#541. El abogado que me cogió en la clínica Reina Sofía

Fue durante una visita a un conocido que operaron en la clínica del country que descubrí el potencial de los baños de las clínicas para hacer cruising. Sus ventajas sobre los baños de centros comerciales son gigantes, y lo mejor es que es tan fácil entrar al baño de una clínica como al de un centro comercial.
Primero que todo, los baños de las clínicas son mucho menos concurridos que los de cualquier centro comercial, lo cual proporciona mayor privacidad. Segundo, no hay una señora del aseo todo el tiempo como sucede en los centros comerciales y tercero, son más pequeños y tienden a ser más privados. En mi opinión, los baños de las clínicas están subvalorados en lo que respecta al cruising.

Siempre pensé que la primera clínica donde lo haría sería en la Country, pero por razones de la vida terminé teniendo sexo en una clínica que nunca había ido, la Reina Sofía. Me encontré con #541 a pocos metros de la entrada del lugar. Era moreno, medía 1,70, tenía la cara redonda, barba corta en el mentón y su contextura representaba lo que algunos llamamos: “trozudo”. Tenía un vestido oscuro muy elegante con camisa blanca, chaleco negro, corbata y zapatos negros brillantes.

Nos conocimos antes de entrar a la clínica, me sorprendió cuando reveló su edad. Me parecía de 28 años pero tan sólo tenía 23. Es abogado, eso explicaba su traje formal. Desde el inicio no dejó de halagarme diciéndome que le parecía lindo, y al salir me dijo que le gustaría invitarme a comer o a tomarnos una cerveza. Tuvimos sexo 2 veces más después de hacerlo en la Reina Sofía.

Entramos a la clínica y tomamos el ascensor hasta el cuarto piso. Cuando se abrió el ascensor había una sala de espera, a la derecha una puerta de vidrio y a la izquierda una puerta que daba hacia las habitaciones de ese piso, antes de la puerta estaba un baño de hombres y al frente una ventanilla que daba a una recepción donde había enfermeros trabajando.

Esperamos un momento a que no hubiera mucha gente entrando y saliendo de la puerta de la sección de habitaciones, cuando bajó el flujo de personas y me aseguré que no había ningún enfermero o médico mirando hacia la puerta del baño (la cual estaba justo al frente del baño), aproveché para entrar. Adentro había un un orinal y un cubículo con inodoro, era propicio para un rapidito con el riesgo que alguien quisiera entrar al baño y pudiera descubrirnos. Me encerré en el cubículo mientras que #541 esperó un rato para evitar cualquier sospecha y dos minutos después ingresó, nos encerramos en el cubículo y cerramos la puerta con seguro.

Un sentimiento de adrenalina invadió mi cuerpo, ese que se apodera de mí cuando estoy por hacerlo en un lugar como estos. #541 se puso contra la pared y me arrodillé, se desabrochó el cinturón y se bajó la cremallera. No era muy dotado pero su pene medía lo suficiente para llenar mi boca y mi culo. Se lo mamé con algo de nervios. Sentí el sabor de su precum, su glande se sentía muy húmedo.

Quería que me follara, así que me levanté rápidamente, bajé mis pantalones y me volteé contra la pared, mi culo quedó expuesto hacia su verga dura y erecta ansiosa de penetrar mi ano. Mi cuerpo quedó sostenido por mis brazos erguidos con mis palmas sobre la pared. Volteé mi cabeza, había olvidado que #541, el abogado, traía un vestido muy elegante que despertó un morbo en mí. Su pene erecto apuntaba naturalmente hacia mi hueco, sacó un condón de su bolsillo y se lo puso.

Me agarró fuerte de la cintura y me penetró. Rápidamente sentí su pene tocar lo más profundo de mi ano, me dejé llevar por el momento y olvidé que alguien podía haber entrado sin darnos cuenta. Mis gemidos eran muy suaves, podían pasar desapercibidos. Me gustaba mirar hacia atrás y verlo en su vestido elegante y brillante que se movía al mismo tiempo de su verga penetrándome.

De repente sacó su pene, se quitó el condón y susurró en un tono agitado: “quieres que me venga?”. “Sí!”, respondí. Me quedé en la misma posición porque noté que se quería venir sobre mis nalgas. Se empezó a masturbar rápidamente hasta que salió un chorro tras chorro de semen que cayó sobre mi espalda y mis nalgas. Me limpié con papel higiénico y #541 se subió los pantalones y salió primero del baño. Minutos después salí yo. Me pregunto qué habría pasado si alguien hubiera entrado al baño en pleno ajetreo. Cuando salí de la clínica me estaba esperando en la puerta, me dijo que lo había disfrutado, que le gustaba mucho y que quería volver a verme.

#541 me escribió en varias ocasiones para tener sexo y volvimos a tirar dos veces más. Una de ellas fue a la madrugada en el patio de su apartamento, lo hicimos sobre la lavadora y en medio de un arrume de ropa sobre el piso. La segunda vez fue un trío con alguien que no me dio confianza. Después de esa ocasión nunca más le volví a responder sus mensajes.


Puntuación: 8 de 10

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .