#527. El que me culió en el baño de un McDonald’s

Empecé a hacer cruising cuando tenía 16 años en los baños de centros comerciales. Perdí mi “virginidad de cruising” en un cubículo de un baño del primer piso del centro comercial bulevar con un hombre de unos 28 años que conocí en un chat. Desde ese momento me convertí en alguien que buscaba sexo anónimo con extraños. Posteriormente cogí con varios tipos en el humedal Córdoba hasta que empecé a tener encuentros con hombres en sus casas. La razón por la cual tenía sexo en lugares públicos al principio era porque no conocía hombres con sitio, así que empecé a ver el cruising como algo que no era ideal.

Hubo una época en la que dejé de tener sexo en lugares prohibidos porque empecé a conocer tipos que tenían sitio, así que empecé a tener sexo en sus camas. Pasó tanto tiempo durante el cual no hice cruising que pensé que ya no me gustaba, incluso recuerdo haber escrito en alguna parte de este diario “prefiero hacerlo en la comodidad de una cama”, recuerdo que también dije que me daba miedo que me descubrieran haciéndolo en un lugar público.

Siempre he ido en contra de la monotonía y de la rutina. Me aburre lo cotidiano, lo establecido, despertar, hacer lo mismo de todos los días, dormir para despertar al día siguiente para hacer más de lo mismo al otro día…parece que la mayoría de la gente puede con ello y vive sus vidas sin que esto les moleste en absoluto, pero a mí me gusta divertirme a mi manera; por eso busco tener nuevas aventuras con diferentes hombres ya sea en sus camas, en su sala,en el transporte, en los baños públicos, en un bar, en unas cabinas, donde sea.

Sé que necesitamos una rutina, pertenecer a una organización ya sea colegio, universidad o trabajo para tener un estatus en la sociedad, una estabilidad para crecer profesional y personalmente, porque la cotidianidad parece ser una convención social y una forma de supervivencia, y porque está contemplado como una forma ideal de vida para que exista un balance positivo de todas las variables y aspectos de nuestras vidas.

Acepto esta rutina de la que todos hacemos parte, es fundamental porque me ayuda pertenecer a esta sociedad, pero a veces necesito escapar de esa monotonía y experimentar un poco de diversión. Cuando volví a experimentar en lugares públicos me di cuenta que puede ser más interesante de lo que me imaginaba, de hecho me parece algo muy excitante. Sentir la adrenalina de hacerlo en un lugar prohibido y saber que existe una posibilidad que nos descubran simplemente me pone duro y genera una sensación increíble en mi estómago.

Escribiendo este relato tengo muchos flashbacks de los lugares no convencionales donde he tenido sexo, me excita recordar cuando me cogió un vendedor de un almacén de andino en una bodega del centro comercial, las veces que me cogieron en el humedal Córdoba, en un contenedor, en el parque nacional, un salón de mi universidad, en carros, parqueaderos, baños públicos, entre otros.

Lo más excitante de hacerlo con un extraño en un lugar público es el anonimato de los miembros que participan en el acto. En la mayoría de los casos nunca sé su nombre, ni su edad, ni dónde vive o a qué se dedica, y en algunos casos, ni siquiera sé cómo es su voz o qué acento tiene. Es entonces como aquel encuentro radica en entregarle mi cuerpo a un desconocido para que disfrute de mí y yo de él en un intercambio de placer mutuo, una situación llena de adrenalina y morbo, donde minutos después pasará a ser un simple recuerdo de alguien a quien nunca más volveré a ver o de quien nunca más volveré a saber.

#527 fue uno más de esta lista de anónimos con cara y cuerpo de quien apenas sé cómo iba vestido, un completo extraño con quien empecé a hablar por grindr pocos minutos antes de encerrarnos para culiar en el baño de discapacitados de un McDonald’s. Su foto de perfil mostraba un hombre joven, de unos 23 años, moreno y delgado. Los dos estábamos cerca al McDonald’s de la 127 con autopista, me di cuenta al hablar con #527 que es de esos que son aventureros y les gusta tener un poco de acción donde sea sin importar el riesgo a ser descubierto.

Acordamos vernos en el baño del McDonald’s, él llegó primero. Sabía que para entrar necesitaba la clave para ingresar al baño, o que algún trabajador del lugar me acompañara hasta la puerta para dejarme ingresar con el requisito de haber comprado algo antes, pero afortunadamente él ya estaba en el baño antes que yo llegara. Nunca supe si compró algo en el restaurante para poder entrar al baño o si tuvo la suerte de entrar al mismo tiempo que otra persona. Le escribí cuando estaba afuera del baño para que me dejara entrar y abrió la puerta enseguida. Era de baja estatura y tenía puesto un vestido elegante.

Entramos directo al baño de discapacitados y cerramos la puerta con seguro. Había una ranura bastante grande entre la puerta y la pared, cualquiera que se acercara hubiera podido ver lo que estábamos haciendo. Al mismo tiempo, esto nos permitía saber si alguien nos descubría. Me bajé el pantalón y los bóxers, #527 también se bajó los bóxers y dejó al descubierto su verga completamente erecta. Me arrodillé y se la mamé por no más de dos minutos, pues demorarnos mucho en el baño podía ser riesgoso. Mientras se la mamaba escuché y vi a varias personas entrar al baño, entre ellos había muchos adolescentes con uniforme de un mismo colegio y dos niños con sus padres.

Me levanté y me volteé 180 grados con mi culo hacia él, apoyé mis manos sobre la pared y abrí mis nalgas para que su verga entrara fácilmente. Estaba tan excitado por el momento que su pene entró rápidamente sin necesidad de foreplay ni lubricación, el simple hecho de saber que lo estaba haciendo en el baño de un McDonald’s me tenía muy excitado. Dejé de mirar por la ranura, me dejó de importar que nos vieran, después de todo la estaba pasando muy rico y no quería distraerme con preocupaciones innecesarias. Me hubiera gustado mucho gemir, pero no era posible, a menos que no me importara que nos descubrieran.

Me dejé llevar por sus movimientos, eran suaves, podía notar lo nervioso que estaba #527. Empecé a moverme hacia adelante y hacia atrás, ahora era yo quien tenía el control. Me mecí con su verga adentro, la disfruté como pude y a mi antojo, quería que el momento quedara bien guardado en mi memoria. Me lo cogí en ese baño mientras varios hombres entraron y salieron. Escuché el lavamanos y el secador de manos activarse varias veces por cada persona que salía, pero no me importaba, de hecho me excitaba.

Culiamos por unos 4 minutos hasta que sacó su verga, se masturbó y se vino sobre mis nalgas y mi espalda. Fue delicioso sentir chorro tras chorro de semen caliente caer sobre mi piel. Alcancé papel higiénico y me limpié, nos subimos los pantalones y esperamos hasta que no hubiera nadie en el baño. #527 salió primero y poco tiempo después salí yo.


 Puntuación: 8 de 10

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