#531. El del cuerpo lindo con acento raro

Mi primera impresión de #531 fue que hablaba mucho para mi gusto. Medía 1,75, era blanco, de 23 años y tenía una barba que se le veía muy sexy. Nos encontramos a la entrada de una estación de transmilenio en Chapinero, la cual estaba ubicada a pocos minutos caminando de la residencia a la que íbamos a tener sexo.

#531 sería mi guía y quien me llevaría a la residencia, pues nos teníamos muchas ganas pero ninguno tenía sitio. Entre más lo escuchaba hablar más me daba cuenta del extraño acento que tenía. Me enfoqué en descifrar de dónde era pero no quería interrumpirlo para preguntarle. Lo que estaba diciendo me entraba por un oído y salía por el otro, estoy seguro que me habló mucho de él pero no pude concentrarme en lo que me decía, sino en el sonido y la tonalidad única de de sus palabras.

En una de las pocas oportunidades que tuve para intervenir (casi no paraba de hablar) le pregunté lo que había querido preguntarle desde que empecé a escucharlo hablar: “De donde eres?”. Su respuesta me dejó confundido. “De aquí, de Bogotá”, respondió. Al principio le creí, pero con el tiempo me di cuenta que no hay forma que fuera de Bogotá.

Seguimos caminando mientras #531 seguía hablando, finalmente llegamos a la residencia. A diferencia de las residencias a las que había ido, esta era fea y vieja. Pero mi mayor decepción se dio cuando entramos al cuarto. Era oscuro, se veía muy viejo, las paredes estaban pintadas de un verde chillón, además estaban agrietadas.

La cama era de madera y parecía que tuviera un siglo de antigüedad, pero lo peor fue cuando me acosté encima. No tengo idea cuántos polvos ha aguantado ese colchón, los resortes sonaban con cada movimiento y se hundía hasta el fondo en muchas partes.

#531 se dio cuenta de mi gran decepción y se disculpó por haberme llevado a tal lugar, pero ya estábamos allí y yo no pensaba salir de nuevo a  buscar otro sitio, así que le dije que “no había problema”. En realidad sí tenía un gran problema con él por llevarme allí pero no quería posponer el momento para tener su verga dentro.

Entré al baño para orinar, el cual no estaba en tan malas condiciones como el cuarto. Cuando volví él estaba en la cama esperándome. Por primera vez me había olvidado de su acento raro, pues ya me había acostumbrado, y empecé a poner atención a lo que me decía. Luego nos empezamos a besar, me acarició la mejilla, juntamos nuestros labios y nuestra lengua de una forma deliciosa. Nunca me imaginé que el chico del acento raro besara tan bien. “Quiero pasar la noche contigo”, me dijo en medio de unos ricos besos.

Pasar la noche con #531 era imposible ese día, pero me hubiera encantado dormir en cucharita con él después de habernos venido. Las sorpresas todavía no acababan, cuando se quitó la camisa me dio a conocer su hermoso cuerpo. No era el típico cuerpo musculoso y tonificado con six pack que muchos se pueden imaginar al leer “hermoso cuerpo”. De hecho, era un cuerpo que muchos considerarían normal o simplemente bonito, pero a mí me encantó. Era naturalmente acuerpado, grueso, se marcaban sus pectorales, puedo asegurar que iba al gimnasio.

Se me paró inmediatamente con verlo sin camisa, si me hubieran preguntado qué clase de cuerpo creía que tenía #531 antes de quitarse su camisa, no habría acertado. Moví mi brazo hacia su pecho y lo manoseé, me puse aún más duro, su cuerpo me traía loco.

Agaché la cabeza y se bajó los pantalones para que se lo mamara. Tenía su verga dura, era dotado y su glande morado estaba lo suficientemente hinchado para saber que quería entrar por mis dos huecos. Le di una buena mamada que no duró mucho, pues los dos esperábamos con ansias el momento de la penetración.

Quería poder ver su rico cuerpo mientras cogíamos, por lo que hacerlo en pollo asado era la mejor opción para verlo. Me desnudé y primero me dio un beso de negro muy pasional, pude notar por la forma como me lo hizo el placer que le producía chuparme el culo al jugar con su lengua y mi ano.

Por fin llegó el momento que llevaba esperando. Me acosté mientras que #531 se sentó de rodillas al frente mío en posición para poner mis pies sobre sus hombros. Lo que inicialmente pensé que iba a ser tirar con él en pollo asado terminó siendo una posición que practico mucho pero que no tiene un nombre exacto, pero que debería existir como el “pollo asado”, “en misionero” o “en cuatro”.

La posición era similar a un pollo asado, sólo que en lugar de tener mis pues sobre sus hombros, mis piernas estaban abiertas a los dos lados encima de sus brazos. Su pene estaba por ingresar a mi ano, eso me tenía muy excitado. Acercó su cintura a mi culo y apuntó su verga para entrar en mi hoyo, de repente lo sentí ingresar, #531 me tenía tan arrecho que su verga entró sin problema. Llegó hasta lo más profundo de mi apretado culo y luego empezó a moverse dentro, estimulando su pene con mi ano de una forma deliciosa.

Admiraba su lindo pecho con cada movimiento que daba dentro de mi culo, de vez en cuando mis piernas se deslizaban hacia abajo, por lo que #531 debía acomodar sus brazos rápidamente para que mis piernas no se abrieran mucho, lo cual arruniaría la posición en la que estábamos tirando. Su cabeza se movía constantemente de arriba a abajo, alternaba su mirada para observar mi culo, mis piernas, mi cuerpo y mi cara. Mientras tanto yo no podia dejar de mirar su delicioso cuerpo, el cual se movía a un ritmo perfecto con los empujones que daba con su verga.

Agarré la sábana con mis manos porque no me gustaba la idea que mi cuerpo se deslizara sobre la cama con cada movimiento de #531 culiándome cada vez más fuerte, aunque el simple hecho de saber que mi cuerpo se estaba moviendo por la cama gracias a él me producía una sensación de satisfacción y lujuria.

Sus empujones se volvieron más fuertes, “me ven…” dijo en un tono de voz muy bajo, dio al menos 3 empujones más fuertes que los anteriores y se quedó quieto por unos segundos, luego siguió moviéndose. Al parecer quería engañarme haciéndome pensar que no se había venido todavía.

Dejé que siguiera “cogiéndome” pero era evidente que ya no podía hacerlo como antes. De repente se quedó quieto y se acostó encima mío. “Lo siento! Me vine involuntariamente, lo siento”, dijo en un tono avergonzado. Se sintió mal por haberse venido porque no duró mucho, pero sí lo suficiente para hacerme disfrutar. Le hice saber que no había problema y continuamos teniendo morbo.

Me acosté boca abajo con él encima y empezó a rozar su pene con mi culo, lo hizo con la misma intensidad como si me estuviera dando verga, era su forma de darme placer por más tiempo, y lo hizo muy bien. Recibió una llamada de su mamá, quien le preguntó dónde estaba porque al parecer lo necesitaba. Cuando colgó me dijo que no nos podíamos demorar mucho porque debía irse.

Finalmente me volteé boca arriba y me masturbé admirando su pecho, ese pecho que me pareció uno de los más naturales y lindos que he visto. Nos vestimos, salimos del lugar y nos despedimos en el mismo punto donde nos encontramos con un apretón de manos muy fuerte. Nunca pude descifrar de dónde era su acento, tal vez era de Pasto o Santander, incluso pensé que podría ser mexicano.


Puntuación: 10 de 10

2 comentarios sobre “#531. El del cuerpo lindo con acento raro

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