#512. El costeño del hotel Tequendama

Había tenido sexo con hombres en varios hoteles reconocidos de Bogotá, pero nunca antes había entrado al hotel Tequendama hasta que conocí a #512. El Tequendama es un hotel viejo pero clásico de Bogotá, ese que siempre veía cuando pasaba por la 26 con séptima y que sin duda estaba dentro de mi check-list de hoteles donde quería tener sexo.

#512 trabaja para una entidad del gobierno, es de Cartagena y estaba de paso en Bogotá por trabajo. Me invitó al hotel un día a las 7 de la noche, era la única hora en la que él podía porque compartía habitación con un colega pero a esa hora su compañero no iba a estar.

Antes de ir le hice la misma pregunta que le hago a todos los que me invitan a sus hoteles para tirar: “dejan entrar personas a la habitaciones?”. Esta es una pregunta muy importante que descubrí que tengo que hacer desde que visité el Intercontinental en Medellín, donde me interrogaron por lo que consideré una eternidad hasta que después de varios minutos por fin me dejaron subir, pero fui escoltado hasta la habitación del #personaje, como si fuera un intruso. Por un momento pensé que no me iban a dejar subir. Antes del Intercontinental había ido a otros hoteles pero eran relativamente pequeños y me dejaban subir a las habitaciones sin problema después de anunciarme en el Lobby.

En mi experiencia he descubierto que los hoteles de cadenas grandes como el Marriott, Hilton, Hampton, Holiday Inn, etc. tienen políticas más estrictas para admitir visitantes en las habitaciones, pero hay una manera muy fácil de evitar que pongan problema en los hoteles: y es que el mismo huésped baje hasta el Lobby para recibirme. Anunciarme siempre ha sido tedioso y complicado, pero cuando los mismos activos bajan para llevarme hasta sus habitaciones, he podido subir sin ningún problema. #512 me dijo que podía ingresar con la escarapela que había dejado su compañero de trabajo.

Llegué pocos minutos antes de las 7pm pero a medida que me iba acercando a la entrada del hotel vi un montón de militares y hombres con vestidos elegantes que parecían escoltas, también habían muchos carros diplomáticos con vidrios oscuros. No sabía qué pasaba pero estaba seguro que no era nada malo, pensé que había algún ministro en el lugar hasta que escuché a un hombre que estaba rodeado por varios militares decir a través del radio-teléfono que el presidente estaba a pocos minutos de ingresar al hotel.

Así fue como supe que había un evento importante esa noche. Después de ver tantos militares y escoltas pensé que tal vez iba a ser imposible ingresar al hotel, tal vez había mucha seguridad y por eso no iban a dejar entrar a un simple joven vestido con jean y tennis. Le escribí a #512 para avisarle que había llegado y que habían muchos militares a la entrada. Me dijo que nos viéramos en el Lobby y que ahí me daría la escarapela para ingresar.

Con nervios me acerqué hacia el Lobby, debía caminar por entre un gran grupo de escoltas y policías, caminé rápido intentando no demostrar que estaba nervioso y finalmente entré. Subí por la rampa hasta que pasé la puerta, pocos metros más adelante me quedé parado esperando a que #512 llegara. 30 segundos después lo vi, se acercó a mi, nos saludamos con un apretón de manos y me pasó la escarapela disimuladamente.

Me la puse rápido en el cuello y caminamos hacia el ascensor. Dos hombres del hotel estaban a los dos lados de uno de los ascensores donde esperábamos a que se abriera la puerta, por un momento pensé que se iban a dar cuenta y me iban a echar, pero sólo fueron pensamientos paranóicos de esos que me dan en ese tipo de situaciones. Por fin se abrieron las puertas del ascensor y entramos #512 y yo junto con dos huéspedes más. Me sentí relajado, había logrado entrar al hotel sin que me interrogaran o me echaran.

Subimos hasta un piso muy alto, no recuerdo cuál era. Entramos a la habitación, era grande y habían dos camas dobles. La luz era tenue y lo primero que vi fue la vista desde la ventana. Era una vista agradable, se parecía a la vista desde la torre Colpatria pero desde el ángulo opuesto, podía ver los cerros, la 26 y la séptima desde arriba y las luces diminutas de los carros.

#512 no podía tener más pinta de costeño: era moreno y tenía unas facciones típicas de los costeños, si me preguntan no sabría cómo describirlas, pero diría que #512 representa tal cual mi percepción física de los costeños. Minutos después lo confirmaría al ver el tamaño de su vergota. Me explicó que esa noche había un evento para condecorar a los militares y por eso habían tantos de ellos a la entrada.

