#537. Pócima de amor de Baskin Robins

Qué tiene que ver un helado y un personaje como #537? Sólo mi mente retorcida podría explicarlo.”pócima de amor” era mi helado favorito de Baskin Robins, tiene sabor a vainilla con frutos rojos y adentro tiene unos chocolates en forma de corazón rellenos de una gelatina sabor a fresa que al morderlos con el helado hacen la combinación perfecta para generar un orgasmo en mi boca.

El único problema es que no sé de dónde se graduaron los que trabajan en el área de logística de Baskin Robins. Cuando niño siempre pedía este helado en el Baskin Robins que quedaba a la salida del Carrefour (cuando todavía no se llamaba Jumbo) donde mis papás hacían mercado, pero un día cuando iba a comprar el pócima de amor, de repente ya no lo vendían. El trabajador me explicó que el helado se había agotado en todos los puntos de venta y que el próximo pedido llegaría en 2 a 3 meses, eso me sonó una eternidad, pues yo me comía un cono con doble bola de pócima de amor mínimo 2 veces al meses.

Me decepcioné, maldije a Baskin Robins y me prometí nunca volver a ese lugar, creo que desde ahí empecé a ser tan radical con mis experiencias negativas. Que dejen de vender el helado favorito de uno cuando es niño puede ser traumatizante. Sin embargo, siempre que volvía a Carrefour o pasaba cerca de cualquier otro Baskin Robins no podía evitar acercarme al local y preguntar con algo de orgullo (pues no estaba dispuesto a comprar allí) si tenían pócima de amor. Resulta que el pedido nunca llegó, y así pasaron los meses y los años, y siempre que volvía preguntando por el pócima de amor nunca había. Incluso muchas veces los mismos trabajadores de Baskin Robins me preguntaron de qué sabor era el helado porque no lo conocían, era como si hubieran descontinuado ese helado y ya nunca más lo volvieran a vender.

Dejé de preguntar por este sabor, pues siempre me decían que no había, por lo que no volví a acercarme a un Baskin Robins por muchos años hasta el año pasado, cuando pasé cerca de un local y se me ocurrió preguntar si vendían el famoso helado. Para mi sorpresa, ese día había pócima de amor, y había suficiente en el tarro del mostrador. Pedí un cono con doble bola y el momento en que lo saboreé me recordó mucho cuando era niño y la felicidad que me provocaba tener el cono en mi mano, el gusto fue el mismo, no podía creer la espera tan eterna que había tenido que pasar para revivir ese momento.

Puedo hacer una analogía entre #537 y el “pócima de amor” de Baskin robins. Las ganas que le traía a #537 eran similares a las que tenía por el pócima de amor recién lo dejaron de importar a Colombia, desde que me envió sus fotos sin camiseta en una playa me dio un antojo increíble de comérmelo.

Me sorprendió lo juicioso y dedicado que es para entrenar, pues va todos los días al gimnasio de lunes a viernes de 7 a 9 de la noche, no estoy seguro si va los fines de semana. Después de hablar por semanas con él en whatsapp me di cuenta que el ejercicio es algo sagrado en su día a día, es una rutina obligatoria que no es capaz de romper por nada del mundo y que debe cumplir todas las noches, además lleva años haciéndolo.

Pero lo que más se parecía #537 a pócima de amor era que, al igual que el helado, #537 nunca estaba disponible cuando yo podía. Siempre que le escribía para vernos me preguntaba si podía a otra hora en la cual yo no podía. Y así no volví a contactarlo para preguntarle si estaba disponible por mucho tiempo. Pasaron meses que dejamos de hablar hasta que un día decidí volver a escribirle y sorprendentemente, ese día él también podía y a la misma hora que yo.

Me citó un viernes a las 9pm en su casa después de ir al gimnasio. Vive en un edificio de los que queda por la 30 cerca al campín, cuando llegué tuve que esperarlo afuera de la reja por menos 2 minutos hasta que bajó para abrir. Era moreno, tenía una cara linda, medía 1.75 y tenía el pelo muy corto como de militar. Me recibió en un saco negro con cuello en “V” que todavía recuerdo porque me gustó mucho como se le veía. Me extendió la mano y nos saludamos con un apretón, luego subimos hasta su habitación la cual quedaba al frente de una cocina en el segundo piso. Su cuarto era muy pequeño, me contó que vive en un edificio de residencias estudiantiles de la Nacional y cuando le pregunté si estudiaba allí me explicó que no necesariamente todos los que viven allí son estudiantes de esta universidad.

Me senté en su cama y empezamos a hablar mientras se quitaba la ropa y la colgaba en su armario. Tenía un acento costeño suave, pues aunque es de Valledupar lleva viviendo varios años en Bogotá. No podía esperar el momento en que se quitara su camiseta y poder ver en vivo y en directo el hermoso cuerpo que había visto en fotos. No recuerdo por qué llegamos a hablar de sus experiencias sexuales, aunque por lo que estábamos a punto de hacer tenía todo el sentido. Me dijo que ha tenido sexo con su ex y que ha tenido tríos muchas veces en el gimansio donde va a entrenar. Eso me dio mucho morbo porque me da curiosidad saber cómo es “la movida”en un gimnasio.

