#534. El bisexual sonriente de Bucaramanga

“Te tengo ganas bebé”, decía un mensaje que recibí de grindr, el mensaje era de quien se convertiría en el #534 de mi lista. Su perfil decía “bisexual”, su foto mostraba las piernas de alguien acostado en una cama en pantaloneta. Abrí la conversación, me di cuenta que habíamos hablado hace mucho tiempo pero nunca concretamos nada.

Revisé nuestra conversación y vi las fotos que me había enviado antes. Era joven, blanco, con barba corta, tenía ojos verdes y la cara redonda. Tenía sitio ese mismo día y me invitó a su apartamento. Ese día se me habían acabado los condones y antes de llegar le pregunté si tenía uno pero me dijo que no, así que compré una caja en una droguería que estaba justo debajo de su edificio.

Me anuncié y me hizo seguir. Timbré y al poco tiempo abrió la puerta. Era más alto de lo que me imaginaba, debía medir 1.80, me recibió con una sonrisa que después mi di cuenta que no era temporal por el simple hecho de verme, sino que hace parte de la naturaleza de su mirada, su sonrisa nunca terminaba, era natural y constante. Siempre me ha causado curiosidad saber por qué esta característica hace parte de un grupo selecto de hombres, pues una sonrisa natural-constante y no circunstancial es una de las cosas más memorables que me puede dejar una persona.

Su sonrisa le daba un carisma y una sensación de confianza que rara vez percibo en alguien. Me invitó a su cuarto y me senté en su cama cual visita de médico. Me contó que estudia finanzas y que es de Bucaramanga, lo cual concordaba con su acento tan marcado. Me confesó que no tiene mucha experiencia con hombres pero sí con mujeres. “Con cuántas mujeres has estado?”, le pregunté. “No sé, no llevo la cuenta”, respondió. Esa es una respuesta obvia, pues creo que soy el único que lleva una cuenta con cuántos tipos he estado. “Dame un promedio, sé que no debes saber exactamente cuántas son, pero.. son menos de 10? está entre 10 y 15? 15 y 20? o más de 20”?, le pregunté intentando obtener una cifra aproximada. “creo que 20”, respondió.

A veces les hago esta pregunta a los bisexuales cuando me hablan de sus experiencias sexuales, y he obtenido respuestas que van desde 8 hasta 70 mujeres, diría que el promedio está en 20. De hecho, una vez un bisexual empezó a hacer una lista de excel de los hombres con los que ha culiado después que le hablé de la mía, tiempo después me envió una foto de su excel, fue genial poder ver la lista de alguien más y saber que hacía parte de ella, me pareció increíble la forma como describía a los personajes, es muy similar como lo hago yo, en su lista yo era #89. el (gentilicio de mi universidad) lindo.

Después de una conversación extensa sobre el sexo y los bisexuales dimos inicio a nuestra velada. Nos quitamos la ropa, su pecho era completamente velludo y su cuerpo era muy normal. Me pidió que me pusiera en 4, me Di cuenta que a #534 le encanta hacer el beso de negro. Me succionó el culo con sus labios y su lengua y me hizo retorcer en su cama por la forma tan intensa con la que me chupó el ano. Era muy incómodo sentir su barba áspera raspado mi piel, pero al verlo chuparme el culo con tanto placer decidí aguantar por un rato. Le gustaba abrirme las nalgas por completo y adentrarse en mi ano hasta donde mi culo le permitiera.

Me succionó el ano por unos 5 minutos, cuando terminó mis nalgas quedaron levemente irritadas debido al dolor que me provocó su barba provocó. Su pene seguía bien erecto, era la hora que me llenara el culo con su miembro. Le dije que quería que me cogiera en pollo asado pero él quería en 4, decidimos follar primero en la posición que yo quería y luego en 4. Me acosté ansioso de recibir su pene y abrí mis piernas para dejarlo entrar. De repente tenía al frente mío el pecho de oso de #534 con su verga adentro, para poder sostenerse agarró fuerte el muslo de mis dos piernas abiertas con sus dos manos.

Empezó a moverse suave mientras su pene se acostumbraba a mi culo y cuando se sintió cómodo estiró sus piernas hacia atrás, bajó su pecho para estar más cerca de mí y se movió más rápido pero a un ritmo constante. Mientras tanto la cama de madera producía un chirrido que me ponía más excitado, segundos después de tener su pecho cerca al mío volvió a levantarse para darme más verga, luego bajó de nuevo y esta vez puso su pecho encima del mío, dejándome sentir sus ricos vellos de oso.

Sacó su pene y miré hacia el escritorio que estaba en la esquina de su cuarto al lado de la ventana. Había una silla de escritorio con ruedas, ver esa silla allí sin usar me produjo mucha curiosidad y un pensamiento esporádico. “Quiero que me lo metas en esa silla”, le dije. Inmediatamente después vi su cara de confusión. “Quiero que te sientes mientras yo te cabalgo”, dije levantándome de la cama. #534 también se levantó, lo llevé de la mano hasta la silla y prácticamente lo senté como a un niño pequeño.

Me senté encima de él con mi espalda hacia su cara y apoyé mi mano izquierda sobre su cintura mientras me masturbaba con mi mano derecha, introduje su pene en mi culo, el cual ya estaba abierto. A #534 le gustaba acariciar mi espalda, mis hombros, mi cara y mi cintura mientras lo cabalgaba, sentir sus manos deslizarse por mi piel a medida que rebotaba sobre su verga fue una sensación nueva para mí porque #534 estaba estimulando mi nuca y mi espalda con sus manos.

Me pidió que me pusiera de pie, me acorraló contra un mueble largo adosado a la pared con ventana, allí me agarró con una mano del hombro y con la otra de la cintura para penetrarme. Apoyé mis manos sobre el mueble largo de madera y sentí como tomó el control de la situación. “Me voy a venir”, susurró. “No todavía”, le pedí, pues quería que me diera más verga. Segundos después dejó de moverse y sacó su pene. “Te viniste?”, le pregunté. “No”, respondió intentando ocultar el cóndon, pero segundos después vi su semen dentro del condón cuando iba al baño para botarlo. Cuando volvió le dije que no había necesidad que me dijera mentiras y que no tenía problema con que se hubiera venido.

“No pude evitar venirme, estaba muy arrecho, llevaba tiempo sin tirar”. Su respuesta sincera me excitó y me acosté en la cama para masturbarme. Volvimos a tener sexo una vez más aproximadamente dos meses después de nuestro primer encuentro.


Puntuación: 6,5 de 10

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