Fuimos al grano, me senté en la cama y #512 se hizo al frente, bajó sus pantalones y descubrí su verga. La tenía semi-grande pero aún así, era más grande que otros penes que he visto cuando lo tienen a su máximo nivel de excitación. Me la metí en la boca e hice lo mío, minutos después la tenía completamente dura. Cuando la saqué de mi boca y la contemplé vi una vergota de 25 centímetros, además era bien gruesa y cabezona, era toda una verga de costeño.

La consecuencia era que sabía que me iba a doler mucho, pero no quería pensar en eso y me dispuse a disfrutar de ella en mi boca. Para que tengan idea de lo larga y gruesa que era, no me cabía ni el 75% en mi boca. Aún abriendo mi boca en mi capacidad máxima, su verga ocupaba el 100% de espacio interior en mi boca y aún así parte de ella quedaba todavía afuera.

Empecé a sentir nervios, su pene era muy grande para entrar en mi culo, me encantaba su tamaño y me daba morbo pero me preguntaba el dolor que iba a sentir cuando me penetrara. Después de mamárselo por varios minutos había llegado la hora, sé que #512 sólo pensaba en placer pero en mi mente habían varios sentimientos de excitación y miedo. Intenté estar tranquilo y me puse en 4. #512 sacó un condón de la caja de condones nueva que tenía en la mesa de noche. Respiré profundo y metió la punta, di un grito de dolor intenso, inmediatamente pensé que no lo iba a lograr, y aunque esto no me ha pasado desde mis primeros encuentros, le pedí que lo sacara un momento y me lo insertara de nuevo porque me estaba doliendo mucho.

Estoy seguro que ni toda la cabeza de su vergota alcanzó a entrar, pero fue suficiente para que me doliera mucho. “No tienes lubricante?”, le pregunté. Desafortunadamente no tenía, así que aplicó suficiente saliva en la punta se su verga y mi ano, también puse saliva en mi culo. Me preparé psicológicamente para dejar entrar su pene y me puse otra vez en 4. Ingresó la punta y poco a poco fue penetrándome, le pedí varias veces que lo hiciera despacio para disminuir la posibilidad de dolor y #512 tuvo todo el cuidado para que no me doliera, valoro mucho cuando los activos a los que les pido que me lo metan despacio lo hagan de esta forma y no se concentren únicamente en su placer.

Poco a poco fue ingresando por mi ano, mis músculos anales empezaron a trabajar hasta que abrieron paso a sus más de 25 centímetros de verga gruesa. Sentí alivio cuando supe que la tenía toda dentro, pero ahora faltaban los movimientos de su verga adentro hasta que se corriera, aunque el momento más traumático ya había pasado. Al principio sentí dolor pero con el tiempo mi ano se acostumbró y empecé a disfrutarlo.

Me empezó a penetrar cada vez más duro y luego ya no sentía dolor sino placer, me cogió por unos 5 minutos en 4 hasta que caímos acostados sobre la cama, nunca dejó de cogerme, incluso después que terminé acostado con él encima mío. Luego hizo una cosa que me encanta que hagan cuando estoy acostado hacia abajo con el activo encima, puso su brazo alrededor de mi cuello, me sirvió de almohada para mi cabeza. Sentí su respiración sobre mi cara mientras tenía todo su peso y sentía su piel rozar sobre mi cuello y espalda. Estiré mis brazos abiertos sobre la cama y continué disfrutando de su vergota en mi culo, se sentía delicioso, ya no me dolía.

Me dijo que estaba muy cerca de venirse, pero no quería que lo hiciera en esta posición. Quería ver su cara de placer cuando tuviera su orgasmo. Le dije que quería que me culiara en pollo asado y nos volteamos para coger en esa posición.

Por fin podía ver su cara de placer y ver como se movía su pecho y su cintura a medida que me cogía, con el tiempo sus ojos se fueron cerrando más fuerte y empezó a dar embestidas más intensas y profundas, estaba al borde, de repente dio un gemido largo: “Ahhhh!!!”. Pude ver en su cara y la forma como se movió que estaba teniendo un orgasmo muy intenso, eso me provocó un espasmo de placer que recorrió todo mi cuerpo. Debió gemir por casi 8 segundos hasta que se quedó quieto. Sacó su verga y vi el condón usado, quería sentir su semen.

Jalé el condón y observé la leche que había producido con su pene dentro de mi culo, era muy blanca y espesa, se veía deliciosa. La pesé sosteniendo el condón un rato y luego la regué sobre mi abdomen. Chorreó por mi cuerpo hacia abajo. Al final fui el baño a limpiarme y cuando volví me masturbé con #512 a mi lado.

Nos vestimos y me despedí de #512, al salir el hotel todavía seguía lleno de militares y hombres de seguridad.


Puntuación: 8,5 de 10

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