Dejamos de hablar y se paró en frente mío, era la señal que quería que se lo mamara. Bajé sus bóxers y descubrí su pene perfectamente proporcionado. No sé si era porque le tenía tantas ganas, pero todo en él me parecía perfecto. Me acerqué a su pene y me lo metí a la boca, me sabía a gloria, era delicioso por fin poder mamarle la verga al que llevaba imaginándome en la cama por meses. Mientras lo hacía subí mis brazos y deslicé mis manos por entre su camiseta blanca, toqué su six pack, luego fui subiendo por sus pectorales hasta que llegué a su cuello. Mi acción hizo que se quitara la camiseta.

Su cuerpo era tan perfecto como el de las fotos, tenía un abdomen bien definido y unos pectorales deliciosos. Su bronceado canela-naranja era un atractivo más para agregar a la lista de todas las cualidades que hacían parte de su estética perfecta. No solo tenía un cuerpo de modelo, sino que tenía una cara muy linda que no podía parar de mirar. No le gustaba besar, lo cual fue una decepción porque me hubiera encantado rozar sus labios delgados con los míos. En mis primeros encuentros tampoco me gustaba besar por más que me gustara mucho el otro, pero con el tiempo aprendí a disfrutarlo siempre y cuando hubiera una buena conexión.

Como buen costeño era dotado, su verga debía medir 20 centímetros. Se lo chupé con demasiada pasión. Le lamí las bolas y luego lo masturbé mientras le mamaba la punta, pero lo más rico era manosear su six pack con su verga en mi boca. No aguantamos más, él quería cogerme y yo quería que él me cogiera, Me acosté boca abajo y se acomodó encima mío. Estaba tan excitado que me sentía lubricado y abierto, sabía que a pesar de su tamaño, su pene iba a entrar fácilmente y sin dolor. Apuntó con su mano hacia mi hueco y lo insertó, entró inmediatamente. Tenía al hombre que había querido llevarme a la cama desde hacía mucho tiempo, me agarré de las sábanas y disfruté de su miembro rozando las paredes de mi ano.

Me lo hizo suave y despacio, a un ritmo perfecto para el momento. Me gustaba voltear mi cabeza de vez en cuando para admirar su cuerpo y ver su cara linda, aunque era incómodo hacerlo en esa posición. #537 se dio cuenta que quería verlo, así que volteó mi cuerpo para que yo quedara en posición fetal con él arrodillado en frente mío dándome verga. De esta forma pude ver su cuerpo y tocar su abdomen con sus embestidas las cuales me tenían bien duro. Pasó de tener su pecho erguido a bajarlo para apoyarse sobre la cama y acercar su cuerpo a mí, eso le dio mayor comodidad y le permitió moverse más rápido, aumentando la intensidad de la culiada. No podía gemir duro para que no nos escucharan los que vivían allí, pero pude gemir muy suave y sin problema.

Finalmente me volteé 45 grados hacia la derecha para follar en pollo asado. Subí mis pies sobre sus hombros y puse mis manos sobre sus nalgas para acercarlo más hacia mí. La expresión de su cara cambió, era mucho más prominente que antes, podía verlo en sus ojos, esa cara previa al orgasmo. Aumentó el ritmo de sus embestidas hasta que cerró sus ojos con mucha fuerza, empezó a mover la cabeza hacia todos lados rápidamente, abrió la boca y de ella empezó a salir un sonido como de un animal enjaulado, pensé que aquel sonido pararía en pocos segundos pero se extendió, continuó con sus gestos de animal y luego me empecé a preocupar.

Empecé a pensar que se trataba de un ataque de epilepsia o del corazón, esto ya no era normal. Llevaba mucho tiempo haciendo gestos sin sentido, que ningún humano haría durante un orgasmo. Su boca se abrió aún más y su cabeza se empezó a mover con mayor fuerza hacia atrás y hacia adelante, su ojos se cerraron hasta más no poder, pero lo que más me impactó fue los sonidos que producía. Eran como de una bestia enjaulada. Han visto King Kong?, así eran, pero con volumen suave. Su ataque debió durar al menos un minuto completo, pero en mi mente pareció 5 minutos. Fue un minuto donde no supe qué hacer, no sabía si quitarme, aunque sabía que si lo hacía y sólo se trataba de un orgasmo, le estaría interrumpiendo uno que sin duda era el mejor orgasmo de su vida.

Finalmente paró, dejó de moverse y hacer ruidos, dejó de parecer un animal y quedó quieto, muy cansado. “Estás bien?”, le pregunté. Mi cara debió ser la cara más desconcertada del mundo, #537 se rió y me dijo que todo estaba bien. “Me asustaste! pensé que te estaba pasando algo malo”, le reclamé. Enseguida se rió y sacó su verga de mi culo y le pregunté: “Y siempre haces esos gestos cuando te vienes? tu ex nunca te dijo que tu expresión orgásmica es muy curiosa y chistosa?”. Negó con la cabeza, se rió y se levantó de la cama.

Al día de hoy todavía me parece increíble haber visto a alguien teniendo un orgasmo de tal forma, fue algo salido de otro mundo. Me pregunto si siempre actúa así cuando se viene, o si solo fue así conmigo. En todo caso, a pesar que fue muy raro y me asusté mucho, pero estoy orgulloso de haberle generado un orgasmo como el que debió haber tenido mientras se corría dentro de mi culo.


Puntuación: 10 de 10

 

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