#529. Cruising en el humedal Córdoba con el instrumentador quirúrjico

Encontrar a alguien dispuesto a hacerlo en cualquier tipo de lugar público no es fácil, se requiere de una persona on coraje, con una personalidad que no le tenga miedo a ser descubierto, que le gusten las aventuras y que no le tenga miedo al riesgo. #529 contaba con esta personalidad.

#529 era un seguidor de twitter que tenía sitio, me había escrito en varias ocasiones invitándome a su casa, pero vivía muy lejos y nunca nos vimos. A pesar que es un amante del cruising, #529 nunca lo había hecho en el humedal córdoba (un clásico del cruising en Bogotá). Mientras caminábamos me contó que ha tenido bastantes experiencias de centros comerciales y que una vez unos policías lo descubrieron teniendo sexo en un baño de Centro Mayor, pero no se los llevaron al CAI. Sabía que a #529 le gustaban las aventuras en lugares públicos por las conversaciones que tuvimos y pensé que era un buen candidato para volver al humedal córdoba, algo que llevaba pensando varias semanas.

Una mañana empezamos a conversar sobre dónde era el mejor lugar para culiar, le hablé de la posibilidad de tirar en  el humedal y sin dudarlo dijo que quería cogerme allí ese mismo día. Me emocioné, estaba ansioso de revivir mis primeros encuentros, pues no había vuelto al humedal desde que estuve con #30. Lo cité en el mismo sitio donde me encontré con los que culié en el humedal, nos vimos debajo del puente peatonal de Bulevar.

Llegué primero y él pocos minutos después. Cuando lo vi se me hizo más guapo que en las fotos, medía 1.70, era moreno, de ojos verdes y tenía 25 años. Caminamos hacia el humedal, hacía mucho tiempo no realizaba ese trayecto. Cruzamos el puente y atravesamos un parque, recordé cuando caminé por allí con el que culié por primera vez en el humedal, con quien caminamos dudosos, despacio y sin rumbo por ese parque sin saber que en minutos descubriríamos aquel sitio icónico de encuentros gays, después de un intento fallido de tirar en los baños de Bulevar.

Mientras cruzábamos el puente le pregunté a qué se dedicaba y me contó que es instrumentador quirúrjico. Hubo un silencio incómodo y soltó una risa nerviosa. “De qué te ríes?”, le pregunté extrañado. “He leído su diario, y no sé cómo me va a poner en su lista. Será “el instrumentador quirúrjico”? haha” respondió riéndose. Tenía toda la razón, pues siempre busco cosas particulares, únicas, que distingan al #personaje de los demás con el fin de poder acordarme de #él mucho tiempo después de nuestro encuentro.

Después de todo, nunca antes había estado con un instrumentador quirúrjico, por lo que si lo agregaba en mi lista con esta descripción sería muy fácil acordarme de él. Sin embargo, hay otros #personajes que no se destacan tan fácilmente, no necesariamente porque no sean atractivos o no sean un buen polvo, sino porque por ejemplo, tienen un aspecto físico que pueden tener muchos (medir 1.70, ser moreno con barba, etc.) o tienen una profesión muy general como administrador o abogado, y viven en un barrio donde ya he tirado con muchos.

Por eso necesito encontrar cosas  únicas en cada uno. Entre más único sea el aspecto (como el instrumentador quirúrjico, o el que colecciona cartas de restaurantes, o el que es socio de Pricewaterhousecoopers, por ejemplo), más corta puede ser la descripción en mi lista porque los puedo recordar con una simple palabra. Por el contrario, entre más general sea su aspecto y su profesión/ocupación, o si no hubo algo específico en el encuentro que haya causado impacto en mí, más larga debe ser la descripción en mi lista para poder distinguirlo en mi lista.

Volviendo a mi historia con #529, seguimos caminando por el mismo trayecto que había recorrido en mis anteriores encuentros para llegar al humedal. Caminamos por una calle con casas y finalmente un parque, yo solo sabía entrar al humedal atravesando ese parque, pero después me enteré que hay otra forma de ingresar al lugar. Finalmente empezamos a caminar por el sendero peatonal de cemento que conocía y que se encuentra entre una calle pavimentada por donde se entra a unos edificios altos de ladrillo, y las rejas que separan unas casas.

Pasó mucho tiempo desde que fui por última vez al humedal, el pasto largo sin cortar había sido remplazado por cemento: un nuevo parque (diferente al primero que atravesamos y que ya conocía) había sido construido antes de llegar a la entrada del humedal. Los alambres de púas de metro y medio de altura ya no separaban el humedal, sino que estos alambres habían sido remplazados por unas rejas nuevas de más de 2 metros de altura hechas de hierro forzado que hacían imposible entrar al lugar. Enseguida de estas rejas había sido construida una cicloruta que rodeaba todo el parque.

Seguimos caminando hacia la entrada del humedal, la cual consistía en una montaña no muy alta donde terminaba el sendero peatonal que estaba justo al lado de un portón grande que siempre permanecía con candado. Al lado derecho del portón estaba aquella montaña que subíamos con algo de esfuerzo para entrar al humedal. La montaña había sido remplazada por una reja no muy alta, que afortunadamente era mucho más bajita y estaba hecha de un material mucho menos grueso que la reja nueva que rodeaba todo el humedal.

Simplemente con treparnos sobre la rejilla podíamos pasar al otro lado y estar dentro del humedal, pero a pocos metros había un grupo de personas sentadas en unas sillas del parque, y al lado del parque había una calle sin salida donde había gente aprendiendo a conducir. Si atravesábamos esa reja nos podían ver, y al parecer eso era algo que le preocupaba a #529, aunque a mí no me hubiera importado mucho que se dieran cuenta.

Estaba dispuesto a atravesar la reja, pero #529 no quería hacerlo con tanta gente alí, así que seguimos caminando hacia el sur intentando encontrar otro lugar donde pudiéramos pasar al otro lado. Atravesamos todo el parque y llegamos hasta el otro extremo donde la reja alta y gruesa terminaba en el borde de un edificio de apartamentos. No había forma de pasar al humedal que no fuera por donde él no había querido entrar. Volvimos hasta la reja de baja altura que podíamos trepar, y afortunadamente para ese entonces las personas que estaban allí se habían ido, además ya no había carros cerca con gente aprendiendo a manejar.

El momento era perfecto, #529 miró la reja y me dijo que quería treparla. Primero lo hice yo y luego él. Subí la reja cual spiderman y salté dentro del humedal, fue una hazaña un poco difícil pero llena de adrenalina, luego siguió #529. Por fin estábamos dentro, lo guié por el camino de tierra y pasto. Entraba poca luz, pues las ramas de los árboles habían crecido en comparación con la última vez que estuve allí. También vi mucha basura pero en igual cantidad que antes, evidencia de gente que había fumado marihuana, había colillas de cigarrillo, envolturas, bolsas, botellas, etc.

Empezamos a buscar el lugar más propicio para tener sexo, le propuse un sitio que me pareció aceptable, solo que estaba al lado de los árboles que limitaban con la reja y se podía ver lo que había al otro lado, a #529 no le gustaba la idea que nos pudieran ver. En realidad, que nos vieran era algo casi imposible porque no había casi nadie al otro lado, y para que nos vieran debían tener vista de águila y alumbrar con una linterna, pues donde estábamos era oscuro. Seguimos buscando donde tirar, caminamos bastante y se me hizo un trayecto eterno.

Hubiera dejado que #529 me cogiera a 3 metros de la rejilla que trepamos para entrar al humedal, pero él era mucho más meticuloso con escoger un lugar apropiado. Después de varios minutos de buscar donde culiar por fin dimos con un sitio donde nadie podría vernos, quedaba colina abajo y había una tabla grande de madera en el piso algo sucia porque estaba encima de la tierra y el pasto, estábamos rodeados de árboles y allí nos acomodamos.

