#544. Llamada a media noche del costeño veraneado

Tantas cosas pasan por mi mente cada vez que me dispongo a escribir este diario. Siempre empiezo mirando hacia el techo intentando concentrarme y preguntándome cosas como: cómo empezó todo?, cómo lo conocí?, tenía algún olor en especial? cómo era físicamente?, cómo era el lugar donde lo hicimos?, cómo fue el ritmo del encuentro, rápido o lento? cómo era su voz? qué ropa traía?. Cada relato requiere de un esfuerzo mental que incorpora la memoria fotográfica, olfativa, con un intento de recordar detalles puntuales, conversaciones y cosas que me hayan impactado del encuentro.

Desde luego hay personajes que se quedan muy marcados en mi mente donde puedo recordar desde su voz hasta qué ropa llevaban, pero también hay otros con los que a penas tengo flashbacks del sexo. Los encuentros donde tengo esos vagos recuerdos son los más difíciles de describir y los que me toman más tiempo de redactar. Recuerdo como si fuera ayer cuando estuve con #544. Me escribió a media noche un día entre semana para invitarme a su casa, por la forma como me habló pude notar lo veraneado y arrecho que estaba.

Nos habíamos conocido por internet hacía poco tiempo y además vivía cerca a mi casa. Por las fotos que me envió tenía un cuerpo delicioso: era moreno con pectorales marcados, brazos gruesos y pelo en el pecho; en resumen tenía mi tipo de torso favorito. Me encontraba en pijama acostado en mi cama y con sueño, pero a pesar que #544 estaba muy bueno, no estaba dispuesto a salir a esa hora, podíamos dejarlo para otro día.

“Ven ahora, me tienes muy excitado”, me escribió. Le expliqué no tenía ganas de salir pero continuó insistiéndome. “Mira lo que tengo para ti”. “Quiero tu culo”, sus mensajes me calentaron cada vez más hasta que me terminó convenciendo. Me alisté y me puse mi saco de Harvard, el que siempre me pongo cuando me escapo en la noche para tener sexo porque es bien caliente y abrigado para salir a la calle en la madrugada.

Me dio su whatsapp y me envió su ubicación. Al día de hoy debo haber entrado a todos los edificios vecinos, pero el edificio donde vivía #544 era uno de los pocos a los que no había entrado todavía. Seguí la ubicación que me envió y minutos después llegué a la portería. La celadora no sabía donde estaba parada y a pesar de la hora se demoró un buen tiempo en anunciarme.

Por fin me dejó entrar la celadora y me dio las indicaciones para llegar hasta el apartamento de #544. Me recibió en pantaloneta, chanclas y camiseta, era más alto de lo que me imaginaba, medía 1,90. Me sonrió y me guió hasta su cuarto en silencio para no despertar a su roommate. Cerró la puerta y empezamos a hablar, me di cuenta de su acento costeño y cuando le pregunté de dónde era me contó que es de Santa Marta.

Aparentaba 33 años y sufre de caída del pelo. Su nariz era grande con unas fosas nasales gruesas que encajan dentro de la normalidad. El poco pelo que tenía en la parte superior hacía que su frente se viera más grande y tenía un color de piel moreno oscuro. Su barba era corta, debía llevar al menos 4 días sin afeitarse. Me acosté en su cama con mis pies en el piso y él se sentó a mi lado.

Tener a #544 encima mío hablándome con los vellos de su pecho sobresaliendo de su camiseta con cuello en V me tenía muy distraído. Una de las cosas que más me excita y me da morbo de un hombre con pecho velludo es ver los vellos de su pecho que quedan al descubierto naturalmente cuando llevan puesta una camisa o camiseta. No podía esperar el momento en que se quitara la camiseta y poder ver todo su pecho de una vez por todas.

De repente empezó a cuestionar mi edad a tal punto que me preguntó si era menor de edad, estaba preocupado porque se estuviera metiendo con un menor de edad. Esto normalmente sucede con hombres que ya han pasado los 30 años, quienes me ven más jóven que los que están todavía en sus veinte y algo. “Muéstrame tu cédula”, me ordenó. Como se imaginarán, había salido prácticamente en pijama a media noche por lo que no vi la necesidad de llevar mi billetera. “No la tengo aquí”, le expliqué. Esto le causó más desconfianza y pensó que le estaba diciendo mentiras. Afortunadamente logré convencerlo y calmarlo después de seducirlo mientras me quitaba la ropa.

Me miró con un morbo increíble de: “te quiero comer todito”, su cara de satisfacción al verme desnudo sobre su cama me confirmó lo mucho que deseaba estar conmigo esa noche. Cuando terminé de desnudarme fue el turno para #544 de quitarse la ropa. Se levantó su camiseta blanca con cuello en V y finalmente pude ver ese pecho moreno, marcado y velludo. Tiró la camiseta al piso y continuó bajándose los boxer. Como buen costeño era bien dotado, su verga ya estaba semi-dura, medía 20cm, era bien gruesa y morena como me gustan. Me senté en la cama para mamárselo mientras él siguió estando parado al frente mío con su vergota en mi boca. Sentí nervios apenas estuvo completamente erecta porque era muy grande y gruesa, sabía que iba a doler cuando entrara por mi ano.

Mientras se lo chupaba pasé mis manos por su abdomen velludo y luego sus pectorales marcados. Era evidente que #544 no había tenido que ir mucho al gimnasio para lograr tener esa contextura, creo que eran sus genes los que le permitieron obtener ese cuerpo definido y acuerpado naturalmente. Dejé de mamárselo y me acosté en su cama para continuar nuestra velada, él se acostó encima mío y abrí mis piernas para dejarlo rozar su verga con mi culo. Lo abracé con mis brazos y puse mis piernas alrededor de su cintura con mis pies sobre sobre sus nalgas.

Nos empezamos a besar, sus labios eran carnudos y le gustaba meter su lengua hasta la cavidad más profunda de mi boca. Hacía mucho tiempo nadie me besaba tan rico, y acompañado de ese cuerpazo me puse bien erecto. Sentí su glande rozar mi ano cada vez con mayor intensidad hasta que metió la puntica, siguió empujando hacia adentro y me miró a los ojos fijamente  buscando aprobación, luego sentí la presión de la cabeza toda adentro de mí.

“Ponte el condón”, le pedí. Estoy seguro que si no se lo hubiera pedido me habría cogido a pelo y preñado. Con una cara de decepción que no supo esconder se levantó de la cama y se puso el condón como niño regañado. Aproveché para acostarme a lo largo de la cama para que pudiera extenderse sin que sus pies quedaran al aire o sobre el piso como los tenía cuando nos estábamos besando. Abrí mis piernas por completo como diciendo: mete tu verga rápido que no aguanto a que me lo metas bien profundo! Mi miedo respecto al tamaño de su verga desapareció, si su cabeza entró así de fácil, su verga completa también lo haría.

Su pene entró rápido y prácticamente sin dolor, el foreplay, el morbo de los besos y su rico pecho dilataron mi ano de la forma más ideal que alguien puede dilatarme: de forma natural sin necesidad de lubricante, ni beso de negro, ni dedo: simplemente con la excitación del momento previo a la penetración. Su ritmo era constante, no muy rápido, algo lento pero muy intenso. La culiada que me dio al mismo tiempo que me besaba me hubiera hecho venir si me hubiera estado masturbado, pero no quería venirme antes que #544 lo hiciera.

Los dos llegamos a un punto de excitación máximo donde nos quedó imposible contenernos. Paró de moverse y susurró: “Me quiero venir”. Su palabras me prendieron, saber que estaba a punto de correrse dentro de mi culo me dio ganas de tocarme y empecé a masturbarme. La velocidad de sus empujones aumentó exponencialmente, me cogió como no me había follado antes. Su ojos se cerraron con fuerza y dio unos empujones más despacio, se estaba corriendo. Eso me llevó al borde, segundos después que terminó me vine con su verga todavía dentro de mi ano.

Sacó su pene y el condón, me encantó ver la leche adentro del condón. Lo botó en una caneca en su cuarto y nos vestimos. Me preguntó si quería volver a su casa algún día y le dije que sí, me acompañó hasta la puerta, pero no hemos vuelto a hablar desde entonces.


Puntuación: 10 de 10

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