me llamó la atención, era ofensivo, malgeniado y a veces decía comentarios muy estúpidos. Pero en realidad la razón por la que no se lo había dado a #511 era porque ninguno de los dos tenía sitio, y a él sólo le interesaba hacerlo en la casa de alguno de los dos. Eso significaba que tener sexo nunca iba a ser algo posible, hasta una tarde que su arrechera le ganó y me invitó a su apartamento; con su hermana estando allí.

Me envió una foto por whatsapp de su verga parola con un mensaje que decía:”Quieres venir? Quiero metértelo”. Su mensaje me tomó por sorpresa, así que le respondí. “Tienes sitio?”.
“Si, ven”. Llegué 20 minutos después, me dio el número de apartamento, me anuncié y subí. Sentía nervios, nunca pensé en concretar un encuentro con #511 y de repente estaba ahí, a pocos minutos de meterme su verga en mis dos huecos. Creo que los dos habíamos fantaseado con ese momento.

Abrió la puerta, tenía una camiseta blanca y jean, estaba en medias. “Entra en silencio, sígueme”, me dijo en voz baja. Lo perseguí hasta que entramos en su cuarto, #511 cerró la puerta con llave detrás mío. Le pregunté si había alguien en el apartamento y me contó que su “hermanita” estaba en el cuarto de al lado. Su hermana tiene 15 años, pero le sigue diciendo su “hermanita”.

En ese instante comprendí todo, pero no me importaba que su hermana estuviera al lado. De hecho, me daba morbo que hubiera estado tan arrecho para invitarme a su casa con su hermana todavía allí. Siempre podré ser buen samaritano para entrar a las casas de los activos en silencio y evitar gemir para que no nos escuchen. Me dijo que su mamá estaba por llegar así que no nos podíamos demorar mucho. #511 le subió el volumen al televisor para que su hermana no escuchara nada, estaban dando happy tree friends en MTV. “Te tenía muchas ganas desde hace rato”, me dijo mientras me agarraba de la cintura y me acercaba hacia él. Sabía que yo le gustaba pero no sabía que me deseaba tanto.

Nos dimos un beso corto y enseguida estiré mi mano hacia abajo para tocar su paquete. Lo tenía bien duro y apenas nos habíamos dado un beso. Lo agarré con fuerza y lo palpé todo: de la punta hasta las bolas. Eso a su vez me arrechó mucho y me puso durísimo, era evidente las ganas mutuas que nos teníamos.

Me agaché y bajé su cremallera despacio, bajé un poco sus bóxers y dejó salir su amigo. Era un pene de unos 18 cm, grueso y blanco. No era encorvado, sino recto. Lo tomé con mi mano derecha y lo inserté en mi boca. Centímetro a centímetro fui metiéndolo más al fondo hasta que tuve su glande rozando mi campana. Estimulé su pene con mi lengua y se lo chupé por un buen rato, quería asegurarme que se mantuviera lo suficiente duro para cuando me lo metiera por el culo. De vez en cuando le gustaba agarrarme de la cabeza y moverla él mismo, así sabía qué tan rápido y profundo quería que se lo mamara, y cuando soltaba mi cabeza continuaba chupándoselo de la misma manera que movía mi cabeza con sus manos.

Saqué su pene de mi boca y me puse en 4 sobre la cama. Estando en esta posición volteé mi cara y vi su pene acercarse hacia mí mientras se ponía el condón. Estaba listo para recibir su pene, deseaba mucho su miembro en mi culo. Abrí mis nalgas con mis manos para que pudiera ver bien hacia donde apuntar. Primero lo empujó, eso dolió un poco. Luego metió la punta y sentí una presión muy grande entrar en mi ano, quería gemir pero no podía. Bajé mi cabeza y mordí la almohada para evitar gemir, me retorcí entre las sábanas a medida que su pene ingresaba en mi culo, hasta que lo sentí todo hasta el fondo.

Levanté mi cara que estaba sobre la almohada y quedé en 4 de nuevo, #511 me agarró de la cintura y empezó a mecerse hacia adelante y hacia atrás, el ritmo era suave y muy excitante. Saber que su hermana estaba en el cuarto de al lado me daba mucho morbo, mientras tanto tenía el pene de #511 en lo más profundo de mi cuerpo.

Me daba suaves palmadas en el culo, estoy seguro que si su hermana no hubiera estado en el apartamento, me hubiera dado palmadas más duro. De repente empecé a sentir sus nervios, se movía más despacio, cogía su celular repetidamente para revisar que su mamá no viniera en camino, creo que estaba hablando por whatsapp con ella. Después que revisaba su celular volvía a dejarlo en la cama para seguir follándome.

Cuando sentí sus nervios y sus movimientos cada vez más suaves tomé el control y empecé a moverme hacia adelante y hacia atrás, era como si me estuviera cogiendo yo sólo con su pene. Sus movimientos eran mínimos, fui yo quien estaba haciendo todo, tampoco estaba seguro si #511 lo tenía duro todavía. Le dije que quería cabalgarlo y cambiamos de posición sin sacar su pene de mi culo.

Sé acostó boca arriba y yo sentado en su verga mirando hacia sus pies. Era mucho más fácil moverme así que cuando estábamos en 4. Me ensarté su pene hasta el fondo y me moví como si fuera la última verga que probaría en mi vida, sabía que no nos podíamos demorar más y así como #511, también empecé a sentir afan. Quería hacerlo venir, no quería irme sin darle su orgasmo. Me movía a toda velocidad intentando estimular todo su pene para hacerlo eyacular, me di cuenta que #511 disfrutaba más cuando me movía hacia adelante y atrás que cuando me movia hacia arriba y abajo.

El cansancio me estaba ganando, moverme tan rápido como le gustaba a #511 me tenía exhausto, pero sabía que iba a valer la pena. Iba a toda velocidad cuando #511 susurró en un tono casi orgásmico: “eso, dale así que me voy a venir!”. Me movía aún más rápido, quería darle su orgasmo, sentí cuando puso sus manos sobre mis nalgas y mi cadera hasta que escuché su gemido orgásmico, uno suave pero duradero y contundente.

Paré de moverme me levanté con cuidado para que no me doliera a mi ni a él al sacarlo. Su pene seguía duro y la leche colgaba del condón, #511 fue al baño para botarlo mientras yo me quedé acostado en su cama esperando a que volviera para poder masturbarme. Cuando volvió me vine rápido porque no teníamos mucho tiempo, me vestí y él también, salimos en silencio de su cuarto donde me acompañó hasta la puerta.


Puntuación: 6 de 10

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