La gente por lo general deja su ropa encima de un ropero, una cama o una silla cuando se desnuda para tener sexo. Después de haber tenido sexo en varios lugares que no son una habitación con una cama, dejar mi ropa en el piso ya no es algo primordial para mí. Colgamos nuestra ropa en una rama para que no se ensuciara y me arrodillé para mamárselo. Tenía una verga rosada en la punta, debía medir 18cm. Se la puse dura en menos de 3 minutos y puse mi chaqueta en el piso para acostarme y que #529 pudiera penetrarme. #529 se arrodilló en el piso y puso mis piernas sobre sus brazos rodeando mi muslo hasta tocar mis nalgas con las palmas de sus manos.

Me agarró duro de mis nalgas y mis piernas y me empezó a coger, el piso donde estaba no era lo más cómodo pero en estos casos no importa, soy un amante de hacerlo al aire libre. Me folló a un ritmo relativamente rápido y consistente, no muy fuerte y muy excitante. Era rico poder ver su cuerpo moreno y delgado moverse a un ritmo tan delicioso y ver los árboles verdes detrás de él.

Cambiamos de posición y me puse de rodillas para culiar en 4. Sentí como su verga se dio paso de nuevo dentro de las paredes de mi ano, una vez la tuve toda adentro puso su mano en mi hombro derecho y su otra mano en mi cintura. Así me volvió coger con el ritmo que había usado cuando lo hice con mis piernas abiertas boca arriba. Si hay algo que me encanta de tener sexo en el exterior es sentir la brisa fría tocar mi piel mientras disfruto de una buena verga. Y aunque no había mucho viento porque estábamos rodeados de árboles, hacía un poco de frío y eso era suficiente.

Sentí como puso sus manos sutilmente sobre mi cintura, la cual no tomó con propiedad como usualmente lo hacen, pero fue delicioso sentir sus manos tocarme en ese momento. Las había puesto de forma tan sutil que me dio la motivación para moverme con mayor intensidad y rapidez, así que ahora sus movimientos eran más pausados y sin tanta fuerza, mientras yo movía mi culo hacia adelante y hacia atrás haciéndole saber que quería toda su verga hasta el fondo.

Dejé de tener mis brazos erguidos con las palmas de mi mano abiertas sobre el pasto y la tierra, a tenerlos doblados con mis codos rozando la tierra. Era una posición mucho más cómoda para mis brazos ya que me permitía moverme con mayor fuerza. Tomé un mayor control de la situación, ahora era yo quien lo estaba follando con mi ano. “Oh si!, dame así!”, le pedía esperando que me lo hiciera un poco más rápido. Volvió a poner sus dos manos sobre mi cintura y las apretó como nunca mientras aumentaba la intensidad de sus movimientos al unísono de mis nalgas golpeando contra su cintura.

De repente #529 agarró mi cintura con más fuerza y deslizó su mano sobre mi espalda hasta mi hombro donde la sostuvo por unos segundos antes de llegar al orgasmo. “Me voy a venir”, susurró. “Vente”, le respondí. No quise interrumpirle el momento, simplemente continué moviéndome como lo estaba haciendo hasta que escuché aumentar el sonido de su respiración. “ah, ah, ah!” repitió varias veces en voz baja. Finalmente empezó a moverse más despacio y deslizó su mano por mi espalda hasta mi cintura, esto me confirmó que se había venido. Levanté mi espalda suavemente y volteé mi cara para darle un beso, había querido besarlo desde el primer momento que nos quitamos la ropa.

Los mosquitos acechaban, y nuestra piel al descubierto no ayudaba. Me masturbé mientras él se vestía y me limpié con una hoja de árbol grande que encontré al lado mío. Nos vestimos rápidamente y caminamos hacia la rejilla por donde entramos. Esta vez treparla fue un poco más difícil porque el nivel del suelo estaba más abajo, mientras que al otro lado (la parte que no pertenecía al humedal), el nivel del piso estaba más arriba. Trepamos la rejilla y caímos al suelo en medio de una maniobra.

Me sentía sucio, pero eso me dio mucho morbo. Mi ropa estaba untada de tierra y pasto, mis tennis prácticamente nuevos se habían ensuciado bastante pero no me importaba, había valido la pena. Caminamos hasta el puente y nos despedimos, tomamos rumbos distintos.


Puntuación: 10 de 10

 

 

 

 

 

2 comentarios sobre “#529. Cruising en el humedal Córdoba con el instrumentador quirúrjico

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